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37. Aliado Anónimo.

Author: Nocturnal
last update Petsa ng paglalathala: 2022-07-02 13:59:07

- Christian… ¿qué haces aquí?  Y ¿por qué me llamas Adriana? -pregunté, también quería decirle que escuché lo que dijo en la fiesta y lamentaba mucho no poder estar a su lado. Entonces algo hizo click en mi mente. - ¿Eres Aliado Anónimo?

- Así es, pero no es lo que parece…

- Parece que siempre estuviste manipulándonos a todos para deshacerte de tu padre.

- Ahm, bueno, entonces sí es lo que parece. -su voz sonaba honesta, yo no podía creer que todo ese tiempo me hubiera estado mintiendo, aunque no tenía derecho a sentirme ofendida, yo hice exactamente lo mismo. -Solo quería decirte que no voy a permitir que arruines tu vida de esta manera. Él no lo vale.

El señor Daleman se movió un poco, aún estaba inconsciente, pero comenzaba a despertar. Teníamos el tiempo contado. Nunca, ni en mis más locas teorías imaginé que Aliado Anónimo fuera el mismísimo Christian Daleman. Ahora solo quedaba averiguar si sus razones e intenciones eran las correctas, ¿sería un niño mimado desesperado por heredar o una víctima más de Daleman dispuesta a hacer justicia por mano propia? Él debió interpretar mi silencio como incredulidad porque se sentó recargó contra la pared más cercana con las manos levantadas en un gesto de paz.

- Puedo explicarlo todo, de verdad. Aunque quizás no aquí. ¿Podemos salir un momento?

-Sí, aquí y ahora. Yo estoy lista para hacer lo que muchos otros no han logrado, ¿y tú?

- ¿Ya pensaste en las consecuencias? Será el final de tu vida, además quitar una vida no es tan sencillo como parece ...

- Por supuesto. Sé que matarlo no me regresará a mis seres amados, o mi vida, pero al menos impedirá que lo vuelva a hacer. Nadie más sufrirá por su culpa, nadie será su víctima a partir de hoy.

- No lo hagas…-suplicó Christian, de repente me pareció demasiado inocente.

- ¿Porque es tu padre?

- No, porque voy a morir de todas formas. -replicó el hombre atado en la cama.

Existían rumores al respecto, pero era demasiado conveniente para ser verdad. Podía ser un desesperado intento por salvar su patética y cobarde vida.

-Miente. -respondí, conteniéndome para no gritar.

- Yo mismo lo corroboré anoche. Su doctor me lo reveló todo… por el precio adecuado. Tiene cáncer, le quedan máximo dos meses de vida.

- ¿Por qué debería confiar en ti? Eres un Daleman, su sangre corre por tus venas.

La expresión de Christian cambió en cuestión de un instante, como si una sombra hubiera cubierto su semblante. Sus ojos se llenaron de dolor, recordé lo mucho que le desagradaba ser llamado Daleman cuando los conocimos, también recordé su pesadilla, la forma en que le rogaba en sueños a su padre…

- Hijo, ¿de verdad la apoyas a ella?

- Así es, porque quizás tú ya lo olvidaste. Yo recuerdo perfectamente esa noche. Mi madre me pidió que me escondiera, pero no le hice caso, me quedé con ella mientras varios de tus guardaespaldas la molían a palos, intenté detenerlos, intenté suplicarte… te pregunté por qué lo hacías, por qué odiabas a mamá…-su voz se quebró, temblaba con una mezcla de ira y tristeza contenidas por mucho tiempo, quizás demasiado. - Ignoraste a tu hijo y ordenaste la muerte de tu esposa. Ese día decidí que haría todo cuanto estuviera a mi alcance con tal de detenerte.  

- Creí que perdiste la memoria.

- Nunca olvidaría lo terrible que fue ver a mi padre convertirse en un monstruo.

Yo no sabía que decir, o si me correspondía siquiera decir algo. La verdad resultó ser demasiado dolorosa, aunque podía entenderlo. Al final del día Christian hacía lo mismo. Ambos perdimos a personas importantes por culpa del señor Daleman. Sus claros ojos mostraban años de tristeza e impotencia, de ver a su padre destruir impunemente a los demás sin poder hacer nada para evitarlo, de perpetuar una mentira para poder algún día vengar a su madre, de fingir que no recordaba el peor día de su vida. No era difícil de entender. No podía decirme la verdad desde el inicio, yo no había confiado en él, ¿por qué debía Christian confiar en mí?

De algo estaba segura, las revelaciones de los últimos minutos no habían disminuido mi amor por Christian, más habían aumentado mi odio por su padre.

- ¿Prefieres dejar que siga con vida? -le pregunté mirando sus ojos.

- Solo se que tú, Adriana eres lo mejor que me ha pasado en esta vida. -quise responder algo, pero levantó una mano pidiéndome que lo dejara continuar. -No eres tú quien debe pagar hoy. Si alguien debe matarlo, entonces lo haré yo. Deja el arma y vete. Prometo que nunca podrán rastrear nada de esto hasta ti. Ra… Adriana, mereces ser feliz y tener la vida larga y llena de alegría que tu padre habría deseado para ti.

- No me iré sin ti. -dije, exhibiendo mi típica terquedad, uno de mis principales rasgos desde la infancia.

- Aun si te quedas, no quiero que él te convierta en una asesina, no lo vale.

Ambos Daleman parecían muy conflictuados, el semblante monótono del señor Daleman reflejaba una ira tan incontrolable que hacía que su labio superior temblara un poco. Si lo dejábamos vivir no se detendría hasta destruirnos. Si dejaba que Christian matara a su padre no podría vivir conmigo misma. Al final la decisión era sencilla. Amaba a Christian demasiado como para verlo manchar sus manos de sangre. Pensé en Antonio, dispuesto a hacer lo correcto para todos, en mi padre que prefirió cargar con el peso de la investigación prácticamente solo con tal de mantener a su familia a salvo… yo sería como ellos.

- Debo hacerlo yo. -dije y sin darle tiempo a los demás apunté el arma y jalé el gatillo.

Años después no lograría recordar el momento exacto del disparo, escuché el sonido de mis pesadillas mucho más cerca que nunca y al instante creí estar de regreso en el bosque entre los gritos y la sangre. Alguien me guio a las escaleras de servicio. En algún punto dejé de tener la pistola en las manos y lo próximo que supe fue que Lucía me había llevado al pent-house de Christian e intentaba limpiarme las manos.

- No puede haber huellas de pólvora, ¿Rachel? ¿estás bien?

- ¿Qué pasó?

- Te deshiciste de ese bastardo. Christian está con los policías, dijo tener un plan para salvarte ¿tienes idea de que era? -apenas me sentí con suficiente fuerza y me conformé con negar con la cabeza. - Bueno, debemos quedarnos aquí por ahora.

Asentí, no había nada más por hacer. A pesar del muy real riesgo de terminar en prisión mi mayor preocupación era Christian, intenté ver las noticias, pero solo se hablaba del “terrible atentado contra el exitoso empresario de bienes raíces el señor Daleman” y la “escandalosa fiesta donde plantan a la hija de un importante millonario”. Nadie daba los detalles que deseaba escuchar y terminé apagando la tele.

- Entonces, ¿él era Aliado Anónimo? -preguntó Lucía, se había sentado a mi lado con dos tazas de café humeante en sus manos.

- Así es. Siempre nos estuvo apoyando…

- No tenemos que hablar, es posible que estés en shock.

- Okay. Pero si quieres preguntar algo…

- Puede esperar, tranquila.

Pasaron las horas, afuera ya había oscurecido cuando al fin escuché algo sobre Christian, la policía dio un comunicado de prensa donde revelaron que no lo consideraban sospechoso de ese o algún otro crimen y la situación entera parecía ser un accidente.

- No sé cómo lo hizo. -murmuró Lucía asombrada.

- Conoce a su padre mejor que nadie.

Dos horas después dormitaba en el sillón cuando la puerta se abrió. Intenté levantarme, en vez de eso solo logré mover un poco la cabeza. Sentía el cuerpo pesado contesía de la adrenalina abandonándome cuando ya no estaba ante mi mortal enemigo en el último paso de mi plan.

- Ambas están a salvo, yo tengo que irme, los socios piden una reunión de emergencia en las oficinas de Miami, esto no puede esperar. -le informó Christian a Lucía. -Espero poder regresar pronto.

- No tuve oportunidad de preguntar antes, no parecía el momento adecuado, pero ¿de verdad amas a Rachel?

- Así es, aunque haría esto de todas formas, aún si no la amara. Es lo correcto.

- Si la lastimas…

- Imagino que tienes un lugar aislado donde nadie escuchará mis gritos. -casi podía escuchar su sonrisa. -no lo haré, lo prometo. Debo advertirte que quizás mi padre tenía algún plan de respaldo en caso de su muerte, si es posible intenten pasar desapercibidas por un par de días. Ammm y por favor, dile a Rachel que la amo.

- Regresa pronto y díselo en persona.

No pude luchar más contra el sueño, mis párpados cual pesadas puertas se cerraron. Volví a despertar en la mañana, el Sol indicaba que era cerca del medio día y el lugar parecía vacío. Me levanté del sillón. Nunca pensé que matar a Daleman me afectaría tanto, en especial si todo había salido bien; no era sospechosa de haberlo matado, Christian no me odiaba y seguía viva. El único escenario que jamás me atreví a imaginar. Ahora me sentía vacía, nunca pensé en el futuro más allá de mi venganza.

-Hola, no quería despertarte. -dijo Lucía, acababa de salir del baño. - ¿Estás bien?

- Sí, eso creo.-el temblor en mi voz de verdad no ayudó a convencer a Lucía de que me encontraba bien.

Ninguna de las dos habló durante varios minutos, tenía que contenerme para evitar salir corriendo tras Christian. La razón de que siguiera viva y de que deseara estarlo. Esperaría su regreso, no tenía la menor duda. Sin importar cuánto tiempo tardara, yo estaría esperando.

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