로그인—Florencia está en el primer trimestre, que es cuando más cuidados necesita. ¿Cómo puedes abandonarla así, encima con tus propias heridas, para irte quién sabe dónde?Apenas contestó, Alejandro oyó la voz de Victoria, con un tono entre el reproche y la felicidad.En el historial del celular de Sofía también había visto los mensajes entre su madre y ella, y había notado cómo Victoria la había culpado. Durante años no le había parecido nada del otro mundo. Al fin y al cabo, era solo una suegra exigiéndole a su nuera. Pero ahora, sin saber bien por qué, algo dentro de él se revolvió.—Sofía tuvo un accidente —dijo.Al fin y al cabo, era su madre. Alejandro hizo todo lo posible por mantenerse tranquilo.Victoria se había enterado hacía un rato. Le dio pena, pero solo hasta cierto punto, porque la alegría del embarazo de Florencia enseguida superó todo lo demás.—Ya me enteré —dijo—. Pero esto no es culpa tuya. Hiciste todo lo que estaba en tus manos. Si hay que culpar a algo, que sea a su
Esa foto era un montaje que había mandado a hacer, pero en cinco años Sofía nunca la había cambiado.A veces la veía quedarse mirando la pantalla de bloqueo sin decir nada.Alejandro deslizó el dedo para desbloquear el celular, y apenas entró, una notificación de una red social le saltó en pantalla.“Alejandro está a punto de comprometerse y tú todavía tienes ganas de salir a citas”.La cuenta que había mandado el mensaje le resultaba familiar. Parecía ser algún conocido suyo.Alejandro no entendía nada. Sin pensarlo, entró a ver.Fue entonces cuando vio que Sofía había publicado unos días antes una foto con el look que había llevado a la cita. Era algo completamente simple y cotidiano, pero la sección de comentarios tenía cientos de respuestas.“Es claro que subiste este post para que lo vea Alejandro. Deja de luchar, ya no tienes ninguna oportunidad”.“El vestido es bonito, pero siendo honesta, en ti es un desperdicio”.“Mejor ven conmigo, te prometo que la vas a pasar bien”.No solo
La seguridad de Alejandro se desmoronó en un instante.—Fue solo un accidente...Gabriel soltó una carcajada seca antes de que terminara.—¿Y cómo sé que entre tu gente no hay un segundo accidente esperando?Alejandro puso mala cara.—¿Qué quieres decir con eso?Lo decía como si a su alrededor fuera una guarida de fieras. La mirada desconfiada de Gabriel lo hacía sentir incómodo.Un momento después, cayó en cuenta y lo miró atónito.—¿Me estás diciendo que sospechas que yo quiero hacerle daño a Sofía?—¿Acaso no es así? —respondió Gabriel con una pregunta. La mirada dura clavada en Alejandro—. Con la muerte de Sofía y Andrés, ya sea por motivos sentimentales o económicos, el que más gana eres tú.Sofía era la ex de Alejandro, y además su proyecto más importante competía directamente contra él. Andrés era un Lima, el mayor enemigo de Alejandro.Sin entrar en motivaciones ni detalles, desde cualquier ángulo que se mirara, su muerte le convenía más a Alejandro que a nadie.—¡Estás diciend
La verdad era que ya no recordaba cómo se sentían los abdominales de Alejandro.Llevaban demasiado tiempo divorciados, y la última vez que habían tenido algún contacto íntimo era cosa de meses atrás. Además, casi siempre había sido Alejandro desahogándose a su manera. Si ella podía tocarlo o no dependía enteramente del humor de él: cuando estaba de buenas lo toleraba, y cuando no, le ataba las manos directamente y la dejaba a un lado.Ni siquiera sabía con certeza si Alejandro tenía abdominales.Aunque viendo su físico, probablemente sí.Al escuchar su respuesta, Andrés curvó los labios con evidente satisfacción.—Buen gusto.Dicho eso, pareció ocurrírsele algo más. Se sentó a su lado y le dijo en voz bajita con cara de pícaro:—Ya que estamos en el tema, ¿tú crees que...?No terminó la frase, pero Sofía, al ver esa expresión traviesa, ya se imaginó perfectamente a dónde iba. Le tapó la boca de inmediato.A la luz del fuego, su cara se puso completamente roja.No quedaba claro si era e
El miedo envolvió su corazón. Sofía salió rápido de la cueva.Al levantar la cabeza, vio a Andrés parado en un árbol no muy lejos de ahí, arrancando fruta de las ramas.Para poder cargar lo que ya había recogido, Andrés se había quitado la camisa y la usaba de bolsa. Su torso estaba descubierto.Tenía varios rasguños por la caída, pero no le restaban nada. Sofía se quedó mirando los músculos de su torso, la cintura estrecha y el abdomen definido donde se marcaban los six-pack.Se le empezaron a poner rojas las mejillas.Tampoco era que no lo hubiera visto antes.Pero en aquellas ocasiones el contexto había sido tan intenso que nunca había tenido tiempo de fijarse en el cuerpo de Andrés.Además, con esa cara tan bonita y tan llamativa que tenía, era fácil que uno se olvidara de todo lo demás.Justo cuando estaba con la mente en otra parte, Andrés la vio.Le sonrió suavemente, acomodó los frutos dentro de la camisa, flexionó las rodillas despacio, se aferró a una rama y de un salto aterr
Andrés se quitó la chaqueta, la retorció para escurrirle el agua y se la puso a Sofía por los hombros.—Por ahora arréglate con esto. Antes de que oscurezca hay que encontrar un lugar seguro, prender fuego y secar la ropa.El lugar donde estaban era un bosque muy grande. La visibilidad era mala, y aunque por el momento todo parecía tranquilo, nadie podía saber qué peligros podía haber escondidos bajo esa calma.Andrés y Sofía no se separaron. Siguieron juntos todo el tiempo.En menos de media hora, Andrés encontró una cueva que parecía bastante segura. Sofía, siguiendo sus indicaciones, juntó pasto seco, ramas y algunos trozos de corteza reseca.—¿Tienes encendedor? —preguntó Sofía.En todo ese tiempo no había visto a Andrés fumar, y nunca le había olido a cigarrillo.Él negó con la cabeza.—¿Y entonces cómo prendemos fuego? —preguntó Sofía, confundida.Andrés sonrió.Extendió una capa de pasto seco en el suelo más abrigado de la cueva, suficiente para sentarse y acostarse, y luego se







