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El Alfa ruega por mi perdón
El Alfa ruega por mi perdón
Cocojam

Capítulo 1

Cocojam
En el instante en que el auto atravesó la barrera de contención del puente, una sensación de ingravidez me inquietó.

—¡Vete al carajo, Anya! ¡Él es mío! —gritó Hattie. Su risa aguda y desquiciada resonó dentro de la cabina.

Un segundo después, el impacto hizo añicos las ventanillas y el agua inundó el lugar.

Mi loba me concedió un último impulso de fuerza. Abrí la puerta abollada de una patada y me abrí paso a zarpazos desesperados hasta llegar a la superficie.

Jadeé, tragando bocanadas de aire frío. Me aferré a un tronco flotante y presioné el botón de emergencias en el comunicador de mi manada para llamar a la patrulla. No contacté a Jaxon, mi Alfa y mi compañero.

La patrulla llegó a la orilla en menos de un minuto. Entre el caos, distinguí la imponente figura de Jaxon. Me vio aferrada al tronco, frunció el ceño con dureza y se lanzó al río sin dudarlo.

Pero pasó nadando justo a mi lado.

Solo cuando vi cómo sacaba a Hattie del agua e ignoraba mi existencia, un grito ahogado de auxilio logró escapar de mis labios.

En la orilla, los lobos de la patrulla formaron una barrera y me miraron desde arriba con desdén mientras yo me arrastraba por el lodo para salir del agua. Ni un solo guerrero me ofreció una mano. Llevaron cada manta térmica y cada botiquín de primeros auxilios hacia Hattie.

Jaxon caminó a zancadas hacia mí. Me fulminó con la mirada al ver mi estado, empapada y cubierta de lodo. La ira y un rastro de pánico contenido ardían en sus ojos. Apretó la mandíbula con furia.

—Anya, ¡¿perdiste la maldita cabeza?! —rugió.

Un sudor frío me cubrió por completo a causa de un dolor punzante en el vientre. El sabor metálico de la sangre se acumuló en mi boca. Podía sentir, con miedo, cómo la pequeña vida dentro de mí se desvanecía a toda velocidad.

En mi vida pasada, Hattie y yo enviamos señales de emergencia al mismo tiempo. Por mi bien y el del cachorro, él eligió salvarme a mí primero. Pero cuando regresó por ella, las corrientes ya eran demasiado fuertes. Hattie se ahogó. Fue arrastrada por las corrientes subterráneas y nadie pudo encontrarla.

En aquel entonces, Jaxon me aseguró que no pasaba nada y me pidió que no me culpara. Para mantenerme tranquila, delegó sus deberes en la manada para quedarse a mi lado hasta el parto.

Pero el día que di a luz, su fachada de Alfa amable desapareció. Nos arrastró a mí y a nuestro cachorro recién nacido hasta su auto. Enloquecido por la venganza, condujo a toda velocidad hacia los acantilados y nos arrojó al mar. El agua helada entró a raudales en la cabina mientras nos hundíamos. Antes de morir, vi la locura en sus ojos inyectados en sangre.

—Anya, ¿sabes lo que se siente asfixiarse poco a poco en el agua? ¡La mataste solo para tenerme para ti sola! ¡Te haré pagar, pendeja! —me había gritado en esa vida.

Después de eso, me ahogué en el fondo del océano junto a mi cachorro, tal como él quería.

Al recibir esta nueva oportunidad, mi único objetivo era alejarme de él para siempre. Jamás imaginé que me negaría hasta el cuidado más básico después de verme arrastrar por la orilla para sobrevivir.

Bajé la mirada y vi el enorme charco de sangre que se formaba debajo de mí. Mis manos temblorosas se aferraron a mi vientre, mientras una súplica ronca y desesperada brotaba de mi garganta.

—Salven a mi cachorro... por favor... —supliqué con un hilo de voz.

Un guardia de la patrulla, que corría a buscar más provisiones para Hattie, al fin me prestó atención. Me miró desde arriba, con los ojos llenos de asco. Acto seguido, me pateó con la punta de su bota.

—Déjalo ya, Luna —escupió con ira—. Toda la manada sabe que le tienes envidia a Hattie. ¡Sabías que el Alfa siempre cumple sus promesas y aun así fingiste un accidente de auto estando preñada! El Alfa ya la salvó, tu estúpido drama se terminó.

El lobo se rio en mi cara.

—La verdad, admiro hasta dónde eres capaz de llegar solo por llamar la atención del Alfa. ¡Qué lástima que el hermano de Hattie le salvó la vida a nuestro Alfa en el pasado! Más te vale rezar a la Diosa para que ella esté bien, ¡o él mismo podría rechazarte! —agregó con saña.

Hasta ese momento, yo no tenía idea de que la manada entera llevaba mucho tiempo cegada por la falsa inocencia de Hattie. Todos me odiaban.

Unas contracciones severas me desgarraron el vientre y me robaron hasta el último aliento. Había pasado demasiado tiempo en el agua fría. Mi piel adquirió un tono morado y los espasmos de mi cuerpo eran incontrolables.

La patrulla estaba ocupada asegurando el perímetro alrededor de Hattie. Ningún guerrero se acercó a preguntar si yo seguía respirando. Justo cuando los bordes de mi visión empezaron a oscurecerse, un lobo cerca de mí soltó un jadeo de sorpresa.

—¡Por la Diosa! ¿Por qué hay tanta sangre? Mierda, ¿acaso la Luna está herida de verdad? —murmuró un lobo cerca de mí, asombrado.

—¿Qué podría pasarle? —respondió otro guardia con fastidio—. Solo quiere que el Alfa la mire. Lleva todo el día haciendo sus rabietas de siempre. Da igual, ve a buscar a Jaxon.

El Alfa se abrió paso a empujones violentos entre la multitud. Se detuvo justo sobre mí, con la mirada en el denso charco de sangre que manchaba el lodo. Su respiración se cortó por un segundo. Apretó los puños a los costados con fuerza, pero obligó a su cuerpo a quedarse inmóvil.

—¿Qué estupidez estás fingiendo ahora, Anya? —exigió saber, sin compasión en su voz—. Condujiste fuera del puente a propósito, ¿y ahora usas bolsas de sangre para fingir un aborto y evitar tu castigo?

Incluso ahora, él seguía convencido de que yo provoqué el choque de forma deliberada. Creía que yo estaba usando al cachorro que él más deseaba como un objeto para manipularlo.

Quise abrir la boca para defenderme, pero mi garganta estaba demasiado seca para articular una sola palabra. El dolor en el vientre me estaba matando en vida. Lo único que pude hacer fue estirar la mano y agarrar la manga de su chaqueta, con la débil esperanza de que viera en mis ojos que yo suplicaba para que me salvara.

Jaxon se quedó tieso durante un momento que me pareció eterno. Luego, sacudió su brazo con violencia y apartó mi mano. Y, como si quisiera castigarme por mi insolencia, presionó mi vientre abultado con fuerza.

En realidad no fue un empujón tan brusco, pero sobre mi matriz desgarrada, se sintió como si me abrieran en dos con una espada al rojo vivo.

—Buena actuación. ¿Sangre falsa? ¿De verdad estás usando a nuestro cachorro como un peón para forzarme a ceder? —susurró, con una voz baja y amenazante—. Anya, estoy tan decepcionado de ti.

Con esas palabras, me dio la espalda y se alejó sin dignarse a mirar atrás ni una sola vez.

Después de su partida, el guardia que me había empujado gritó, consumido por el horror.

—¡Alfa! ¡Es sangre de verdad! ¡La Luna tiene una hemorragia severa! —exclamó, pálido.

—¡¿Está perdiendo al cachorro?! —gritó otro lobo y desató el pánico.

—Déjenla en paz. —El gruñido de Jaxon resonó a la distancia—. Sabía que vendría preparada. Mezcló algo de sangre falsa para ocultar el olor real del cachorro. ¿Cómo carajos podría morir mi heredero con tanta facilidad? ¡Está fingiendo la perra esa!

Un dolor agonizante me atravesó. Los bordes de mi visión se tiñeron de negro y, finalmente, me desmayé.

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