La Heredera Traicionada
Recordó cuando se conocieron.
Ella era solo una pequeña asistente, ropa sencilla, cara sin maquillaje, pura como una flor de azucena.
No le gustaban las cosas de lujo, no era vanidosa, él se sintió profundamente atraído por esa pureza.
Pensó que ella era el amor verdadero de su vida.
Milena Cruz escupió: —¿Quién no ama el dinero? Si no tuvieras dinero, ¿crees que te habría seducido?