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8.Una crisis menor.

Author: Nocturnal
last update publish date: 2022-01-31 03:18:18

La policía se negó terminantemente a dejarnos sacar cualquier objeto de la escena del crimen, ni siquiera la placa en la puerta del señor Daleman pudo ser salvada. Todo podía ser evidencia y cada detalle contaba ante la ausencia de cámaras de seguridad, un movimiento cuestionado por el detective a cargo, Javier Olmos y su compañera en el caso, Silvia Islas.

Ambos solicitaron reunirse con Christian a la brevedad, lo cual él decidió sería a las seis de la mañana del día siguiente. Los dos llegamos casi a la misma hora, había dos patrullas en la puerta y las cintas amarillas impedían el acceso al edificio. Cualquiera podía notar que se trataba de una escena de crimen. Caminé a su lado hasta la cinta, donde dos policías nos detuvieron.

-Nombres. -Dijo uno de ellos, claramente generoso con las palabras.

-Soy Christian Daleman, pidieron verme. Ella es Rachel Guerra, mi secretaria. -me señaló al decir mi nombre, el oficial sólo nos miró con expresión de aburrimiento antes de dejarnos pasar por debajo de la cinta y hacia una oficina vacía en la planta baja.

-Bienvenido, señor Daleman. -Lo saludó el detective a cargo, un hombre alto, trajeado, de piel morena y ojos que parecían mirar hacia lo más profundo del alma. -No creí que necesitara a su secretaria para una sencilla entrevista con la policía.

-Yo estoy aquí en caso de que el señor Daleman necesite entregar alguna información de la compañía. -respondí desafiante.

-Tengo toda la intención de cooperar con usted, detective. Ambos queremos lo mismo.

-Lo dudo mucho, señor Daleman. -Lo interrumpió la otra detective, una mujer delgada, de apariencia frágil: ojos azules, piel pálida y cabello castaño rojizo. -Las grandes compañías siempre están mas interesadas en contener el escándalo que en conseguir justicia.

-Necesitamos información de los casos que su empleado, el señor Luis Cruzz llevó en los últimos seis meses, también si tienen un registro de entradas, nombre de todos los empleados de esta oficina y unas copias de las llaves.

- ¿Llaves? No tenemos nada cerrado con llave, política de la empresa. -respondió mi jefe confundido. - Tampoco permitimos que se usen cajas fuertes por la misma razón…

-Pues déjeme decirle, señor Daleman que el escritorio de SU empleado está cerrado con llave. También tiene una caja fuerte, ¿me está mintiendo? -Inquirió el detective, en su rostro una expresión de triunfo que apenas lograba contener. -Hay dos posibilidades aquí, o el señor Cruzz le ocultaba algo, o usted tiene razones para mentirme.

-O una tercera, el señor Cruzz le ocultaba algo a alguien más. -Intervine. - Incluso una cuarta, el señor Cruzz ocultaba algo por ordenes de alguien más. La quinta, era paranoico o alguien lo robaba los lápices. ¿Sólo tienen teorías?

Ambos detectives me miraron como si quisieran matarme, Olmos se cruzó de brazos mientras su compañera se acomodó el cabello con la mirada fija en el suelo.

- ¿Ella es su secretaria o su abogada? -Bufó él.

-Es mi secretaria, habiendo aclarado eso…-continuo Christian. - En el transcurso del día les haré llegar toda la información que tengamos del señor Cruzz, los nombres de algunos clientes son confidenciales y necesitare una orden para eso, en cuanto a las llaves puedo pagarle un cerrajero.

-No será necesario.

-Como gusten. ¿Podemos retirarnos? -Christian miró al detective Olmos, esto lo incomodó bastante.

-Claro, pero no pueden sacar nada y nadie más puede entrar el edificio, ¿entendido?

-Por supuesto.  

Los dos salimos, las calles comenzaban a llenarse con personas de camino a sus trabajos o a dejar a sus hijos en las escuelas cercanas. El Sol iluminaba los altos edificios mientras caminamos de regreso al coche. El chofer esperaba, apagó la radio cuando subimos y comenzó a conducir.

-Disculpe, ¿a dónde vamos?

-Anoche contacte al dueño de la casa que me mostraste, es una excelente inversión, incluso estoy considerando intentar comprarla cuando todo esto pase… bueno, estuvo de acuerdo en rentarnos a partir de hoy por al menos dos semanas. Hiciste un buen trabajo.

-Gracias, señor.

-Y tenías razón, me estaba desquitando contigo y por eso te debo una disculpa…

-No es necesario yo estuve fuera de lugar…

-Una de las cosas que más odio de mi padre es que nunca pide disculpas, yo intento no ser como él. Lamento haber sido un idiota ayer, prometo que no volverá a pasar y si pasa tienes permiso de darme una cachetada o lanzarme un zapato o algo.

-Lo tendré en mente.

Christian sonrió, esa m*****a sonrisa que atravesaba todas mis defensas, todos los muros que había erguido alrededor de mis sentimientos, llegaba a lo más profundo de mi corazón y me hacía sentir una calidez que solo puede compararse con un abrazo. Era una sonrisa hermosa, una que no quería olvidar nunca.

La casa era tan hermosa como en las fotos, con altos muros bien cuidados, techos con vigas de madera y macetas en cada rincón. Varios trabajadores de la compañía estaban acomodando las futuras oficinas comunitarias, ese tipo de lugar no permitía una oficina por persona, los espacios eran demasiado grandes y abiertos para eso.  Quizás seria bello hogar algún día.

-Vaya, es impresionante…-dije.

-Lo es, ¿te cuento algo privado? -asentí, Christian miró en todas direcciones antes de continuar. -Siempre soñé con una casa como esta para mi futura familia, con un patio que pueda ver desde mi oficina, así nunca me perdería de ningún momento de mis hijos. Papá dice que es una tontería y la verdad a Luisa no le hizo nada de gracia…

-Me parece adorable, señor. Usted será un buen padre.

-Eso espero, odiaría ser como… ya sabes.

-Creo que ya es muy diferente a su padre… ehm, por lo que he oído. -aclaré, se suponía que yo no conocía al señor Daleman. - Ni siquiera los han nacido y ya está planeando formas de pasar mas tiempo con ellos aun cuando tiene muchas responsabilidades.

-Gracias, eres la única que lo cree.

Cerca del anochecer regresé a casa, no había mucho para que una secretaria hiciera, pero ayudé a acomodar muebles y orientar a los demás trabajadores que aun no estaban bien enterados de la situación con Cruzz, hasta el momento a nadie le había sorprendido que este tuviera su escritorio cerrado con llave “siempre fue muy precavido” era la opinión de la mayoría al respecto. Unos pocos lo llamaban excéntrico y su secretario se limito a encogerse de hombros sin comentar nada. Todos acordaron no hablar con la prensa e ir a la policía si pensaban en algún detalle importante.

Ahora tenía mas dudas sobre la muerte del señor Cruzz, por lo que escuché parecía un empleado ejemplar, si acaso muy cuidadoso con su información. Nadie lo odiaba, a nadie le agradaba y nadie dijo algo malo sobre él.

Tenía todo el cuerpo adolorido y me deje caer en el sillón sin siquiera quitarme los zapatos, que llevaban medio día martirizando a mis pies. Revisé mi teléfono. Rayos, siete llamadas perdidas de Lucía Diaz. Debió rendirse después de eso porque dejo un mensaje: “Llámame en cuanto puedas, tengo información del caso Cruzz. Debo verte en persona, es muy importante.”

Tras nuestra primera reunión nunca la veía en persona, si acaso por videollamada, pero nunca así. Era por seguridad de ambas, si me atrapaban cuando matara al señor Daleman no habría evidencia que llevara a ella.  ¿Qué podía ser tan importante?

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