เข้าสู่ระบบHola a todos: Muchísimas gracias por seguir leyendo hasta aquí a pesar de mis muchos errores de traducción. Les pido disculpas por ellos y por no haberme dado cuenta hasta hace poco. Volví atrás y leí todos sus comentarios (había bastantes 😊 y les agradezco mucho que se tomaran el tiempo de dejarlos). Gracias por avisarme dónde estaban los problemas. Sé que pagaron por un contenido que no pudieron disfrutar del todo, y lo lamento de verdad. Ya volví atrás y lo corregí para ustedes. La colección concluirá este mes. Voy a publicar capítulos todos los días durante el mes, hasta terminarla, así que ¡vuelvan a pasar! ¿Hay algún otro problema que quieran señalarme? Por favor, siéntanse libres de decírmelo. A estas alturas ya habrán adivinado que soy una autora inglesa. Esta es una obra traducida, así que les pido paciencia. ❤️❤️❤️
Las siguientes semanas fueron una tortura para Wren y su coño frustrado.Cada vez que Víctor la conseguía sola la empujaba a un rincón tranquilo. Pasillo, despensa, baño de invitados. Ningún lugar estaba prohibido. Entonces sus labios y manos estaban por todas partes sobre ella.Pero cada vez que se acercaba a cumplir su promesa de follarle el coño, la voz o los pasos de Helen lo alejaban.Wren se quedaba palpitante, vacía y furiosa consigo misma por necesitar más.A veces él sacaba de golpe los dedos de su coño, luego se giraba y le sonreía a Helen mientras Wren se recomponía.A veces solo lograban pasar de la fase de besos y manoseos.Pero, sin falta (y sin saberlo), Helen siempre los interrumpía y terminaba siendo follada en su lugar.El tabú del ciclo jodido vivía bajo la piel de Wren como un segundo pulso.Manoseada. Dedos. Besos. Luego escuchar mientras Víctor se follaba a su madre y ella se quedaba desean
—Gracias, Víctor. Eres tan bueno con nosotras dos. Le va a encantar —dijo Helen con gratitud, cerrando a toda prisa la bata de seda para ocultar su lencería de dos piezas roja.Por si acaso Wren seguía abajo después de todo.Bueno. Volvió a subir.—Te amo, cariño —le dijo Víctor a su esposa, dejando a la chica que lo deseaba completamente desconcertada, pues pronunció esas palabras mientras se daban placer mutuamente.El orgasmo de Wren se disparó. Se corrió más fuerte de lo que jamás lo había hecho sola.—Yo también te amo. No tardes —dijo Helen de forma coqueta, destrozándole el corazón a Wren.Aun así, mientras su madre se alejaba, el puño de Wren seguía bombeando. Sus caderas se sacudían con fuerza al correrse. El clímax no deseado pero anhelado se sintió como una traición a su madre de la que Wren nunca se recuperaría.La enferma euforia que le producía saber lo incorrecto que era aquello inundó su sistema nervioso
—Claro que lo eres, bebé —dijo Victor contra su oreja, siguiéndola trabajando mientras le follaba la mano con empujones inestables, a punto de soltar la carga—. Dije que este coño es mío. Yo pago las cuentas. Eso significa que me llevo lo que hay bajo mi techo. Incluida tú. Eres la putita de papi. Diló. —No lo soy. No quiero ser una puta. Papi por favor. Soy buena. Por favor, papi —susurró, negando con la cabeza incluso mientras el coño se le apretaba alrededor de sus dedos. La idea de pertenecerle así la aterraba, y el hecho de que una parte de ella le gustaran sus atenciones solo empeoraba el miedo. Su estado alterado era combustible para el orgasmo que se le venía. El que seguía negándose, a pesar de lo que su cuerpo claramente quería. —Diló —repitió Victor, empujando más hondo, dándole en ese punto que le hacía temblar las piernas, forzándola cada vez más cerca de aquel borde prohibido. —No puedo —dijo Wren, las palabra
—Se lo voy a decir a mamá —dijo, viendo cómo la mano se le movía por la polla de todos modos, traidora y dispuesta—. Nunca pensé en esto. No lo quiero. Eres tú quien lo está haciendo pasar —siguió amontonando las negaciones mientras se quedaba boquiabierta ante su puño bombeándolo mientras él le tentaba el agujero con las yemas. Wren sabía que tenían que parar, pero una parte enferma de ella amaba el peso de su polla en la mano. El conflicto la desgarraba. Quería parar. Su coño quería más. Y debajo de esas dos ganas estaba el saber frío y claro de que esto era prohibido de un modo que nunca se podía deshacer. El acto de traición mandándole la sangre hacia abajo le aceleró el pulso. Le hizo brotar un sudor frío. El placer, las provocaciones, la promesa de más. Se odiaba por amarlo, pero lo amaba. Una palabra la perseguía. Seguía resonándole en el cere
La mano de Victor bajó por su clavícula y se posó en uno de sus montículos llenos.—Joder, estas están perfectas, pequeña mentirosa de papi —dijo, divirtiéndose con su estado de pánico y el pecho agitado mientras las caderas le empujaban adelante y lo masturbaban juntos.Le pasó el pulgar por el pezón a través de la camisa y lo sintió endurecerse al momento.—P-papi yo, ay por favor. Deberíamos parar —chilló, luego se cerró la boca de inmediato, temiendo que su mamá la oyera.La respuesta inmediata y el olor sutil de su excitación flotando en el aire mientras se retorcía bajo su toque solo confirmaron lo que él ya sabía.Estaba lista.Su coño lo necesitaba. Rogaba que la abrieran.El tabú de tocarla justo bajo las narices de su madre solo le hizo latir la polla más fuerte.—Tu cuerpo no miente, ¿verdad, bebé? —dijo Victor, más bajo, casi complacido. La otra mano se le fue directo por la cintura y se metió en las
—Tengo una sorpresa para ti, Wren —dijo Victor, cerrando los dedos alrededor de su muñeca y llevándosela en cuanto Helen (su esposa) se distrajo recogiendo la mesa.Wren tropezó detrás de él, el corazón ya golpeándole tan fuerte contra las costillas que dolía. Antes de darse cuenta, estaban en el lavadero.El aislamiento súbito de la habitación pequeña hizo que el aire se sintiera demasiado espeso para inspirar. Solo él y ella, solos de pronto, ya no se sentía bien. Sobre todo porque ella ya estaba empapada entre las piernas de excitación no deseada.Luego la puerta se estaba cerrando y él la estaba clavando contra la puerta que se cerraba.Saltó cuando la puerta se cerró de golpe a su espalda.Y así de simple, ya no había escape de la mirada peligrosa de su padrastro.—Papi, ¿qué estás haciendo? —chilló con los labios temblando, los muslos apretándose con fuerza—. ¿Q-qué sorpresa?—Tal vez sorpresa no es la palabra. Te







