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Cambios

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-03-22 23:49:49

Derek Mayer

—¿Señor Derek puedo entrar?— la voz de mi asistente me saca de mi concentración, pero me alegra mucho el que esté de vuelta. Levantó la vista y la veo llegar en ropa informal usando unos jeans y una remera Jlo. Camina muy despacio como si cargara algún tipo de resentimiento oculto  por lo qué pasó con la loca desquiciada de Rocci. Lo cierto es que yo también estoy igual, ese  día esa mujer súpero todo límite de lo posible.

—Adelante Amaya— la invitó a pasar poniéndome de pie y esbozando una sonrisa forzada. Le debo una disculpa a esta chica del tamaño del sol, y se la pretendo dar todas las veces que sea necesario.

En su rostro ya cicatrizado, las marcas de las uñas de Rocci resaltan en un color violáceo. Siento vergüenza al ver las huellas de lo que ocurrió.— ¿Cómo  has estado?Por favor,  toma asiento— la animo.

—No, no es necesario que me siente señor Meyer— hace una pausa y se acerca otro poco al escritorio—Solo vengo a traer esto—ni siquiera note hasta entonces el folder amarillo  que traía en las manos y colocó sobre mi escritorio. —Es mi carta de renuncia.

—¿Renuncia? ¿Estás segura de esto Amaya?— preguntó tristemente sorprendido. Ni siquiera se me ocurrió pensar que ella querría renunciar, pero en muchas ocasiones unas disculpas no resuelven el problema. La visité en su casa al día siguiente del incidente, y fue muy cortez, pero en ningún momento mencionó que no regresaría a la oficina.

—Así es Señor Derek. Estoy muy segura. Agradezco las oportunidades que me dio para crecer profesionalmente. Ha sido usted un ángel en mi carrera. Gracias a este trabajo y a usted he mejorado la calidad de vida de mi familia, incluso contamos con  una casa propia.

—Pero...— la interrumpo —No perdonarás la violencia injustificada de la señorita Rocci Drake contra ti.   ¿Es eso?

—Asi es señor Derek. Vi la noticia en los medios, ustedes han retomado sus planes de matrimonio, y me parece lo más lógico después de lo que grito la señorita Rocci aquel día, e refiero a lo de su embarazo, porque ese día gritó de todo.

—Esa noticia de los planes de matrimonio es falsa, a fin de cuentas, un embarazo no significa una declaración jurada de amor Amaya— explico apoyando ambas manos en el escritorio.

—Igual me iré Señor Mayer. No deseo tener otro encuentro con la futura madre de su hijo señor. Perdóneme por esto, pero creo que la señorita Rocci siempre me ha considerado inferior, y eso ciertamente nunca me había ofendido hasta ahora. Pero me golpeó con furia. No quiero estar aquí esperando a que un día llegue y me vuelva ofender o gritar, menos en su estado. Porque le aseguro que esta vez si le responderé el golpe, y no quiero eso.

— Entiendo— expreso queriendo que la tierra me trague por la vergüenza que siento. —¿No hay forma de que pueda convencerte?

—Por favor acepte mi renuncia— ella insiste poniéndome ahora mismo en un dilema mayor. No estoy en condiciones de entrenar a una asistente, mucho menos en este momento tan crucial para la empresa. Ha sido un año muy difícil.

—Al menos quédate esta semana hasta que pueda encontrarte un remplazo digno, y que la puedas entrenar al menos con los conocimientos más básicos— le pido. Odio sentirme desesperado, todo esto en culpa de aquel profiláctico roto.

—Me quédare solo una semana, he encontrado una vacante en Atlanta y he decidido tomarla. No se preocupe, no le pedire  una carta de recomendación.

—Eso no tienes ni que pedirlo Amaya. Con gusto escribiré de mi puño y letra una carta de recomendación para ti. A Pesar de estar en contra de tu renuncia no puedo dejar de reconocer que eres una de mis mejores empleadas, y será difícil remplazarte.

Nos despedimos y Amaya se marcha, al menos logre arrancarle de los labios el compromiso de que me ayudara con la nueva contrata.  Quedó aún más frustrado de lo que me encontraba. Voy a necesitar a un psicólogo de seguir esto así, eso o...

Aparto la idea de la cabeza, he luchado por no volver a pensar en ella, o en su cuerpo. Aunque soy consciente que es la única capaz de deshacerse del peso emocional  que amenaza por aplastarme.

Pienso en lo que se ha convertido mi vida en los últimos días. Esta tarde tengo un compromiso al cual Rocci me invitó. Más que un compromiso, debería decir que es una encerrona.

En esta semana que ha pasado, desde el día que irrumpió en mi oficina, hemos salido a almorzar dos veces. Dos ocasiones en las que se las ha ingeniado para no mostrarme los benditos exámenes como prueba faciente de que su gestación no es otra de sus dramáticas representaciones teatrales.

Presionó un botón  del intercomunicador para ocuparme de lo más urgente para hoy, conseguir un remplazo para Amaya. Solicito a la secretaria suplente que está en el puesto de Amaya, que me comunique de inmediato con el gerente de Capital Humano.

Necesito encontrar de inmediato una asistente competente, que tenga buen manejo de sistemas de cómputo y de finanzas, además de ideas básicas sobre administración de empresa y marketing corporativo. Ya no abundan personas así en Manhattan, las personas que están bien preparadas ya fueron captadas por las grandes compañías cómo está , y la mayor parte de las nuevas contrataciones no son más que espías de la competencia o completos inútiles.

Le comentó al gerente de Recursos Humanos, y propone la comenzar con la s entrevistas en una semana. Hoy se lanzará  la convocatoria del puesto disponible  y se será bibe claro en los requisitos exigidos. Cielito la comunicación y cierro el computador para irme a recoger a Rocci. 

Miro la ciudad, me siento extraño, fuera de centro. Odio estos cambios, a esta magnitud. Han sido meses de eventos inesperados, a los que he tenido que dar soluciones urgentes y a casi ninguna le auguro un buen resultado.

Esta tarde pienso tener una conversación bastante fuerte con Rocci, si no tiene las pruebas de su embarazo, yo mismo la arrastraré hasta la consulta de un Obstetra, pero la incertidumbre de no estar seguro sumado a los deseos por Julie, terminarán por matarme.

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