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24. Planes y consecuencias.

مؤلف: Nocturnal
last update تاريخ النشر: 2022-04-29 03:37:21

A la mañana siguiente seguía pensando en la pesadilla de Christian, no lograba sacar su voz de mi cabeza. El temor que impregnaba cada letra… Ahora estaba casi convencida de que el señor Daleman estaba muy involucrado en el fallecimiento de su esposa y Christian, demasiado joven para poder procesarlo, fue testigo de aquella barbarie. No me lograba imaginar cómo sería presenciar algo así en la infancia, si ver a Antonio y a mi padre morir ante mis ojos casi me destruye siendo una persona adulta…

- ¿Rachel? -sus hermosos ojos se abrieron, con la luz blanquecina que entraba por la ventana brillaban semejantes a dos grandes esmeraldas con inesperados destellos azules.

- Hola, son las siete y media, una hora bastante aceptable para ir al trabajo un sábado en la mañana. -lo saludé, recordando la pesadilla que despertarnos tarde la primera vez que compartimos una cama. Él se acercó y me besó en la mejilla, justo en la comisura de los labios.

- Estaba pensando, no hemos ido a una cita, no realmente… Mañana no tenemos trabajo ¿te gustaría ir a una cita conmigo?

- Por supuesto, ¿a dónde iremos?

- Es un secreto.

- Entonces me vestiré lista para ir a bucear. -bromee, él rio, me alegraba verlo tan relajado a pesar de la pesadilla.

- Te verías bien, aunque usaras una bolsa de basura.

- Ahm, ¿gracias?

Nos alistamos para salir en silencio, me preocupaba lo que pudiera esperarnos en la oficina, a Daleman no debió gustarle verme tan cerca de su hijo, en especial con sus planes para casarlo con Dalia. ¿Y si su paranoia lo llevaba a sospechar de mí? “Eso no cambia nada, voy a ser lo último que ese maldito vea” pensé, segura de que aun si era descubierta tendría las agallas para matarlo sin importarme las consecuencias de mis acciones. Sólo lamentaba romperle el corazón a Christian en el proceso.

Las oficinas estaban inusualmente silenciosas, desde el guardia, que no nos saludó al entrar, hasta la contadora que usualmente intentaba sacarme algún chisme sobre nuestro jefe estaba en el más absoluto silencio.

- El señor Daleman llegó diez minutos. -Nos advirtió la recepcionista, de seguro la jornada laboral terminaría con otra reunión de las trabajadoras, quizás debería unirme y apoyarlas de alguna manera…- Señor Christian, Rachel… no se veía nada contento.

- Gracias, Aurora. -Le dije, debía confesarlo, comenzaba a agradarme.

Los dos caminamos hacia la oficina principal, las luces estaban encendidas y la puerta era cuidada por dos guardaespaldas diferentes a los que había visto acompañarlo a la cena en casa de Christian. Ambos miraban adelante sin mover ni un solo músculo. ¿Los habría llevado para asegurar que en esta ocasión su conversación no sería interrumpida?

Christian abrió la puerta y entramos juntos, el señor Daleman estaba sentado sobre el escritorio, su mirada vacía fija en la puerta. Llevaba un traje negro con rayas grises y camisa negra, lo hacía lucir bastante intimidante, como si necesitara algo aparte de sus ojos capaces de incomodar a cualquiera.

- No soy un hombre paciente. -dijo, su voz baja y llena de peligro, parecía prometer una muerte lenta y dolorosa a quien lo hiciera enojar. -Ya esperé toda la noche, Christian. ¿Sabes quién intentó robarme?

- Papá, nadie de la compañía tiene razones para hacerlo…

- Suena a que no haz hecho nada, para variar.

- ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué fuera de casa en casa preguntándole a mis empleados dónde estuvieron ayer en la noche?

- Sería un buen inicio, eres demasiado blando, ¡un jefe debe hacerse respetar!. También quiero que tú y tu secretaria me expliquen dónde estaban.

¿Dónde estaba Christian? Lo voltee a ver, tenía entendido que cuando terminó nuestra llamada él iría con su padre a denunciar el robo. Más difícil sería explicar dónde estuve, sentía un nudo en la garganta.

- Estábamos juntos. -dijo Christian tomando mi mano en la suya. -Rachel y yo pasamos la noche juntos.

- Creí que ibas a terminar con ella.

- Nunca dije eso, prometí que intentaría buscar una solución con Dalia.

- Secretaria Guerra, ¿es eso cierto? ¿Estuvieron juntos anoche?

- Así es. -confirmé mirando a Daleman a los ojos.

Contuve las ganas de apartar la mirada. “Los mentirosos siempre se delatan solos “solía decir mi padre con una sonrisa. Él era la persona más honesta que conocí, se negaba a mentir incluso cuando resultaba sencillo inventar u ocultar algo. A mi madre le fastidiaba porque siempre podía decir cuando ella mentía, yo aprendí de sus errores. Mantener la mirada, no juguetear con las manos y evitar parpadear rápido. Y Daleman pareció creerlo.

- ¿Y pueden asegurar lo mismo de sus empleados? -continuó el empresario, se levantó y comenzó a caminar de un lado al otro de la oficina como si cada centímetro del espacio le perteneciera. Su presencia llenaba el lugar. - ¿Pueden jurar que ninguno de ellos es responsable del robo?

- Padre, no les conviene robarte, la mayoría ni siquiera sabían sobre la existencia de la bodega…

Dudaba que el señor Daleman ignorara esos detalles, en realidad sólo quería mandar un mensaje y encontrar un supuesto culpable a quien castigar en lugar de la misteriosa mujer pelirroja que le robó a sus valiosas rehenes. No quería justicia, recuperar los papeles nunca sería suficiente para él, necesitaba desquitarse con alguien.

- Yo respondo por mis trabajadores, no hay necesidad de…

- Te exijo que investigues esto con la seriedad que merece. -gruñó Daleman deteniéndose en seco.

- Por si no lo has notado, padre, la compañía tiene mayores problemas, como la muerte del señor Cruzz. -le recordó Christian. -Si te hace sentir mejor prometo que te informaré cualquier cosa sospechosa que suceda. ¿Está bien?

Daleman asintió, su mirada se paseo entre nosotros, como analizando la situación antes de salir, se fue sin mirar atrás con sus dos guardias siguiéndolo. Afuera esperaba Dalia, con el más ridículo vestido rosa estampado de corazones blancos y rojos, de lejos parecía un cup cake de San Valentín, demasiado colorido y lleno de corazoncitos.

- Christian… me enteré de lo que pasó anoche, ¿estás bien? Ya no se puede vivir tranquilo en este país. -se quejó de manera exagerada. Mientras corría a sus brazos, él se apartó un poco. - Estaba tan asustada pero no sabía dónde vives… 

- Excelente, mantengámoslo así. -respondió él, demasiado cansado para seguir siendo tan amable como antes. -Dalia, hoy tengo mucho trabajo, ¿podrías regresar otro día?

- ¿Así es como tratas a tu prometida después de lo preocupada que estuve por ti?

- No lo tome personal, señorita Dalia. -Intervine ganándome una mirada de odio de su parte que prometía una muerte lenta y dolorosa. - El señor Daleman está muy presionado y prefiere poder darle toda su atención cuando pasa tiempo con usted.

Ante eso Dalia sonrió, como si hubiera ganado algo. Sólo faltaba su discurso de aceptación. Christian la acompañó a la salida, mientras comencé mi trabajo, varias reuniones debían planearse y al parecer los Daleman no creían en los días libres. Además, el detective Olmos insistía en volver a reunirse con nosotros sin aclarar de qué caso quería hablar.

Salimos temprano del trabajo a pesar de las enormes cantidades de papeleo que se debían completar y un memorable altercado entre la recepcionista y el guardia de seguridad.

- Entonces, ¿sigue en pie la cita? ¿Paso por ti mañana a las diez? -me preguntó Christian antes de irnos. - Prometo que no será nada demasiado raro.

- Claro, suena bien. -respondí sin considerar que entonces Christian sabría dónde vivía.

- Lleva tenis y recomendaría ropa cómoda. Juro que no te llevaría a bucear sin decirte antes. -bromeó recordando lo que había dicho en la mañana.

- Oficialmente tengo mucha curiosidad. ¿De verdad no me dirás a donde vamos?

- No, así funcionan los secretos.- dijo con una enorme sonrisa que mostraba sus dientes impecablemente blancos.

Caminamos juntos a la salida, pronto deberíamos separarnos y ambos queríamos posponer el momento. Me sentía incapaz de alejarme, a la vez sabía que había descuidado mis demás obligaciones por pasar tiempo con él. No podía continuar así, mi corazón no debía influenciar mis pensamientos y planes de esa manera. Ahora sentía que mi vida antes de conocerlo se sentía vacía sin importar cuanto dijera que mi venganza era suficiente.

Tomó mi mano en la suya, la calle alrededor estaba silenciosa, algo inusual en la ciudad.

- Te veré mañana, descansa. -se despidió, besando mi mejilla en un gesto rápido y tierno.

- Si, tú también descansa…

Dicho eso cada uno se fue, él a su coche y yo comencé a caminar a casa, tantas cosas habían cambiado en tan poco tiempo…Ahora podía admitir que estaba enamorada del hijo de mi enemigo, ahora sabía que el señor Daleman era más peligroso de lo que jamás pude imaginar y ahora sabía mejor que nunca cómo destruirlo…

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  • Daños Colaterales   48. Dos meses después

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  • Daños Colaterales   43. El enemigo.

    Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners

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