LOGINSebastien:
Otra vez estaba sentado en este bar, otra vez dándole vuelta al mismo asunto, si antes no podía dormir, ahora era más difícil, si antes verla era una necesidad, ahora era necesidad tocarla, es por eso que me engañaba, creía que estaba ebrio y eso era suficiente para ir a sus brazos, porque mi karma era justo ese, sólo poder dormir bien entre sus brazos.
Era el séptimo trago y ya no quería estar aquí, quería correr a sus brazos, hacerle el amor y olvidarme de todo, y lo haría de no ser por esa parte que me presionaba a seguir adelante con el plan, una parte que no entendía de dónde venía, sentía que no provenía de la venganza, porque ese maldito sentimiento hace tiempo que deseaba abandonarme, era tan débil que me preguntaba si habría otro motivo para seguir con esta m****a.
Suspiro mientras termino mi octavo vaso de whisky, extiendo el dinero y salgo de ese bar directo a tomar un taxi, no había querido traer a Martin ya que sólo lo haría esperar y no se merecía verme en ese estado tan lamentable.
Tras decirle dónde vivía, miraba por la ventana el camino, jamás me había parecido tan largo como la primera vez que lleve a Agnes a la mansión, con cada minuto que pasaba mi corazón me decía que debía abortar mi estúpido plan, pero mi cabeza me mostraba razones válidas para continuar, así que había dejado que mi cabeza ganara, como siempre.
Le pago y bajo intentando que mi paso sea firme, quizás ahora podría dormir debido a lo nublado que me sentía por el alcohol, sin embargo, la vida me odiaba de una manera que ya ni me sorprendía, en mi habitación la encontré parada cerca de la mesita de noche, justo donde estaba la fotografía de mis padres. La sostenía suave, la observaba con detenimiento y parecía pensar en algo, lo veía en la pequeña sonrisa que dibujaba sus labios, no sé cuánto tiempo había pasado desde la última vez que sonrío así, y entonces todo explotó en mí, todo lo que había guardado por meses me hizo darme cuenta que todo lo que había hecho, cada plan futuro no tenía sentido, no iba a funcionar porque ella no temía las consecuencias de mis actos, jamás recurriría a la violencia porque fuera de que la amaba, era un ser humano que merecía respeto, muy a pesar de mis malos tratos.
Verla ahí, fue el recordatorio de que el único que sufría aquí, era yo. Unos segundos fueron suficientes, entonces mi voz salió fuerte y clara, con la mayor lucidez que había tenido en todo este tiempo.
- ¡Qué demonios! –parecía molesto, y quizás lo estaba, pero no con ella, estaba enojado conmigo mismo, y esa exclamación era más para mí que para ella, esa frase cargaba quizás con todas las emociones que no había querido aceptar, era a mí mismo, era a todo lo que ella evocaba en mí, era quizás ese anhelo de que todo fuera diferente, que ella no fuese su hija y nada de esto hubiese ocurrido, era un grito a la realidad, a mi realidad, una que odiaba con más fuerza mientras estaba ebrio.
La veo girarse asustada, retrocede de tal manera que buscara protegerse de algún golpe, ¿Por qué creería que le pegaría? Jamás lo haría, ¿acaso su padre...? Niego para mis adentros, eso no podía ser posible, quizás algún ex novio loco o una persona que la envidaba, porque claro, ella era demasiado buena para hacerse de enemigos.
Incluso yo que me había empeñado en odiarla desde que estaba en el vientre de su madre, incluso yo que había planeado con detalle cada movimiento que haría una vez ella fuera mía, incluso yo era incapaz de odiarla, causarle dolor era causarme un daño similar, o incluso peor.
Agnes:
Hasta ahora, nunca había visto una extraña habitación dentro de una de las habitaciones, sonaba extraño, pero parecía que se conectaban, o al menos eso parecía. Y la razón de no haberla notado antes, era debido a que no tenía permitido entrar aquí, era la habitación de Sebastien y sólo Cleo podía entrar, sólo que Cleo se había enfermado al grado de no poderse mover, así que la estaba supliendo, eso significaba levantarme un poco más temprano, algo que me parecía difícil ya que de un tiempo para acá, me sentía muy cansada, pero bueno, sin importar si me moría de fiebre, debía hacer la limpieza.
Comienzo a limpiar con rapidez, no quería que me encontrara aquí, de por sí casi pone el grito en el cielo cuando Cleo le dijo que yo tomaría su lugar. Tras los sucesos del otro día con Lorelee, había estado aún más distante, y pasaba menos tiempo en la casa, si es que eso era posible.
En la mesita de noche, aun lado de su cama, observo una vieja fotografía, me acerco y noto a una pareja joven junto a un pequeño, no necesito ser adivina para saber que ellos son sus padres, y que ese pequeño, es él, no podría olvidar esos ojos negros. La tomo suave y la observo con detenimiento, la mujer era muy hermosa, sin duda Sebastien había heredado los ojos de ella, el cabello y la cara de su padre, ambos eran bien parecidos, en otro momento habría imaginado que nuestros bebés serían hermosos con tan buenos genes.
- ¡Qué demonios! –doy un salto al escuchar su voz, sin embargo, no suelto la fotografía, habría sido peor.
- Lo siento, yo –digo de manera torpe acomodando la fotografía en su lugar, me giro y noto que está un poco tomado, de un tiempo para acá, salía desde temprano y volvía tarde con algunos tragos encima, es como si algo lo torturara, aunque no podría decir qué.
- Una cosa es que puedas entrar aquí porque Cleo no puede, y otra es que te pongas a revisar mis cosas –se acerca a grandes zancadas, doy un paso para atrás asustada, «¿podría ser la primera vez que me pegue?» pienso desconcertada más que asustada, a pesar de haber retrocedido, eso había sido instintivo de cuando vivía con mi padre.
- Ya casi terminaba, fue sólo un momento –digo bajo, me sujeta de los brazos sin hacer presión, me mira como buscando algo, baja la cabeza antes de abrazarme con fuerza, su cabeza descansa en el hueco de mi cuello y hombro, puedo sentir su respiración cálida chocar contra mi piel a pesar de tener el uniforme.
- Me sigo preguntando por qué –susurra en tono bajo, apenas podía entenderle–, por qué no corres, no huyes, porque sigues aquí –dice derrotado, no entendía nada, ¿por qué debía huir? Estar aquí era más seguro que con mi padre, aquí me trataban bien, Cleo y Martin eran lindos conmigo, no fingían que les caía bien como en mi casa, aquí tenía cierta libertad, además de que podía verlo y estar con Sebastien cuando él viniera a mi cama, algo que disfrutaba mucho.
- No sé qué debería hacer o por qué debería huir –le abraza suave, siente como le pega más a él.
- Ya no sé ni qué debo hacer, no sé si ellos aprobarían esto o si lo único que desean es que me olvide de todo y sea feliz –dice bajo, su cuerpo temblaba, era raro saber que estaba llorando, quería abrazarlo por siempre y protegerlo de todo. Quizás al final si tenía razón y él estaba haciendo esto por algún motivo en específico, y tenía la impresión que mi padre era el culpable de todo, y como siempre, no me equivocaba.
Tras unos minutos que me parecieron horas, me soltó, su rostro parecía carente de vida, de pronto su rostro inexpresivo se volvió iracundo, me soltó sin ser brusco y salió del cuarto azotando la puerta, a decir verdad, sus cambios de ánimo me tenían muy confundida, pero si algo sabía con certeza, es que me necesitaba.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







