Te recuperaré Esposa mía
La sonrisa triunfante en su rostro era la de una jugadora que acaba de mover su pieza reina.
—Disfruta tu estancia en el hospital, Isabella —susurró a la nada—. Porque cuando salgas, no solo habrás perdido tu salud. Habrás perdido a tu esposo, tu dignidad y tu lugar en este mundo.
Gimena se acarició el vientre, aunque no hubiera nada allí todavía. En su mente, el futuro ya estaba escrito: ella sería la verdadera señora Salazar, ella le daría el heredero que todos esperaban, y Dereck, por fin, sería suyo por obligación y por deseo. Todo era perfecto.