LOGINEl lunes regresé a la compañía a trabajar como si nada fuera de lo usual hubiera sucedido en la fiesta. Todos me miraron de manera extraña, aunque quizás tenía que ver con la confesión de Christian y la abrupta cancelación de su compromiso. Aún así no podía evitar sentirme observada, como si supieran que era culpable y esperaran el momento adecuado para hacérmelo saber. Incluso el guardia en la entrada se mostró un poco más silencioso de lo usual.
- Hola, Rachel. Vimos lo que pasó. -Me saludó Angélica. - Debió ser horrible estar ahí…
- Yo me fui temprano. -mentí, recordándome una vez más que ellos no tenían razones para sospechar. -Me enteré por las noticias. Espero que el señor Christian se encuentre bien…
Ni bien falleció el señor Daleman surgieron los rumores de al menos tres mujeres que decían ser sus parejas y haber tenido a sus hijos, demandaban o dinero para guardar silencio o ver el testamento del empresario. ¿Christian estaría al corriente de eso? Siempre sospechó que su padre tenía otra familia y los rumores parecían confirmar su teoría. Cada vez que escuchaba su nombre en las noticias debía contener el impulso de comprar un boleto a Miami y empacar mis maletas para una estancia indefinida en otro país.
El trabajo era aburrido sin Christian ahí, todas las decisiones importantes debían recibir su aprobación vía videollamada o correo electrónico. Apenas teníamos tiempo para saludarnos antes de tener que hablar del trabajo. Si bien la diferencia horaria era de solo una hora, definitivamente no facilitaba la comunicación. Los primeros cinco días pasaron en un torbellino de actividad. El detective Olmos determinó que el señor Daleman era la única persona responsable en el asesinato del señor Cruzz y Lucía había terminado de compartir la información de sus tratos sucios, dejando a la compañía en un estado de agitación e incertidumbre.
Frecuentemente vi su nombre en los periódicos y revistas, seguidos por una sarta de especulaciones que no tenían ni pies ni cabeza. Aseguraban que romper el compromiso con Dalia fue una “maniobra económica” y jugó con los sentimientos de la joven, o que de seguro tenía una amante quien lo controlaba y quien lo obligó a terminar el compromiso. Nadie parecía querer ver la realidad, que Christian nunca amó a Dalia. Aun si no me hubiera conocido no se habría casado con ella.
- Buenos días, secretaria Guerra. -me saludó el detective Olmos una mañana mientras esperaba en la fila de la cafetería. -Espero poder hablar con usted.
- ¿Es urgente?
- No es urgente, solo importante. ¿Estará libre en la tarde? Si quiere podemos vernos aquí mismo. Aunque un lugar lejos de miradas curiosas sería mejor.
- Bueno, lo veré aquí a las ocho, ¿le parece bien?
- Excelente. Que tenga un buen día. -dio la vuelta y salió sin comprar nada.
Me pareció extraño, no había escuchado de él además de la noticia sobre el verdadero asesino del señor Cruzz. ¿Qué sería tan importante para justificar una reunión? Pensé en decirle a Lucía, pero ya había comenzado otra investigación, tenía un nuevo proyecto. No podía culparla por seguir adelante, tampoco me sentía cómoda interrumpiendo su nuevo trabajo. Quizás no éramos tan amigas como me gustaría pensar y temía descubrir algo así.
No pasó nada interesante en la oficina, aparte de que por fin nos dieron permiso para regresar a las oficinas de la compañía. Cuando le di la noticia a Christian le alegró bastante, aunque lamentaba no estar ahí para ayudarnos.
- Está bien. -le aseguré en nuestra video llamada. - Así ya estaremos instalados cuando regreses.
- Okay, entonces lo dejo en tus capaces manos, Rachel.
En público me seguía llamando Rachel y cuando sabía que nadie más podía escucharnos por accidente me llamaba por mi verdadero nombre. Se sentía bien saber que no me amaba solo como Rachel Guerra. Y a pesar de tener kilómetros entre nosotros y estar en distintos lados de una de las fronteras más custodiadas del mundo, sentía como si estuviéramos más cerca que antes.
- Desearía poder estar ahí.
- Con gusto te cambiaría de lugar, así tu vas a las aburridas juntas y yo ayudo a mover muebles.
- Dudo mucho que tus socios prefieran hablar conmigo. -reí, a veces cuando hablábamos me resultaba imposible contener la alegría.
La tarde, fiel al clima impredecible de la ciudad de México, resultó ser soleada al inicio y lluviosa pasadas las siete de la noche. Así terminé afuera de la cafetería aferrándome a mi paraguas. Se veía oscuro gracias a los negros nubarrones que cubrían el cielo. Otro paraguas se detuvo a mi lado, era el detective Olmos, vestido con ropa casual que en él lucía fuera de lugar. Porque nunca habría logrado imaginar al temible y determinado detective Olmos con ropa deportiva gris. Podía ser una maniobra para hacerme bajar la guardia, aunque lo dudaba mucho.
- Secretaria Guerra, ¿caminamos un poco?
Asentí, lo seguí a una calle vacía, cercana a un pequeño parque cuyo nombre nunca me molesté en aprender. Nos detuvimos en la esquina.
- Tenemos un problema. Alguien dejó varias notas amenazantes en mi oficina, todas relacionadas con el caso Daleman. Pensé que esta le interesaría…
Sacó un papel de su bolsa, era una hoja tamaño carta doblada tantas veces que al desdoblarla quedaban marcados. La abrí, adentro con una letra casi sin forma y había una lista de nombres acompañados de la frase “Para mí ya están muertos, para los demás pronto lo estarán…”. Entre los nombres reconocí el del detective Olmos y la detective Islas, Christian Daleman, su padrino y Rachel Guerra, entre otros.
- ¿Debemos preocuparnos? -miré al detective a los ojos, nada en él sugería temor.
- Creo que sería prematuro, le informo sobre esto porque todos a mi alrededor insisten que debe ser una broma, pero podría ser obra del señor Daleman. Un plan de respaldo para deshacerse de quienes lo traicionaron o quizás mis colegas tiene razón y ya estoy viendo cosas. Solo… debería estar al pendiente, cualquier cosa fuera de lo normal podría ser algo muy serio.
- Lo entiendo. ¿Debería avisarle a Christian y al señor Ricardo?
- Esperaba poder resolverlo antes de que llegara a ellos, ¿usted qué opina?
- Ellos merecen saber.
- ¿Merecen vivir con temor, cuidándose de cada sombra y de cada ruido?
- Podemos esperar. -concedí, aliviada de que al menos Lucía se había salvado de la lista. -Pero se los diré a la primera señal de problema.
El detective miró alrededor, sus ojos oscuros se detuvieron en varios puntos de la calle desierta, parecía estar evaluando los riesgos que presentaba mi sugerencia. Nunca lo había visto tan nervioso, ni siquiera cuando el hermano del señor Cruzz intentó matar a Christian por su culpa.
- De acuerdo, solo en caso de problema… suena justo. Bueno, debo irme si necesita algo ya sabe dónde buscarme.
- Gracias, detective.
Sonrió por un breve instante. Me preguntaba qué tan genuina sería la amenaza, seguí al detective con la mirada hasta que dobló una esquina y se perdió de vista. Entonces escuché el chirrido de los frenos de un auto y dos disparos. Dejé caer el paraguas al suelo y corrí en dirección del sonido. Cuando llegué había un alboroto de personas muchos curiosos merodeaban la calle y el auto había acelerado. En el suelo, tiñendo con su sangre un gran charco de agua, estaba el detective Olmos. Me acerqué, ya no respiraba. Con la excusa de buscar un pulso logré sacar las notas de su bolsillo. Tenía que alertarle a los demás y pronto.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







