ANMELDEN—Señor, la señora tiene un problema.Rafael levantó la mirada.—¿Qué pasó?Ricardo le explicó entonces con todo detalle el alboroto de los trabajadores y colocó el celular con la transmisión en vivo frente a Rafael.En la transmisión, Vanessa subía sin vacilar hacia la azotea.Rafael puso una expresión tensa, se levantó y salió a toda prisa de la oficina.Ricardo no se atrevió a demorarse y lo siguió hacia la obra de construcción.Del otro lado, Vanessa subió a la azotea acompañada por el capitán de policía y varios de sus hombres.En la azotea había decenas de trabajadores, cada uno sosteniendo una pancarta, con los ánimos encendidos.Al ver aparecer a Vanessa, empezaron a insultarla al tiempo.—¿Por fin te dignas a aparecer? ¡Queremos el dinero de nuestro trabajo! ¿Pueden dormir tranquilos quedándose con lo que es nuestro?—¡Ustedes no son ni personas! ¡Páguennos ya, páguennos!Los trabajadores gritaban sus consignas uno tras otro, con la furia desbordada, como si en cualquier moment
Tras decir aquello, Vanessa dio media vuelta y se fue sin dirigirle una palabra más.Sebastián se quedó parado en el mismo sitio, abatido, mirando la dirección por la que ella se había ido. Su mirada se fue tornando feroz y rencorosa.Después, Vanessa volvió a la oficina y pasó todo el día revisando documentos. En esos días se había puesto al corriente de muchos proyectos de cooperación del grupo.Lo más urgente era resolver lo que Federico había mencionado: la huelga en la fábrica de autopartes y la de los trabajadores de la obra.Agachó la cabeza con cansancio.En ese momento, Daniel empujó la puerta y entró a toda prisa.—Señorita, hay un problema. Los trabajadores están haciendo un escándalo en la obra de construcción. Además, convocaron a varios reporteros. Un grupo de trabajadores se juntó en la azotea y dice que se van a lanzar al vacío.Vanessa cambió de expresión y se levantó para salir.—Vamos a la obra.Daniel, preocupado, salió con ella tratando de disuadirla.—Mejor no vay
Después de un momento, Bianca preguntó con cautela:—Supongamos que Rafael tuviera alguna razón de peso detrás de todo esto, ¿lo perdonarías?Vanessa bajó la mirada. No se le notó nada en la cara, pero en su interior sintió un dolor agudo.¿Razones de peso?—¿Qué razón podría ser tan importante como para negarme en público, aclarar ante todos y rechazarme como si no existiera? Bianca, si al abuelo no le hubiera pasado nada por culpa de esto, tal vez hasta me habría dado la paciencia para escuchar su justificación.Y con desgano añadió:—Pero en la vida no existen los “si hubiera”, ya no es posible.Bianca comprendía su forma de pensar y asintió con énfasis.—Exacto. Si no quieres perdonar, no lo hagas. Sin esos dos hermanos tampoco te vas a morir. Y tal como estás ahora estás muy bien: vas a tomar las riendas de la empresa, vas a desplegar tu talento. Naciste para estar bajo los reflectores, brillando. Además, con lo capaz y buena que eres, la felicidad nunca le falla a la gente que se
—Camila, no me obligues. Si algo le pasa, te destruyo con mis propias manos.Rafael terminó la advertencia con tono cortante, la liberó y se alejó con paso firme.Camila, llena de pánico, intentó seguirlo, pero Rodrigo la sujetó.—¿No te cansas de dar vergüenza?Camila forcejeó con fuerza y le gritó, exasperada:—¡Suéltame!Tenía miedo. Miedo de que después de esto, Rafael ya ni siquiera la mirara.Quería correr tras él, pero no lograba zafarse de Rodrigo.Vio con impotencia cómo Rafael subía al auto y se marchaba; casi perdió la cordura y se puso a golpear a Rodrigo con todas sus fuerzas. Él, sin embargo, la arrastró a la fuerza, la metió al auto y se la llevó de allí.El auto arrancó y se integró al flujo de la carretera.Camila seguía llorando y gritando dentro del vehículo, con el aspecto de una mujer fuera de sí.Rodrigo suspiró con cansancio.—¿Ya terminaste tu berrinche?Camila lo miró con furia.—¿Quién te mandó meterte en mis asuntos? No te metas en lo que no te importa. Para
Camila dejó escapar una carcajada triunfante.—Rafa me ama a mí. Aléjate de él si no quieres terminar siendo la otra.Vanessa tomó aire y se volvió a mirarla con desdén.—Que vengas a buscarme en ese estado no significa que él te ame. Dices que te doy asco, pero verte así es más patético todavía.Dicho eso, siguió su camino.Camila estaba fuera de sí. Mordió a Rodrigo con rabia, aprovechó el desconcierto para apartarlo de un empujón y se lanzó hacia adelante como desquiciada.—¡Zorra, ¿cómo te atreves a insultarme?! ¡No te lo voy a perdonar!Al percibir el peligro, Vanessa se hizo a un lado justo a tiempo.Enseguida Camila salió disparada hacia adelante y se estrelló de bruces contra el suelo.Rodrigo sintió dolor de cabeza solo de verla. Bajó la mirada con fastidio.Tenía ganas de mandarla de vuelta a la clínica psiquiátrica.Vanessa no quería ni imaginar cómo habría quedado si no se hubiera apartado a tiempo.Pero ese tipo de estupideces ya las había vivido de sobra.De ahora en adel
Vanessa regresó al lado de la cama, tomó de nuevo la mano de Roberto y la acarició contra su mejilla, con los ojos enrojecidos.—Abuelo, despierta, por favor... Tengo mucho miedo. Te lo suplico, despierta. Lo que quieras que estudie, lo estudio. Con tal de que abras los ojos, voy a hacerte caso en todo, ¿sí? Abuelo, en serio me equivoqué. No debí dejarme llevar por mi terquedad, no debí tener ojos solo para el amor, y mucho menos vivir tan degradada por ese supuesto amor.Las lágrimas surcaban su cara mientras un arrepentimiento voraz comenzaba a consumirla por dentro.—Abuelo, perdóname, te hice daño, todo es mi culpa.Vanessa apretó la mano de Roberto contra su frente, sollozando sin poder contenerse. El corazón se le retorcía y no lograba dejar de llorar. La luz caía sobre ella y la envolvía en una tristeza densa.Cuando terminó de desahogarse, ya era muy tarde. Solo entonces Vanessa bajó las escaleras para irse.Al salir del edificio del hospital, vio a un hombre alto y corpulento







