Dulce Venganza
Ahora ya no había razón para seguir adelante, se aferró fuertemente a la silla de ruedas, y bajo su mirada, mientras el chofer lo miraba con bastante curiosidad, nunca había visto al hombre fuerte, frío calculador, totalmente derrotado.
—Sácame de aquí, ya no tengo nada más que hacer —vociferó Leo, así que el chófer empezó a empujar la silla de ruedas, mientras Leo llevaba sus manos a la cara, y limpiaba una lágrima que había salido sin su permiso.
Le dolía hasta el alma, pero ya no volvería a sentir nada por ninguna mujer, ya no volvería a entregar su corazón, de ahora en adelante volvería hacer el hombre que nunca dejó de ser, un hombre frío y despiadado.