Diez años de amor ciego, mejor un despertar
Si no, ¿por qué Fer —que había dicho que se casaría con ella— había cambiado de repente?
Entre las hojas habían quedado huellas de lágrimas ya secas, arrugas endurecidas que ahora se le incrustaban a Fernando en el corazón. Nunca supo que ella había sufrido así. Eso que él llamó “insistencia pegajosa” no había sido más que los últimos esfuerzos de una chica que, después de tantas noches lloradas, todavía no podía soltarlo. Y todo aquello que él interpretó como abuso, prepotencia o intrigas… Luisa no lo había hecho. Desde el principio hasta el fin, tragó sola su tristeza y le mostró su mejor cara, buscando al Fernando que alguna vez fue solo suyo.
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