Secretos bajo la corona del Don
Reprimiendo la oleada de asco que me subía por la garganta, forcé una sonrisa y asentí.
—Ve. Ten cuidado.
—Te lo compensaré cuando vuelva —me aseguró él, antes de besarme la frente y salir de la habitación dando zancadas.
En cuanto sus pasos desaparecieron por el pasillo, llamé de inmediato al gerente del hotel.
—Luca, revisa las grabaciones de seguridad frente a la Suite Presidencial 520 y envíamelas.
Aquel hotel junto al mar era una de las propiedades privadas de la familia Palma, oculto de la mirada pública.