La Protegida del CEO: Emir Rockefeller
—Ya sabes, no permitiré que te cases con una prostituta cabaretera —espetó mi hermana, con veneno en la voz— Ella no vendrá a adueñarse de lo que a nuestra madre le costó.
Apreté los puños, los músculos tensos y la respiración agitada, al borde de tirar todo en mi despacho. ¿Cómo se atreve a difamar a Eiza de esa manera? Mi mente se llenaba de recuerdos difusos de mi madre, su voz suave, pero firme, resurgiendo de lo profundo.
“El día que te enamores profundamente, no permitas que nadie se interponga en tu decisión, ni siquiera tu padre.”