LOGINAgnes:
Aquella escena había terminado por abrirme los ojos de la manera más dolorosa posible, en este punto, de la manera más ingenua, por no decir estúpida; no creí que mi corazón se pudiera romper todavía más, pero estaba equivocada, mi corazón se había fragmentado en pequeñas y diminutas partículas, respirar era casi doloroso, las ganas de vomitar eran tantas que una vez estuve a salvo en mi habitación, corrí al baño y sin más descargue lo poco, por no decir nada; que tenía en el estómago.
Lloraba mientras un líquido blanco salía de mi boca, me dolía la garganta y poco a poco me quedaba sin fuerzas.
Cuando no hubo nada que devolver, baje la palanca y me quede apoyada en el baño con la tapa abajo, la escena del despacho no dejaba de reproducirse en mi cabeza, logrando que mi maltrecho corazón se rompiera todavía más.
En medio de mi pecho sentía una herida hecha de tajo, al rojo vivo, cruda y lacerante, sabía que parecía irreal pero para mí, para mí era muy real, el dolor que sentía en el pecho era demasiado real, quemaba y suturaba logrando quitarme hasta la respiración, quería que mi mente se pusiera en blanco pero se negaba a cooperar, incluso rogaba por desmayarme, pero nada de eso pasaba, nada era una pesadilla de la que despertaría, este baldazo de realidad había sido crudo.
Esto era real, esta pesadilla era mi realidad ahora, él no me amaba y nunca lo había hecho, me había usado como lo había hecho todo el mundo a lo largo de mi vida, no había intenciones ocultas, sólo un plan que había salido a la perfección, un ruin villano y una estúpida damisela.
Las lágrimas caían sin parar, sentía mi cuerpo frío, aunque bien podría decir que estaba entumecido, supongo que fue el cansancio el que termino por sumirme en la inconsciencia, una que desapareció a las 7, la hora en que Cleo vino a buscarme cuando no me encontró en las habitaciones de arriba.
En realidad, no había sido su voz, si no el grito que pego cuando me vio casi tirada en el baño, mi situación debió ser tan lamentable para que ella gritara aterrada.
- Basta Cleo –mi voz había salido rasposa, y no era para menos, había vaciado mis jugos gástricos anoche.
- Agnes, por Dios santo, ¿qué te pasó? –pregunta angustiada mientras me ayuda a ponerme de pie, algo que agradecía, no creía ser capaz de hacerlo por mi cuenta.
- Me pasó por encima la realidad, eso me pasó –digo bajo, mi labio inferior temblaba.
- Debes bañarte y vestirte, Sebastien se enojará muchísimo –la preocupación por cualquier regaño o castigo era conmovedora.
- No importa –me encojo de hombros, me sentía tan vacía en este momento, que poco me importaba, aunque estaba segura que me desmoronaría nada más verlo, así que suponía que Cleo tenía razón, lo único que me quedaba era cumplir al pie de la letra mi nuevo rol, aunque eso me costará la vida misma, una vida que a final de cuentas, ya ni siquiera era mía, si es que alguna vez lo fue.
Sebastien:
Seguí con el mismo acto durante un mes, durante un mes la vi romperse, vi como la luz que quedaba en sus ojos se extinguía, pude ver una preciosa flor marchitarse frente a mis ojos, según Cleo, comía poco o más bien nada, hacía todo sin rechistar e incluso me comentó que ella dejó de hablar con ellos, se limitaba a decir sí o no con la cabeza, parecía en las nubes.
Había sido más la fuerza de voluntad que otra cosa seguir con aquello, lo odiaba y me sentía asqueado, y creo que no sólo ella moría cada vez, también lo hacía yo.
- Lárgate –digo sin siquiera haber hecho nada, le había dado su cheque y pedido que se fuera, estaba harto.
- Pero –se detiene cuando me giro a verla con rabia contenida, toma su bolsa y sale. Durante ese mes había usado varias partes de la casa para que nos viera, sabía que no volvería a despacho, sólo 1 lugar había quedado libre: mi habitación.
Me acerco a la encimera de la chimenea, tomo el vaso y lo arrojo al suelo, tomo la botella en su lugar, camino al sofá y me dejo caer, me la llevó a la boca y le doy un enorme trago, me quejo por el calor, pero sólo el primer trago, lo demás pasa como si nada, bebía recordando la mirada de Agnes, de dolor y acusación. Tiro de mi cabello y arrojo la botella una vez que esta vacía, me pongo de pie y voy por otra, y otra cuando la anterior termina. Y así fue una tras otra, en mi idiotez, había creído que eso ayudaría a mi dolor, que me haría olvidar, pero había sido lo contrario, me había hecho anhelarla más, así que tras la quinta o sexta botella, me había puesto de pie, mi paso era errático así que me apoyaba de todos lados.
Salgo del despacho y camino con paso torpe hasta la última habitación, era más de media noche y seguro estaría durmiendo, pero necesitaba verla, sentirla, aunque fuese por una noche, ¿pero sería suficiente? Esperaba que sí.
Entro sin llamar, la habitación es oscura, al menos hasta que mi vista se adapta y veo la luz de la luna entrando por la ventana, esa luz me daba la visión perfecta de su silueta, verla me recordaba el viaje a esa preciosa playa, a ese delicioso despertar con ella dormida en mis brazos.
Me acerco y siento en la cama, ella se remueve asustada, se sienta y aprovecho para abrazarla, la siento tensarse.
- Agnes –arrastro su nombre, a tientas busco sus labios, al inicio el beso es torpe y brusco, pero cuando el recuerdo de la calidez llega a mí, cambia a uno dulce y al mismo tiempo, necesitado.
La pego lo más que puedo a mí, como puedo la tomo de la cintura y la coloco en regazo, paso mis manos por sus pechos y la escucho jadear, por esta noche no quiero saber nada, quiero olvidarme de quien soy, de quien es ella y de la m****a de infierno que nos estoy echando encima. Justo ahora quiero ser un hombre que esta perdido por esta mujer.
Con cuidado saco su camisón, con rapidez mi ropa antes de acostarla en la cama, la luz de la luna le daba a su piel un brillo y una textura que me era imposible no admirar. Pero yo anhelaba más, yo quería tocar y lamer, chupar y marcar cada centímetro de su piel, quería hundirme en su coño húmedo y deleitarme con la sinfonía que eran sus jadeos y gemidos.
Lamí y chupé sus pezones logrando que gimiera mi nombre, sus uñas se clavaban en mi espalda, logrando que jadeara.
Bajo besando y lamiendo su abdomen, separo sus piernas y hundo mi cara en su coño, comienzo a lamer su clítoris, ella se arquea y gime, bajo lamiendo el delicioso néctar que desprende, meto la lengua y hago círculos, sus manos tiran de mi cabello con desesperación, así que continúo, quería que se corriera en mi boca, quería saborear su orgasmo antes de entrar en ella de una sola estocada.
Con mi dedo jugaba con su clítoris, ella se removía con violencia mientras gemía mi nombre, y eso era algo que no podía soportar oír, mi nombre con esa voz ronca, con mirada perdida.
Me alzo y sin más, entro de una sola estocada, podía sentir como mi miembro era apretado por su coño, un gemido casi parecido a un gruñido había dejado mis labios al sentirlo.
La beso con hambre y desesperación, quería que probara lo bien que sabía. Clavo mis dedos en su cadera intentando sujetarme mientras de muevo con violencia dentro de ella, ella gemía contra mi boca y clavaba con fuerza las uñas en toda mi espalda, sus piernas se enredaban en mi cadera logrando que la unión fuese más profunda.
- Sebastien –jadea con voz necesitada, me muevo mucho más rápido, siento como aprieta al tiempo que gime mi nombre dejándose ir. Me muevo por última vez antes de dejarme ir gritando su nombre.
Caigo laxo encima de su pecho.
- Oh Agnes, si tan sólo... –es todo lo que puedo decir antes de que mi mente se apague.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







