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El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

Tenía nueve meses de embarazo cuando el Consejo de Lobos envió un reporte de recursos a las habitaciones de la Luna. En él aparecían los gastos mensuales de mi compañero. Durante dos años seguidos, mi compañero del destino, el Alfa de la manada, le había estado entregando en secreto a una loba acceso al territorio, protección y suministros. Sin falta, cada mes. El primer registro era de hace dos años, el mismo mes en que perdí a mi primer cachorro. De pronto apareció una notificación: una solicitud de contacto. El nombre decía: “La compañera del Alfa”. Me sentía extrañamente tranquila; puse una mano sobre mi vientre abultado y acepté. Me escribió. “Ya viste el reporte, ¿no?” No le respondí; en su lugar, abrí su perfil. La publicación más vieja era del 21 de abril de hace dos años. Una loba aparecía apoyada en el pecho de un Alfa. Le habían recortado la cara en la foto, pero la marca en su hombro era clara. La reconocí: era la marca de Alfa de mi compañero. El texto decía: “Gracias por elegirme en mi noche de mayoría de edad”. El 21 de abril. Esa fue la noche en que me quedé desangrándome en la sala de curación, perdiendo a mi bebé. Él me había dicho que estaba fuera por asuntos de la manada. Seguí revisando sus fotos. Entrenaba libremente en áreas exclusivas para Alfas. Usaba recursos reservados para su Luna. La cuidaban como si ya fuera la pareja que debía estar a su lado. Cada publicación transmitía el mismo mensaje: él la eligió a ella. Fijado hasta arriba había un reporte médico: estaba embarazada del cachorro del Alfa. Dejé el celular y regresé a nuestra recámara. Entonces me llegaron más cosas: fotos y videos. Me los mandó a propósito, para presumir que el amor del que yo antes estaba tan orgullosa ya no era para mí. Me senté despacio mientras sentía a mi cachorro moviéndose dentro de mí y dolor me recorría. Solo entonces lo entendí: me había traicionado por completo. No quiero un amor así. No me quedaré en esta manada. Cuando nazca mi cachorro, me iré y me llevaré a su heredero conmigo. Que el Alfa busque en cada territorio, y aunque recorra cada frontera y destruya la manada por arrepentimiento, nunca nos va a encontrar.
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Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

—Señor instructor, ¿qué es eso duro que siento ahí abajo? En la escuela de manejo, dentro del Instituto de Artes de San Pedro, estaba dándole clases a una alumna de primer año bastante atractiva. Nunca me imaginé que esa chica, que a primera vista parecía ingenua, vendría vestida de manera tan provocativa e insistiría en sentarse sobre mis piernas para que le enseñara a manejar “mano a mano”. Durante todo el trayecto, tuve que resistir mis impulsos y concentrarme en enseñarle bien, ignorando a propósito cómo se frotaba contra mí, a veces sin querer y otras no tanto. Pero quién iba a decir que soltaría el embrague demasiado rápido. El motor se apagó y dio una sacudida. Ella cayó de sentón entre mis piernas. El impacto se sintió en su zona más íntima. Y lo único que traía puesto era una faldita corta y ropa interior de tela muy delgada.
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Accidente y Boda Exprés con el CEO

Accidente y Boda Exprés con el CEO

De camino a ver a mi novio, que seguía haciendo horas extras, sufrí un fuerte accidente de tránsito. Lo llamé decenas de veces, pidiéndole ayuda, pero no respondió ni una sola vez. A lo lejos, el edificio de su empresa seguía iluminado, con las luces encendidas, como si nada hubiera pasado, y la desesperación terminó por devorarme. Cuando desperté en el hospital, vi una publicación de una subordinada suya: “¿Qué hacer cuando tu jefe te regaña en plena madrugada?” La imagen mostraba el reflejo de ambos en el vidrio de una puerta. La cercanía entre ellos era tan evidente que claramente había cruzado los límites de una relación laboral normal. Sin darme por vencida, volví a llamar a Alfonso González. Esta vez, por fin contestó. Con la voz quebrada, apenas logré decir: —Alfonso, tuve un accidente de auto. —Paula, ando ocupado —respondió con frialdad—. Haré que mi asistente se encargue, ¿de acuerdo? Sé buena, ¿sí? Cuando termine este viaje de trabajo, regresaré para acompañarte. Intenté seguir hablando, pero su grito interrumpió todo: —¡Bárbara! ¿Te vas con una sola maleta? ¿Y entonces por qué traes tres? ¿Piensas irte de vacaciones o qué? Bárbara Garza era la nueva pasante que Alfonso acababa de contratar. Miré el teléfono. La llamada ya se había cortado, y las lágrimas ya estaban secas en el rostro. Luego marqué otro número: —Acepto el matrimonio arreglado.
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¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!

¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!

El día del divorcio, solo me llevé la ropa de la boda. La casa, el auto, el dinero, las hijas... todo se lo dejé a mi esposo, Daniel Vegas. Él me miró con sorpresa y esbozó una sonrisa burlona: —¿Estás segura? Criaste a las tres niñas con tus propias manos, ¿tampoco las quieres? —Si de verdad no quieres nada, tampoco te pediré la pensión alimenticia. Así será justo. Firmé rápido los documentos del divorcio y dije con tono sereno: —Sí, muy justo. Daniel dudó un momento antes de estampar lentamente su firma. —Si te arrepientes, puedes... Interrumpí su frase con un gesto de la mano y me fui sin volver la mirada. Daniel siempre decía que me casé con él por dinero e influencia, e incluso intentó atarlo a través de los hijos. Pero ya no importaba. Cuando al fin viera mi cadáver, lo entendería.
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El Precio De Salvar A Mis Verdugos

El Precio De Salvar A Mis Verdugos

Para salvar a los tres lobos más importantes de mi vida, mi hermano, mi prometido y mi mejor amigo, hice un trato con la Diosa de la Luna. Cambié mi vida por la de ellos. Si lograba que cualquiera de ellos me quisiera realmente en un plazo de cinco años, podría seguir viviendo. Pero en el último día de la cuenta regresiva, los tres seguían sintiendo rechazo hacia mí. Según las reglas, había fracasado. Mi vida estaba a punto de ser borrada. —¿Podría enviar un último mensaje? ¿Un intento final? Quizá por lástima, la Diosa me concedió esta última oportunidad. Ese mensaje era mi última carta. Presioné el botón de audio en nuestro chat grupal, luchando para mantener la voz firme. —¿Podrían quererme aunque sea un poco? En serio, me voy a morir. Después de un momento de silencio, se escucharon sus risas crueles. “Harías lo que fuera para competir con Lidia por atención, ¿verdad?” “Déjate de mentiras. Esto solo hace que te odiemos más.” “Si estás tan desesperada por morirte, pues hazlo de una vez.” Misión fallida. Les di exactamente lo que querían. Pero cuando estuve a punto de morir, todos entraron en pánico.
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Promesa rota: el amor que nunca llegó

Promesa rota: el amor que nunca llegó

Cuando mis papás me llamaron para decirme que fuéramos a la casa de mi amigo de la infancia para conocer a la chica de su cita arreglada, él todavía seguía durmiendo profundamente a mi lado. Pensé que era una broma y susurré: —Marcelo, dicen que te han arreglado una cita. Soltó un «Ajá...» soñoliento y me atrajo hacia sus brazos: —Mi Luci, échame una mano después a elegir ropa y con el pelo, ¿va? Al notar que me quedaba tiesa, Marcelo abrió los ojos y soltó una risa burlona: —Oye, ¿qué te pasa? No somos nada más que sexo con complicidad, ¿no me digas que creíste que me iba a casar contigo?
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La streamer, el empresario y la esposa

La streamer, el empresario y la esposa

Después de cuatro años de matrimonio, Alejandro Giraldo, quien nunca publicaba en redes sociales, sorprendentemente subió un post: «¡Vaya, gatita golosa y antojadiza!» La foto mostraba a una chica con una diadema rosa de orejas de gato, comiendo barbacoa y sacando la lengua con las mejillas rojas por el picante. Era Mariana Ospina, la nueva presentadora de su empresa. En menos de un minuto, un amigo en común comentó: «¡Te olvidaste de cambiar de cuenta!» Así que la nueva publicación de Alejandro desapareció sumamente rápido, pero pronto reapareció en las redes sociales de Mariana. Poco después, entró la llamada de Alejandro. Antes, yo habría guardado capturas de pantalla y lo habría llamado primero para reclamarle; definitivamente no habríamos terminado sin una pelea. Pero, esta vez, muy consideradamente, esperé hasta que la llamada se cortara sin contestar.
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The Boy In His Bed Is A Girl

The Boy In His Bed Is A Girl

Nova Creed is running for her life from a marriage alliance to an Alpha twice her age, one with more enemies than morals. And when her twin brother Leo is deemed missing under suspicious circumstances, Nova does the unthinkable. She cuts her hair, steals his identity, and enrolls in the brutal academy where he was last seen. She claims she can feel the fact that her brother is dead. Everyone at home believes she’s making things up. Nova knows better. She’s here for answers. Revenge. Closure. But what she didn’t plan for was him. Rhydar Kane. Leo’s former best friend. His coldest rival. His possible killer. And now… her roommate. Rhydar’s wolf is restless and aggressive, drawn to “Leo” in ways that make no sense. But then, the bond kicks in and the truth starts coming to light. Nova Creed shouldn’t be here. Not at the Alpha Academy. Not in Dorm 314. And definitely not in Rhydar Kane’s bed.
Werewolf
105.3K DibacaTamat
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My Husband Is A Billionaire Son-In-Law

My Husband Is A Billionaire Son-In-Law

Mr. Rajendra Singh Chauhan got his darling granddaughter and the only heir of the Chouhan family, Krishika Chauhan, married to a lowly worker of his office knowing that Krishika will never be able to adjust in a middle class family. After all, what became such a compulsion due to which Rajendra Singh Chauhan had to get his granddaughter married to a lowly worker in his office.
Urban
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He Is Just An Actor In This Show

He Is Just An Actor In This Show

The sole heiress of a wealthy family, Amanita Wallace, had seven prospective husbands, taken in from childhood to potentially wed her one day. All of them fulfilled her every wish, except Marcus Channing, who was cold and mean to her. Due to this, Amanita fell for him and even became his lapdog. Then, one day, she saw him pin his supposed sister against the wall and confess his feelings to her.
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