Sin Salvación
En la calle, los transeúntes a su alrededor lanzaban miradas curiosas.
Elena, sin embargo, no parecía darse cuenta en absoluto, hundida en un llanto desgarrador.
En ese momento, olvidó que alguna vez fue la inalcanzable y fría presidenta del Grupo Vega. Solo recordaba que había perdido al esposo que amaba.
—No, Marcos, mi amor... No me rendiré.
—Tiene... tiene que haber una oportunidad.
No supo cuánto tiempo lloró, hasta que las lágrimas se secaron. Finalmente, con esfuerzo, se levantó del suelo.