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Capítulo 86 primera parte

Autor: Ranacien
last update Fecha de publicación: 2022-05-28 05:56:09

—Debes tener algo genial bajo tu manga para lograr traernos aquí a pesar del peligro al que nos enfrentamos. 

Peter se giró de súbito al escuchar la exclamación de Lenis, viéndola alterada y con evidente molestia.

—Es imposible que supiera que les recibirían de esa forma… 

—¡Casi nos matan! —gritó ella, interrumpiendo sus palabras.  

El viento removía su cabello castaño gracias a la gélida brisa que se aremolinaba en la terraza del apartamento, lugar donde Lenis salió para enfrentar a Peter, quien no se había retirado del edificio, a pesar de ya haber caído la noche. 

—Lenis, lo mejor es que te calmes. —Él gesticuló con las manos, hablándole entre dientes—. No lograrás nada desquitándote conmigo, así que tranquila. Si quieres hablar, por supuesto que lo haremos, pero gritando no lograrás nada conmigo, te lo advierto. 

—¿Cómo es posible que nos estuviesen esperando, Peter? ¡Por Dios! ¿Qué es esto, Peter, qué es esto? ¿Qué está pasando? ¿Tengo que empezar a desconfiar de todo aquel que me rodea? ¿Otra vez? Vamos de mal en peor. ¿Cómo sabían esos sujetos que llegaríamos en ese vuelo? ¿Ya ni en privado se puede viajar si se trata de mi padrastro? Me parece toda una locura, es todo insano, no comprendo cómo rayos sucedió algo así —seguía liberando ella, arrugando su rostro, gesticulando con las manos, evidentemente en desespero.

—¿Y acaso tú no crees que yo también debo desconfiar? —Ambos respiraban aceleradamente, mirándose las caras—. Después de tu secuestro, ya no trabajo igual, he cambiado todo en mi empresa, todo. ¡Vivo paranoico! Desconfío de quien se me atraviese. Solo puedo confiar en ustedes y en mi reducido equipo de tres personas, incluyéndome. Solo así es que confío, no puedo hacerlo en nadie más. 

Lenis negaba con la cabeza, caminando de un lado al otro.

—Esto no puede seguir sucediendo. —Ella golpeaba el dorso de su mano izquierda contra la palma de la derecha—. No podemos seguir viviendo bajo la sosobra de un sujeto que se ha burlado de todo el mundo, ya no más. —Dio una vuelta en su propio eje, alejándose un poco de él para luego regresar.

—Bájale el volumen a tu voz, ¿o quieres que George se despierte?

—Si George hubiese fallado, si hubiese estado solo y hubiese fallado ese disparo… ¡Casi pierdo a mi esposo esta mañana!

—¡Y yo casi pierdo a mi mejor amigo! —gritó Peter, demostrando estar igual de molesto y dolido que ella—. Sé que lo de hoy ha sido muy fuerte y muy pesado, pero debes tener confianza, Turgut aparecerá.

—Entonces, dime: ¿qué es lo que tengo que hacer para que todo se resuelva de una buena vez? Porque me trajiste hasta acá a pesar de lo que hemos pasado y no pienso quedarme tranquila hasta que ese hombre vaya preso. 

Peter y ella se atravesaron con sus miradas, nuevamente. El rubio, serio y adusto, molesto y emanando dolor por sus poros, respirando acelerado, decidió entenderla y comprender sus palabras, pero sin doblegarse ante ellas. 

—Muy bien. Te contactaré, Lenis. Cuéntale a George que pasaré temprano por acá.

—Peter… ¡Peter! 

Él se alejó de ella y entró al apartamento, aunque se detuvo antes de desaparecer de la vista de Lenis.

—Dile a tu esposo que no se vuelva loco, que me espere. Él entenderá. 

La secretaria frunció el ceño, viéndolo partir, bufando una cantidad de aire con lo cual pretendía calmarse.

***

George, de pie en una zona apartada del estacionamiento de su edificio, se encontraba acompañado por Peter y Maximiliano, los tres observando el desastroso Aston Martin, que era revisado por algunos agentes del departamento de criminología de la policía de la región. 

—Me llevaré a Lenis mañana a La Nave —susuró Peter, compartiendo una conversación con sus amigos, sabiendo que nadie más la escucharía. 

George no dejó de mirar su carro, pero escuchó muy bien lo que el rubio le dijo.

—Para eso regresamos a la ciudad, ¿no es así? —preguntó el abogado y señaló levemente al Aston. 

—¿Por qué no cambias el escenario del interrogatorio? —quiso opinar Max—. Esa jodida Carmen no hablará con nadie estando encerrada en esas cuatro paredes. 

Peter frunció el ceño y lo miró. 

—Tampoco lo hará en un hotel cinco estrellas, Max.

George sonrió, no pudo evitarlo y vendría siendo la primera sonrisa del día, luego de la amargura que intentaba no sentir al ver cómo esos maleantes le habían dejado su precioso automóvil.  

Max se giró completamente para poder mirar a Peter de mejor forma. 

—Carmen y Lenis van a conversar, eso es lo que se pretende, ¿o no? Se supone que Lenis no la interrogará y la idea es que funcione. La más mínima duda o quiebre de esa señora, nos servirá. Deberías saber eso, querido Embert. 

Peter arrugó más las cejas, le señaló y miró a George con una interrogante que parecía preguntar: “¿Qué rayos le pasa a Max?”

El abogado nunca apartó la mirada de su carro, manteniendo los brazos cruzados y una mano sobre su boca, sosteniendo su apretada quijada mientras observaba la tarea de revisión. 

Se generó un silencio entre los tres que George rompió:

—¿Cuánto durará este protocolo?  

—Es solo un informe que se debe llenar, Miller. Ni siquiera deberíamos estar acá. —Peter miró al abogado en silencio, analizándolo—. Te puede dar algo, George. Ayer estuviste en cama y ahora, ver el Aston así, pues… —Curveó sus labios hacia abajo, elevó las cejas y alzó las manos—. No lo sé, yo que tú, me iría.

Max se echó a reír, metiendo sus manos dentro de su pantalón de vestir color negro, viendo cómo George se giró para mirar a Peter con cara de aburrimiento, daba media vuelta y se metía en el edificio. 

Segundos después, el resto de los jefes le siguió, no sin antes que Embert le hiciera una seña al equipo para que le avisaran cuando terminaran. 

Subiendo en el asensor, Peter recibió una llamada. Era J.T. 

—Jefe, tenemos algo, necesitamos reunirnos. 

—¿Qué encontraron?

Peter escuchó. Y a medida que la información entraba a su cerebro, sintió como si la máquina en la que vijaba se hubiese detenido. 

Cuando Max y George vieron en su cara que algo estaba sucediendo, sintieron lo mismo. 

El asensor llegó a su destino, abrió el par de puertas y todos descendieron del aparato en medio de un silencio casi sepulcral. 

Peter siguió escuchando a J.T, ya detenido frente a la puerta del apartamento del abogado, ubicado en el piso diez de aquel edificio. 

Dejó caer su mirada, sin enfocarla en nada. Asintió sin hacer preguntas, solo escuchando, cerrando los ojos por segundos y restregándose los párpados. 

—Está bien, te llamaré. —El agente colgó y miró a los demás. 

Ambos esperaron por un par de segundos a que él dijese algo. 

Peter se había quedado completamente serio, la jocosidad anterior, esa que siempre usaba en momentos difíciles para despistar toda tragedia, ya no estaba presente ni en sus ganas, ni en su mente. 

—¿Vas a decir algo? —apuró Maximiliano.

El interrogado suspiró. 

—Debo coordinar un nuevo operativo que posiblemente… nos ayude a encontrar a Francis de Turgut. —Dijo aquello, mirando directamente a los ojos de cada uno. 

George comprendió que no eran buenas noticias. Lo miró con su eterna cara de póker, la misma que resultaba difícil de interpretar. 

Asintió y habló:

—Organiza una visita al hospital, le diré a Lenis que vaya a ver a T.C. Necesitamos que ella no esté acá.

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