El amor que quedó atrás
Corrió hacia mí, con los ojos enrojecidos.
—No. Amor, no vamos a separarnos. Sé que ya no puedes tener hijos, pero no importa. Jamás te dejaría por eso. Soy médico, créeme, puedo curarte.
—Sí, tú eres médico, así que deberías saber que mi herida no tendría que haber terminado así —dije y le sostuve la mirada.
Su cara perdió el color al instante.
Cuando parecía buscar una excusa, Celia irrumpió en la habitación. Con tono caprichoso soltó: