Aullidos De Plata
Estuve embarazada del cachorro de mi compañero destinado. Del cachorro del Alfa Seth. Pero durante doce años, se negó a reconocer lo nuestro.
Era su secreto. Su sanadora. Nada más.
Ni siquiera permitió que nuestro cachorro, Leo, le dijera papá.
Todo porque odiaba que el destino eligiera a una pareja “impura” como yo. Aseguraba que lo había drogado, que lo había atrapado usando a un niño.
Faltó a la ceremonia del Primer Aullido de nuestro cachorro por irse con otra hembra. Una Beta poderosa llamada Sarah.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Lo rechacé. Me llevé a mi cachorro y escapé.
Dicen que el orgulloso Alfa se volvió loco. Que el dolor del rechazo lo destrozó y que comenzó a buscarnos por todos lados desesperado.
Pero ya no hay marcha atrás.
No existe el perdón.