تسجيل الدخولEl trayecto hasta la que había sido su casa familiar se sintió extrañamente ligero. Por primera vez en veinticuatro años, Nico caminaba por esas calles sin el peso asfixiante de las cadenas invisibles que lo ataban a ese lugar. Al llegar, la mansión de los Castelli ya no lucía imponente; el ambiente era denso, silencioso y teñido por el luto y el pánico tras la masacre que había sacudido los cimientos de la familia.Al entrar, encontró a su madre sentada en la sala, con el rostro demacrado, los ojos hinchados de tanto llorar y las manos temblando mientras sostenía una taza de té frío. Al ver a Nico, se levantó de inmediato y corrió a abrazarlo con desesperación, rompiendo en un llanto inconsolable.—¡Nico... hijo mío...! —sollozaba la mujer contra su pecho, aferrándose a su ropa como si temiera que él también desapareciera—. No lo puedo creer... La policía... los forenses... dijeron que los encontraron irreconocibles, destrozados por completo... ¿Quién pudo hacerles algo tan monstruos
La penumbra de la madrugada aún cubría las calles cuando el auto de Bianca se detuvo frente al edificio. Subió las escaleras con pasos silenciosos y precisos. En el baño, abrió la llave de la ducha y dejó que el agua caliente se llevara hasta el último rastro invisible de la noche: el olor a pólvora, los químicos y el fantasma de la sangre de los Castelli. Se lavó el cabello, se quitó la ropa oscura y se cambió por una suave pijama de seda.Cuando entró a la habitación, Nico seguía profundamente dormido. Su respiración era pausada, aunque de vez en cuando su cuerpo se crispaba levemente, como si las pesadillas aún intentaran alcanzarlo. Bianca se deslizó entre las sábanas con una delicadeza extrema, lo rodeó con sus brazos y lo pegó a su pecho, sintiendo el calor de su piel. En ese refugio de paz, el monstruo que horas antes había despellejado a dos hombres y los había arrojado a las pirañas se desvaneció, transformándose de nuevo en la mujer amorosa y devota que daría su vida por él
> Nota de la autora: El siguiente capítulo contiene escenas de violencia extrema, tortura y temas altamente sensibles. En este mundo, el cobro de un abuso de poder y de la crueldad más baja en la mafia nunca se perdona: se paga estrictamente con sangre. Se recomienda discreción.>El silencio que siguió en el almacén tras los gritos ahogados fue de una crudeza sepulcral. Minutos antes, el aire se había desgarrado con las súplicas y la desesperación del patriarca de los Castelli. Ahora, la imponente mole humana de más de dos metros se apartaba con lentitud, dejando tras de sí un panorama desolador.Pablo Castelli yacía tirado en el suelo, sumamente destrozado, con la ropa hecha jirones y el cuerpo reducido a una masa temblorosa de dolor, sangre y absoluta degradación, incapaz de emitir más que un quejido ronco y patético.Con una eficiencia fría, los hombres de Bianca arrastraron el cuerpo destrozado del patriarca y lo amarraron fuertemente a una silla de metal, colocándolo justo al l
Nota de la autora: El siguiente capítulo contiene escenas de violencia extrema, tortura y temas altamente sensibles. En este mundo, el cobro de un abuso de poder y de la crueldad más baja en la mafia nunca se perdona: se paga estrictamente con sangre. Se recomienda discreción.------La madrugada envolvía la ciudad en una neblina fría y silenciosa. En el departamento, Nico finalmente había cedido al agotamiento, con el rostro todavía marcado por las lágrimas y la profunda tensión de haber abierto su corazón, profundamente dormido tras haber liberado el peso de su pasado.Bianca lo contempló unos segundos, le acomodó un mechón de cabello con infinita ternura en la frente y, al instante, su mirada cambió. La suavidad se evaporó, reemplazada por una frialdad glacial, un vacío absoluto y el fuego febril de la venganza. Se puso de pie con sigilo, se vistió de negro de pies a cabeza y salió del apartamento sin hacer el menor ruido.Fuera, la maquinaria de los Di Santi ya estaba en marcha. D
La luz tenue de la lámpara en la habitación proyectaba sombras largas mientras Nico, con la clavada en el suelo y los dedos ligeramente temblorosos, exhalaba un suspiro pesado que parecía sacarle años de encima. El peso del secreto era inmenso, pero el miedo a ver el rechazo en los ojos de la mujer que amaba lo quemaba por dentro.—Todo empezó cuando cumplí veintiún años... —comenzó Nico con la voz ronca, apenas un hilo de sonido en medio del silencio—. Mi padre no me veía como un hijo, Bianca. Para él, yo solo era una pieza más en su tablero de negocios, una ficha que podía mover, vender o entregar a su antojo para asegurar contratos con familias más poderosas y sin escrúpulos.Nico se pasó una mano por la nuca, tragando saliva con dificultad antes de continuar, reviviendo el fantasma de esa pesadilla.—Querían obligarme a casarme a la fuerza con la hija de un socio mayor, una mujer a la que apenas conocía y que duplicaba nuestros intereses en la bolsa. Era un contrato de convenienci
La gran sala de juntas de los Di Santi estaba perfectamente iluminada. En la cabecera de la mesa de caoba, Bianca Di Santi presidía con una elegancia fría y calculadora. A su alrededor, los socios e inversionistas más importantes del consorcio esperaban en silencio.Bianca miró su reloj de pulsera con total calma y, levantando la vista, anunció con voz firme:—Buenos días a todos. La reunión de hoy va a comenzar únicamente cuando el joven Nico Castelli esté presente y se incorpore a la mesa. Vamos a darle unos minutos.Al otro lado de la mesa, Franco Castelli soltó una risa seca, despectiva y llena de burla, mientras se acomodaba la corbata.—Lamento defraudarla de antemano, señorita pero puede esperar sentada. El joven Nico, mi queridísimo hermano, ya no trabaja en la empresa.Bianca entrelazó las manos sobre la mesa, clavando en él una mirada tan gélida que hizo dudar a cualquiera, aunque Franco estaba demasiado ciego por su arrogancia como para notarlo.—¿Ah, no? ¿Y eso por qué? —p







