LOGIN- ¿Los policías sospechan de Christian? -pregunto Lucía.
Nos reunimos enfrente de las rejas de Chapultepec a la media noche, aun había algunas personas, pero no había suficiente luz para que nos vieran bien. La mejor forma de esconderse es a plena vista, al ojo ajeno éramos dos amigas caminando juntas hacia la estación del metro, platicando de cualquier tontería con tal de pasar el tiempo.
Comenzó nuestro trayecto por el metro Chapultepec, de camino a la estación Auditorio, no tenía mucho sentido el trayecto en sí, su única razón de ser era darnos todo el tiempo posible para hablar y pasar un poco desapercibidas. Guardábamos silencio cuando alguien pasaba cerca y Lucia cada cierto tiempo miraba alrededor, cuidadosa incluso de los coches que pasaban en la avenida.
Lucía era alta y delgada, de ojos oscuros que parecían estar analizando todo cuanto veían. Usaba lentes de fondo de botella y siempre se vestía como bibliotecaria; falda larga, blusa formal y un chaleco café para completar el conjunto. No parecía alguien capaz de planear por años con tal de destruir a un empresario corrupto, de hecho, se veía incluso tierna, como el tipo de persona que hornea galletas y es voluntaria en un refugio de perritos. A veces me preguntaba qué hacia en su tiempo libre, aparte de ayudarme.
-Eso parece, aunque no estaba en el país cuando sucedió y el empleado en cuestión casi no convivía con él. De hecho, el señor Cruzz no responde ante Christian Daleman, es de los pocos empleados que aun dan informes directo al señor Daleman.
-Hm, es interesante, ¿no lo crees? El señor Daleman si estaba aquí y tiene muy buenas razones para hacerlo. -comentó ella, miró discretamente sobre su hombro sin detenerse.
Yo no era tan buena investigando como Lucía, solía confiar en sus datos y rara vez se equivocaba. Miré pasar un coche blanco que prácticamente brillaba en la oscuridad.
- ¿Cuál fue su motivo? - pregunté
-Bueno, hace varios años hubo un rumor sobre la compañía, se creía que utilizaban sobornos e intimidación para conseguir mejores tratos tanto con clientes como con quienes les vendían los terrenos. Se creía que saldría algo importante cuando el señor Cruzz informó que daría una entrevista que no le agradaría a su jefe. Daleman se adelantó, lo nombró un espía y mentiroso. -Me pasó una bolsa negra que de seguro contenía evidencia. - ¿Por qué conservaría a un espía en su compañía? ¿Por qué no despedirlo?
-Quizás quería tener a alguien manipulable y agradecido con él. -respondí. Eso es lo que yo haría, siempre es bueno tener a alguien endeudado contigo.
-Es una posibilidad, la otra es que todo fue una farsa para evitar el escándalo, pronto verás que los rumores coincidieron con el trágico fallecimiento de dos hombres, tu padre y Antonio. No fueron los primeros en morir de forma tan extraña durante las negociaciones con Daleman.
-Pero nadie me creyó cuando hablé, solo tu…
-Fue un rumor pequeño, apenas apareció en un par de periódicos, Daleman no puede arriesgarse, cualquier duda puede provocar una investigación más profunda y él lo sabía, también lo sabía el señor Cruzz e intento aprovecharse de ello. Creo que eso fue lo que pasó.
Lucía siempre era tan directa, mencionaba las cosas tal cual eran sin preocuparse por las emociones de los demás, por eso la odiaban muchas personas, sin embargo, yo lo agradecía. Fue la primera persona en tratarme normal después de aquella noche. Nunca me miró con lástima y eso me hizo adorarla.
-Entonces, Daleman y Cruzz acordaron todo y así cortaron los rumores. La verdad, no me sorprende, pero ¿por qué matarlo?
-Dinero, imagina esto: Cruzz está en bancarrota, le gustan las acompañantes costosas y está a punto de divorciarse, su esposa está harta de sus infidelidades y planea quitarle lo poco que le quedaba. Cruzz le pide más dinero a Daleman, un hombre capaz de matar, mentir y traicionar para salirse con la suya.
-Debiste ser detective, eres mejor que ese tal Olmos.
-Lo fui, luego descubrí que para conseguir justicia tenía que hacerlo por mi lado, con la opinión del publico como juez, jurado y verdugo. Te ayudo porque alguien debe detener al señor Daleman, ya ha hecho demasiado daño y nadie logra demostrarle nada. Incluso estos papeles son insignificantes contra sus abogados. Toda la evidencia del mundo no sirve contra un sistema corrupto.
-Tienes razón. Y agradezco mucho tu ayuda. Aun no se que hacer con esta información, pero algo se me ocurrirá.
-Como lo veo tienes dos opciones, usar la información para ganarte el apoyo del hijo o esperar y usarla para manipular a Daleman cuando lo veas. Solo recuerda tener cuidado.
-Por supuesto, si algo me pasa, ¿quién va a vencerlo?
-No me refiero a eso, hay algo raro en esa compañía, algo me da mala espina…-su voz se redujo a un susurro mientras regresábamos al metro. -Presiento que hay mucho más en juego…
Lucía se fue sin despedirse, detuvo un taxi enfrente de la estación y subió sin mirar atrás. Yo no sabía qué pensar. Todas las piezas del rompecabezas embonaban, quizás con demasiada facilidad. Yo llevaba años investigando a Daleman, Lucía desde antes de graduarse, al menos veinte años atrás. Yo no era la única que tenía cuentas pendientes con Daleman. Había algo en el pasado de la periodista e investigadora que aun no lograba vislumbrar y la impulsaba a ayudarme.
- ¿Rachel? ¡Que coincidencia! No esperaba volver a verte hoy. -dijo Christian aproximándose, ¿qué demonios hacía ahí?
-Am, tomaba un paseo señor, y si debo ser honesta yo tampoco esperaba volver a verlo.
-Ah, nada mejor que una caminata cerca del bosque para terminar el día. -miró los árboles, rodeados por la alta reja verde oscura que de noche más bien lucia negra. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Acaso vio a Lucía? -De hecho, esperaba hablar contigo mañana, pero mejor lo platicamos de una buena vez, ¿te parece?
Asentí, nos recargamos contra las rejas, debía permanecer tranquila, así quizás no sospecharía nada.
-Mi querido padre quiere conocerte, al parecer Luisa habló con él y no esta nada contento. Cree que eres mi pareja y por eso te pido disculpas…
-Esta bien, yo accedía a acompañarlo, supongo que siempre fue una posibilidad que alguien más se enterara, en especial cuando hablé con la señorita Montemayor.
-Mmmm tienes un punto, ¡ay que alivio! ¡No soy el único culpable! - Fingió un exagerado suspiro, digno de una mala comedia. -Ya en serio, de verdad me siento mal, no le agrada para nada la idea y me preocupa que sea un idiota contigo.
No quise decirle que en realidad su padre no podía hacer nada más para lastimarme, el me había quitado lo que más me importaba en la vida ¿Qué podía dolerme de la misma forma? ¿Algo me causaría esa clase de sufrimiento? Conocía la respuesta y no tenía la menor duda, no cuando despertaba todas las noches con el sonido de un disparo en mis oídos.
-No será la primera vez que lidio con suegros exigentes. -le aseguré. -los padres de mi ex me odiaban, al final del día no es su opinión la que importa. Fingimos salir por un tiempo y después terminamos para no afectar el trabajo.
-Excelente plan, ¿entonces cuándo cenamos con mi padre?
- ¿Estará bien la próxima semana?
-Se lo diré, de seguro no le gustará, aunque en realidad nada le agrada. Oye, se me olvidó preguntar… ¿Irás a algún lugar o vas de regreso a casa?
-Voy a mi casa, tanto mover muebles me dejó muy cansada. Creo que la última vez que hice algo así fue cuando me mudé de casa de mis padres. -comenté, recordando la mudanza más cansada de mi vida, cuando me mude a la casa que compartiría por dos gloriosos años con Antonio. - Nunca pensé que lo diría, pero extraño correr por la oficina en tacones.
-Bueno, entonces te veré mañana. -se despidió. -descansa, no será un día sencillo. El detective Olmos quiere verlos, quizás tiene una nueva y brillante teoría.
Regresé a casa pasada la una de la madrugada. La ciudad se veía bastante solitaria y oscura, por lo general no me gustaba caminar sola de noche, pero necesitaba aclarar mis ideas, la posibilidad de que Olmos estuviera trabajando con Daleman para quitar a Christian del camino era bastante real. Camine por las oscuras calles, resguardándome entre las sombras mientras le daba mil vueltas en mi cabeza a las palabras de Lucía.
Mi trabajo y cercanía con mi jefe me acercaban bastante al señor Daleman y era una conexión que valía la pena proteger, conservar y nutrir. Era pura conveniencia, de verdad, no tenían nada que ver mis nacientes sentimientos por el hombre de ojos claros capaz de sonreír de forma que todas las nubes en el cielo desaparecían y toda preocupación quedaba en el olvido. Rayos. No importaba cuanto me mintiera, la verdad era clara como el día, comenzaba a sentir una conexión más allá de la conveniencia o lo profesional con Christian y lo peor, no podía hacer nada para evitarlo…
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







