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14. Café.

작가: Nocturnal
last update 게시일: 2022-03-05 08:21:13

Christian me llevó a una pequeña cafetería a tan sólo dos cuadras de distancia. Afuera el letrero mostraba una docena de mariposas con libros en vez de alas. El interior era encantador, con paredes de madera y cubierto de suelo a techo con libreros lleno de tomos antiguos que despedían ese olor a libro viejo que al mezclarse con el aroma a café creaba un ambiente relajante. ¿Por qué acepte? ¿Por qué seguía pasando tiempo junto al hijo de mi enemigo? La situación en general me desconcertaba, por primera vez mi capacidad de pensar con la cabeza fría estaba comprometida, mi juicio nublado por esa sonrisa honesta y esos ojos brillantes como estrellas.

Intentando no verlo muy fijamente miré arriba, del techo colgaban pequeñas mariposas de papel en colores brillantes.

- ¿Nunca habías venido a esta cafetería? -preguntó Christian al notar la manera en que observaba todo.

-No, ni siquiera sabía que existía, aunque tiene sentido. -señalé el mostrador donde resaltaba un letrero que indicaba que no tenían servicio para llevar. - ¿Y usted?

-Solía venir aquí cuando tenía tiempo para… uno de mis pasatiempos. Desde que empecé a involucrarme más en la compañía tuve que dejarlo.

- ¿Pasatiempos?

-Digamos sueño frustrado. Siempre quise dedicarme al arte, pero mi padre no lo permitió. -caminamos hacia la única pared sin libreros, ahí resaltaban como una docena de cuadros con distintas técnicas que iban desde lápiz y carboncillo hasta acuarelas y oleo. -Aquí dan talleres todos los fines de semana, las de acuarela son mías.

Miré los cuadros con atención, las acuarelas eran muy expresivas, con colores vivos y trazos libres. Lograba un gran realismo sin perder esa cualidad etérea de las acuarelas. Sus trabajos abarcaban desde paisajes muy realistas hasta un par de imágenes abstractas, puras explosiones de color y forma confusa. Firmaba todos con una C estilizada, ninguna alusión a su apellido en toda la pared.

-Wow, es muy talentoso. No debería dejarlo.

-No soy tan bueno…

- ¡Grillo! Creí que no ibas a regresar. -dijo la única mesera acercándose a Christian.

-Hola María…

- ¿Grillo? -pregunté.

-Oh, ¿es una cita? ¿Grillo tiene novia? Sabía que esa Luisa no era buena para ti, demasiado amargada en mi opinión. -María entregó unos cafés antes de desaparecer tras el mostrador, gritando hacia el almacén que “Grillo” estaba ahí. Se escuchó movimiento al interior y el sonido de al menos un plato o taza cayendo al piso.

-Es una tontería. -murmuró Christian, rojo hasta las orejas. -Hacen visitas al hospital de niños y a casas hogar, un año se enfermó el actor y María me suplicó que usara la botarga. Desde entonces me dicen Grillo.

-No sólo eso. -intervino María, regresando al mostrador con un joven a rastras. -Se disfraza de Grillo cada año desde entonces, es tan tierno como un osito de peluche, además es bueno con los niños. Intentamos convencerlo de que se disfrace de Santa Claus esta Navidad.

Sonreí, él podría hacer todo eso en el ojo público y ganar admiración y prestigio ante los demás, en vez de eso ayudaba en silencio, sin motivos extra aparte de ayudar. Cada día que lo conocía me sorprendía lo diferente que era de su padre. Había una bondad en él que no alcanzaba a describir.

-De verdad no es la gran cosa…

- ¿Y quién es tu novia? -preguntó el joven tímidamente.

-Si, casi nos tenías abandonados y ahora vienes a presentarnos a tu novia. -le reclamó María, el ceño fruncido y las manos sobre la cadera, parecía el tipo de persona que sin pretenderlo siempre se convierte en el alma de la fiesta. - ¿Cómo se llama? ¿Dónde la conociste?

- ¿Puedo hablar sin interrupciones? -Los dos asintieron, demasiado entretenidos por la promesa de un buen chisme. - Ella es Rachel Guerra, nos conocimos cuando empezó a trabajar en la compañía. Somos sólo amigos, pero mi padre cree que somos pareja.

-Uf, mejor no hablemos de tu padre, aun quiero romperle la cara por tomar el lado de Luisa la última vez…

María guardó silencio, quizás notó que había hablado de más. Se apresuró a guiarnos a una de las mesitas al fondo, el lugar estaba casi desierto y los dos se sentaron con nosotros. María no era muy alta, vestía un delantal negro con bordados de mariposas, su cabello negro estaba recogido en una trenza y llevaba las uñas pintadas de todos los colores posibles. Su compañero era el polo opuesto, alto y delgado con un delantal blanco y el cabello castaño claro cubierto por una red.

 No fue la velada romántica que había imaginado, pero ambos eran bastante agradables. Era raro, a pesar de no estar solos mi mirada era atraída por el guapo empresario. Christian debía tener alguna clase de magnetismo que atraía las miradas como el fuego a las polillas.

-Y dinos, Rachel, ¿a qué te dedicas? -preguntó ella, el joven se levantó y regresó con cuatro tazas de café humeante.

-Soy secretaria en la empresa. -respondí.

- ¿Algún secreto que debamos saber?

-Am, no lo creo.

- ¿Tienes algo que ocultar?

- ¿Qué es esto, un interrogatorio? -pregunté, tomando mi taza entre ambas manos. - Christian, tus amigos parecen creer que eres malo escogiendo a tus parejas.

-Es el peor, por eso debemos cuidarlo. Aun cuando sea una relación ficticia no soportamos verlo con el corazón roto. -Dijo el otro, con un tono de voz dramático y burlón al igual que expresiones faciales exageradas. -Ya en serio, tu no lo viste cuando terminó con Luisa, fue un desastre por semanas, no se movía de aquí ni siquiera cuando íbamos a cerrar. De no ser por nosotros se habría muerto de tristeza como una plantita sin agua abandonada a su suerte en un rincón oscuro.

Christian hizo una seña pidiéndole que se callara, misma que el joven, quien después descubrí que se llamaba Ricardo, decidió ignorar.

-Él tiene pocos amigos, nosotros intentamos siempre apoyarlo, pero a veces lo que en verdad necesita es una niñera. ¿Cuánto cobrarías la hora?

-Oye, no estoy tan mal. Al menos sí sé cómo echar a andar la lavadora. -se defendió Christian.

-Eso fue una vez y te lo conté para animarte…

Siguieron hablando y discutiendo en tono de broma por cualquier tontería, desde los planes de María para expandir su cafetería hasta los más recientes rumores sobre la empresa. El tiempo pasó sin que lo notara, dieron las dos de la madrugada y el único indicador fue la partida de los escasos clientes. Era de esas conversaciones que parecen destinadas a durar eternamente a menos que algo las interrumpa. Ni siquiera me sentía cansada. Nos despedimos cuando María comenzó a bostezar y Christian sugirió que deberíamos dejarla descansar, al parecer la cafetería abría temprano en la mañana y no quería causarles problemas.

-Recuerda regresar pronto Grillo, se te extraña los fines de semana. El sábado nos vamos a reunir todos, deberías acompañarnos. -Se despidió ella, luego me hizo una seña para que me acercara. - Si lo lastimas no me va a importar lo ficticia que sea su relación, me encargaré de que tu vida sea un infierno.

-Suena justo. -respondí, si tan sólo se imaginara mis planes de seguro su amenaza habría sido mejor planeada. Porque sin importar qué pasara entre nosotros se sentiría traicionado cuando la verdad saliera a la luz. - ¿Algo más?

-Si logras que vuelva pronto te estaremos agradecidos. -completó el joven, limpiaba las mesas con una expresión de resignación, a diferencia de María no me amenazó ni una vez.

Los dos caminamos hasta la esquina en silencio.

-Lamento que te hayan amenazado, esos dos pueden ser… demasiado. Olvidan que no todo el mundo los conoce y tolera. -se disculpó Christian, con una mano se acomodaba los rizos mientras se encogía de hombros. - ¿Puedo llevarte a casa?

-No gracias, me gusta que nadie sepa donde vivo.

-Supongo que así mantienes lejos a los visitantes no deseados.

-Para nada, no es por eso… Hace tiempo perdí a alguien importante y desde entonces me cuesta mucho trabajo confiar en los demás. -confesé, no era toda la verdad, pero tampoco era una mentira.

-Entiendo, entonces te veré mañana y recuerda que si quieres puedes llegar un poco tarde, Rachel.

-Gracias, señor.

- ¿Sabes? No puedo esperar el día en que decidas llamarme Christian.

-Tendrá que esperar un poco más, señor. -respondí con una sonrisa.

Él subió a su coche y se perdió en las oscuras calles de la ciudad, yo caminé de regreso al apartamento, ni siquiera en mi mente lo consideraba mi hogar, era sólo un lugar temporal donde vivir hasta conseguir mi objetivo. No era un hogar. Si acaso cumplía la misma función que un hotel y esa madrugada se sentía más vacío y solitario que de costumbre. Cierta ausencia se notaba demasiado.

Miré los anillos de compromiso sobre la mesa del comedor, por primera vez en mucho tiempo no me puse la cadenita al cuello, los dejé ahí, resaltando sobre la madera.

-No importa que pase, nunca voy a olvidarte. -le prometí a ese amor que nunca volvería a estar ahí.-Antonio… no te he olvidado, lo prometo.

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