LOGINAgnes:
Estaba segura que por la mañana me arrepentiría de esto, de haberlo aceptado como si nada, pero lo amaba, y en alguna parte de mi ser, aún guardaba esperanza.
No había podido resistirlo al verlo ahí de pie, mi cuerpo había actuado por instinto, le pertenecía a un nivel que era difícil de explicar.
Quizás por la mañana mi corazón se rompería de nuevo, pero eso no opacaba la dicha que sentía justo ahora, a la yo de ahora, no le importaban las consecuencias, porque él pasaba largas noches con hermosas mujeres, pero había vuelto a ella a pesar de decir que no sentía nada por ella.
Por la mañana, él ya no estaba, al ver su teléfono se dio cuenta que desactivó la alarma, señal que a esa hora se fue; eran cerca de las 6 de la mañana, me apresuro a bañarme, debía ir al despacho primero, por suerte no le tocaba sacudir.
Miro el teléfono y noto la llamada pérdida de mi padre, odiaba hablar con él, porque debía ocultarme de Sebastien y fingir que todo estaba bien, no quería darle la satisfacción de saberme miserable.
Guardo el teléfono en el mandil, salgo rápido al despacho, comienzo a ordenar todo, había muchas botellas vacías y una a la mitad, no había rastro de nada más, por lo que me daba esperanza de que no ocurriese nada con aquellas mujeres, suspiro, debía dejar de aferrarme a cualquier posibilidad que se me presentara, no quería que mi corazón se rompiese de nuevo.
Cerca de las 8, Cleo me había notificado que Sebastien había salido así que no era necesario preparar el desayuno, tampoco la comida y ni la cena, ¿acaso me está evitando? Él aún no comprendía que no iba a decirle nada por la noche anterior, no si eso me permitía tenerlo de nuevo, sabía que cualquiera con 3 dedos de frente me golpearía por pensar así, a veces pensaba que debía estar mal de la cabeza, o también me justificaba pensando que el amor nos vuelve irracionales, o quizás estaba tan necesitada de amor que por eso me conformaba con migajas, sin importar cual fuese la razón, la verdad es que daba mucha pena.
Durante todo el día le di vueltas a lo mismo, así que para despejarme decidí bajar al sótano a comprobar la máquina que bombea el agua a toda la casa, solía encenderse a las 8, y si no lo hacía en automático, debía ser manual, había ido faltando 20 minutos para las 8, el lugar era tranquilo y solitario, algo que me gustaba mucho.
Un ruido de algo cayendo me hace dar un respingo, ¿podrían ser ratas? Esa idea me hizo temblar, entonces escuche un shhh, que me hizo estremecer y quedarme congelada de los pies a la cabeza, me sentía paralizada, mis pies clavados en aquel lugar, entonces una pequeña vocecita llegó a mis oídos y pegue un grito, lo que ocasionó que la pequeña vocecita comenzará a llorar y otra voz más grande y femenina intentará calmarlo. Respiro unas cuantas veces y con paso tembloroso me acerco al lugar dónde están las voces, al llegar veo a una madre con su pequeño escondidos entre las viejas cosas.
- Por favor, no grite, no llame a nadie –dice la mujer con voz temblorosa, podía ver que su mano estaba lastimada y sobre todo, que estaba muerta de miedo.
- No lo haré, pero dime quién eres y que haces aquí –pregunto bajo mientras me coloco de rodillas.
- Soy Charlotte Von Hallen, y este es mi pequeño hijo, Edan Von Hallen –dice mirando al pequeño con amor.
- Nos escondemos de mi padre, él le pega a mamá, intento pegarme a mí y mamá no lo soporto más, así que huimos –su voz era temblorosa pero podía escuchar la valentía al decir aquello, ojalá su madre hubiese hecho lo mismo.
- Necesitamos asilo por esta noche, por favor –dice ella suplicante, asiento, no podía dejarlos a su suerte.
- Esta bien, pero debemos ir arriba en silencio, ¿está bien? –ambos asienten–, sólo iré a revisar que no haya nadie más, ya vuelvo –me pongo de pie y corro devolviéndome por donde vine, por suerte no había nadie, así que sería fácil volver por ellos, o lo habría sido de no ser por la persona que me encontré en el recibidor de la casa.
- Sólo quiero asegurarme que mi esposa no se infiltró en su casa –dice la voz grave de un hombre cerca de los 50 años, me detengo en seco y vuelvo por dónde vine, debía esconderlos antes de que él los encontrará, el problema sería en dónde.
- Esta aquí –digo nada más llegar–, debo esconderlos, pero no sé en dónde –dijo frotando mi rostro con desesperación, el sonido de la bomba me regresa a la tierra–. Sé en dónde, es algo húmedo y en unos minutos comenzará a llenarse, pero no los verá –la miro atenta–, es en una pequeña cisterna dónde almacenamos el agua, tiene una parte con una tenue luz pero no se alcanza a ver desde arriba, es el único lugar que se me ocurre –la miro preocupada.
- Esta bien, vamos –dice ella segura, los llevó por el pequeño pasillo, al llegar a la pequeña cisterna subterránea, le indico que debe bajar por la escalera e ir al rincón más alejado, ella asiente bajando, después lo hace el pequeño, cierro un poco la puerta y me dirijo a la salida, en ese momento llega uno de los hombres de aquel sujeto junto a Sebastien, los Dioses me ayudaran.
Sebastien:
Odiaba a los intrusos en mi casa, más a este tipo de hombres que se creían con el derecho de hacer lo que les diera la gana, así que había accedido buscando evitar un problema.
- Querida –digo suave acercándome a ella, rodeo su cintura–, ¿qué haces aquí a esta hora?
- Oh, vine a revisar la bomba querido, ya ves que a veces no se activa sola –dice y puedo notar que intenta parecer lo más serena posible–, ¿quiénes son esos caballeros? –pregunta en falso tono de interés.
- Están buscando a una mujer y su hijo, ¿no los habrás visto por aquí? –me mira seria y niega.
- No, para nada –dice segura, uno de los hombres se acerca a ella.
- Si vio algo, estaría encubriendo a una prófuga –dice en tono frío para amedrentarla, pero ella no se inmuta.
- Puede revisar por dónde le plazca caballero –dice señalando el pasillo, ella y yo vamos detrás de ellos, la veo ponerse nerviosa al llegar a la cisterna, por lo que intuyo que se los encontró e intenta protegerlos, ¿tan mala sería la vida de esa mujer si estaba huyendo? La respuesta era sí, y estaba seguro que eso le traía recuerdos de su madre y por eso no podía dejarla a su suerte.
- ¿Qué hay ahí? –pregunta uno de los hombres señalando el lugar.
- Guardamos agua ahí, esta por llenarse, siempre se mantiene semi cerrado –dice ella seria, apretaba mi brazo en señal de miedo.
Los veo abrir la tapa y asomarse un poco, al no ver nada deciden irse de mi casa.
- Cualquier cosa, no duden en llamarme –dice el hombre extendiéndome una tarjeta con sus datos, salen de la casa y ella corre de nuevo al sótano, con rapidez levanta la tapa y los ayuda subir, Dios nos ayudará con estas extrañas visitas.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







