OBSESIVO
Mi mirada se nubló por lágrimas de desesperación y miedo.
No quería ser mamá. Yo no tenía las cualidades para serlo. Nunca había conocido a mi madre, ¿entonces cómo yo podría convertirme y ser una?
—¿Puedes... darme otra prueba? —le pedí con la voz medio rota.
Hubo un breve silencio suyo, luego la oí alejarse y volver. Arrojé esa prueba a la basura y rápidamente hice la segunda. El proceso fue el mismo, espera, tortura, esperanza... Y fracaso.