CONTRATO CON LA ESPOSA FALLECIDA
Una lágrima salió de los ojos de Manuel mientras miraba a Salomé.
—No entiendo, Manuel, ¿qué es lo que intentas decir?
—Que antes de ustedes dos, antes de conocer a Max y a su madre, yo vivía muy feliz con una mujer que lo era todo para mí, su nombre fue Rosita, mi Rosita, ella… a ella me la mató un desgraciado al que no he podido encontrar y quizá, ni he querido encontrar. La ultrajo, la golpeó hasta matarla y yo, yo no pude hacer nada a pesar de que la escuché gritar incontables veces mi nombre, yo solo me quedé afuera, sin poder abrir la puerta, sin poder mandar a llamar a alguien que me pudiera ayudar. Salomé, a mí me duele, me lastima día a día saber que sigo siendo un cobarde que no ha