Jugando con el amor
-Sí, hoy hace frío, mañana tomará un café caliente, me compraré un maletín nuevo, sí, papito-, no sabía ni lo que hablaba yo.
Tuve una extraña pesadilla que me aterró. Soñé que estaba prisionera en un barco pirata, luego que los corsarios asaltaran la embarcación donde iba yo. La incendiaron y la mandaron a pique. Yo estaba con uno de esos vestidos amplios, elegantes de las mujeres del siglo XVII, con esos peinados extraños, con peinetas y collares, y los bucaneros gritaban para que me arrojen donde los tiburones. Veía sus rostros enardecidos, varios de ellos tuertos y sin muelas, con barbas crecidas, los pechos descubiertos y blandiendo sus largas espadas y machetes.