MARÍA
Más que no estar siendo justa, estaba siendo cruel.
No sabía qué debía hacer y, siendo un poco sincera, no tenía el valor de hacer mucho, en realidad.
—¿Cómo van las cosas?, ¿todo listo para nuestra magnifica boda, Mere? —preguntó Santiago abrazándome por la espalda.
—No soy Mere —reclamé apartando sus manos con algo de brusquedad—. Soy María, lo he repetido mil veces. Y no me abraces por la espalda, lo odio, eso también lo he dicho mil veces.