Elegiste a otro y me perdiste
Desde la época escolar hasta el matrimonio, Santiago Zelaya siempre creyó tener un matrimonio perfecto.
Su esposa, Renata Mireles, era deslumbrantemente hermosa; su hija, obediente y adorable.
Sentía que había tenido muchísima suerte al alcanzar esa felicidad.
Pero todo empezó a cambiar con la aparición del hermano de corazón de Renata.
Ese supuesto hermano comenzó a aparecer con frecuencia en la vida de Renata y Santiago.
Por el bien de su hija, Santiago aguantó una y otra vez.
Sin embargo, tras un accidente automovilístico que lo dejó al borde de la muerte en el hospital, Renata estuvo acompañando a ese supuesto hermano.
Fue entonces cuando él terminó por perder toda esperanza.
Después del divorcio, ¿cómo pudo Renata arrepentirse?
Pisoteando a ese supuesto hermano, que yacía moribundo, lloraba mientras suplicaba el perdón de Santiago, con la voz quebrada:
—Amor, de verdad sé que me equivoqué. Volvamos a casarnos. ¡Haré que se arrodille para pedirte perdón!
Santiago:
—¡Fuera!
Renata:
—Está bien, ¡haré que se largue de inmediato!
Santiago:
—Tú también lárgate.