La Obsesión Del Millonario
Aquello era lo que más le dolía de todo eso, que ilusamente se había enamorado.
—No, Helena, no puedes amarlo—Eloísa se negaba a esa posibilidad. Una persona tan cruel no merecía el amor de su hermana—. Ese hombre no te merece, debemos buscar la forma de salir de aquí, regresaremos a Suiza y todo esto solamente será un mal recuerdo, ¿de acuerdo?
—No puedo, Isa.
—Si puedes.
—No lo entiendes, si falto al contrato, me enviará a la cárcel.