Mi segunda oportunidad con el Millonario Italiano.
Ahora, márchate – dijo casi en un ladrido.
Casi pudo ver la ira que lo sacudía bajo su impenetrable armadura. De haber existido un ángel caído, habría tenido el aspecto que él presentaba en aquel momento: hermoso, siniestro y sublime, pero al mismo tiempo; tan turbador que resultaba igualmente imposible mirarlo como apartar la mirada de él. El Magnate ladeó la cabeza y chasqueó la lengua con sorna antes de decir:
— ¿Crees que después de cuatro años de separación puedes hablar así a tu adorado esposo, querida?