Compartilhar

Capítulo 9

last update Data de publicação: 2022-11-24 00:58:57

Gonzalo se dirigió a su tienda, y se ocupó un rato en organizar algunas cosas pendientes. Al terminar, llamó a Sofía y quedaron en verse en el club junto a Ana para almorzar y él decidió adelantarse. Allí se encontró con algunos amigos y al llegar las jóvenes, las guió al restaurante. Se ubicaron en una mesa y ordenaron. La charla era amena y se reían cuando una mano de uñas perfectamente manicuradas se posó sobre el hombro de Gonzalo.

— ¡Hola querido! que sorpresa verte por aquí! — los hermosos labios de Diana se curvaron en una sonrisa, pero sus ojos no sonreían de la misma forma. Gonzalo se puso de pie, y cuando iba a saludar la mujer volvió a hablar —¿Estás con la familia? ¿Cuál de ellas es tu hija?— preguntó a sabiendas de que molestaba con ese comentario

 — Ninguna — le respondió Gonzalo imperturbable —Sofía, Ana María, la señora Diana Valdez, una amiga... —antes de que terminara las presentaciones, Diana lo interrumpió.

— ¡Que tonta soy! Como son tan jovencillas me imaginé que serían tu hija y una amiga. Espero que la paséis muy bien. Llámame, querido — se despidió y le dio un beso en la comisura de la boca y se fue.

Gonzalo se sentía avergonzado con las chicas y comenzó a disculparse mientras se sentaba.

— Cuánto lamento esto. Si lo desean, podemos ir a otro lugar.

— No le hagas caso — dijo An restándole importancia — pero si me permites el comentario, esa señora necesita suturas. Tiene una herida sangrante y profunda— se rió.

— ¡Ana! ¿Siempre impertinente, verdad? — la regañó Sofía.

—¡ Hasta la última palada de tierra sobre mi tumba! Gonzalo, creo que has sido un chico muy malo — se rio de nuevo y comenzó a comer los platillos que acababan de traer a la mesa.

El silencio incómodo desapareció cuando Ana comenzó a hacerle preguntas a Gonzalo sobre su trabajo y minutos después, comían divertidos, hablando de cualquier cosa.

Rato después, Sofía se disculpó para ir al servicio y se fue.

Al entrar al lugar no percibió que Diana entró detrás de ella, hasta que la vio en el espejo a su lado, cuando salió del cubículo.

— De modo que tú eres la niñata que piensa que puede robarme a Gonzalo — le arrojó Diana a Sofía su desprecio al rostro mirándola con superioridad.

— ¿Robarte? Yo lo veo muy a gusto y voluntariamente a mi lado— le respondió Sofía con una risa.

— ¡Es mío y ni sueñes que te lo voy a dejar! Tenemos una relación hace tiempo y tú no la vas a acabar.

— Entonces, lamento que te respete tan poco, porque no lo vi ocultándose para estar conmigo.

— Escucha niñata — dijo despectiva— Gonzalo tiene gustos sofisticados, y tú, no eres nada de eso. Yo le doy todo lo que necesita.

— Y si es así, ¿Qué será lo que ve en mí?— esa odiosa mujer no iba a hacerla sentir inferior — algo debe faltarle porque no está contigo, sino conmigo.

— La novedad, el afán de los hombres mayores por conquistar a chiquillas insignificantes. Siempre lo hacen, pero cuando van a su cama, quieren una mujer que los haga sentir muy bien. Eso no lo lograrás nunca. Te falta mundo, te falta experiencia. Eso se nota.

— No lo niego, pero supongo que tanta "experiencia" llega a aburrir, y prefieren algo fresco y sin tanto... kilometraje — le restregó — Algunos hombres prefieren coches modernos antes que clásicos.

— No seas absurda. ¿Crees que no sabe que estás con él por su dinero o su posición social? Óyeme, no te pongas cómoda. No eres nadie.

— Se equivoca. Soy la doctora Sofía Montemayor y muy pronto la señora de Gonzalo Márquez. espero que eso no le altere mucho. Es peligroso para las personas "mayores"— se dio la vuelta y salió del lugar y aún le temblaban las piernas cuando llegó a la mesa.

— ¿Podemos irnos, por favor, Gonzalo?

— ¿Ocurre algo, cariño? — preguntó preocupado Gonzalo.

— Nada, sólo quiero irme, por favor— rogó.

Gonzalo se encargó de la cuenta y salieron del restaurante.

— An, te llevaremos a tu casa. Yo necesito estar un par de días con Gonzalo y volveré contigo. ¿Estás de acuerdo, Gonzalo? — se volvió a preguntarle.

— Lo que ordenes, para mí es perfecto— miró su rostro preocupado. Pero debería esperar hasta dejar a Ana para saber qué le había pasado.

El retorno fue muy silencioso, apenas con algunos pequeños comentarios por parte de Ana, conversaciones ocasionales y largos silencios por parte de Sofía.

Llevaron a la chica a su casa y regresaron al piso. Al enterarse, Gonzalo sirvió un par de bebidas y se sentó en el sofá junto a Sofía.

— ¿Ahora sí puedes decirme lo que ocurrió en el club?

— Aquella señora...

— ¿Diana?

— Sí, esa misma. Me dijiste que no había nadie con el corazón roto por lo nuestro.

— Y no lo hay. Escúchame muy bien. Ya te dije que no soy un santo. Desde mi divorcio he tenido asuntos con algunas mujeres, pero nada serio con nadie y ellas lo han sabido. Al final, sólo soy un hombre común y corriente. Diana es una de estas personas. Mantuvimos algo puramente físico, ambos sabíamos que era así y no es necesario dar detalles. Nos funcionaba. Cada uno tenía su vida, sin interferir en la del otro. Lamentablemente Diana confundió eso y ahora reclama algo que no existe, pero va a tener que aceptar que te amo y que es contigo con quien quiero estar.

— ¿Y yo también debo esperar algo así si llega alguien más?

— No soy un hombre voluble. No me enamoro con facilidad. A mis años, sólo me he sentido enamorado de Estela, mi ex esposa y de ti, pero si esto va a funcionar, tendrás que asumir que hubo otras personas en mi vida. No implicó sentimientos y si vas a creer en mi amor por ti, que es, sin la menor duda, el sentimiento más intenso que he vivido en toda mi existencia, tendrás que convivir con mi pasado, como con mi exesposa, mis hijos y todo lo que fui antes de ti. Cada uno tiene una parte en mi vida, y procuraré mantenerlo en su justo lugar, pero es inevitable que en algún momento converjan. Todos tenemos un pasado.

— Comprendo todo eso, pero esa bruja me hizo sentir tan insignificante cuando habló sobre lo que sentías cuando estabas con ella.

— ¿Cuándo fue eso?

— En el servicio del club me dijo tantas cosas espantosas. Claro, yo no fui precisamente la persona más tierna porque me molestó demasiado. Por cierto, le dije que iba a casarme contigo, así que si se corre el rumor, fue mi culpa. Pero es que quería fastidiarla, por bruja y malvada. Mira que si Maléfica me vuelve a molestar... no respondo.

Gonzalo sonrió y la abrazó.

— Por momentos eres tan adulta, tan dueña de ti y de repente, eres una niña peleona. Por eso te amo.  Ojalá fuera cierto lo de casarte conmigo. ¿Crees que si se corre el rumor, eso haga que aceptes? Porque yo me encargaría de hacerlo— besó la frente de la joven.

— Pero que afán de que tome decisiones tan pronto — se revolvió en los brazos de Gonzalo —no me presiones.

— ¿Y qué debo decirle a mi familia? Quiero que te conozcan y que sepan lo que tenemos...

— También puedes publicarlo en la prensa. Sería más rápido. ¿Cariño, cómo me vas a presentar con tu familia? "Hola a todos...ella es Sofía, mi amante"

— Soy un padre, y ante todo debo dar ejemplos correctos a mis hijos, y no eres mi amante. Eres mi novia.

— ¿Y crees que andar conmigo es algo muy ejemplar? Si fuera así, no tendríamos a todo el mundo diciéndonos el error que cometemos.

—De igual forma, debo decirle a mis hijos, porque ellos también se van a ver afectados. Me gustaría presentarte adecuadamente con ellos. ¿Estarías dispuesta a comer con nosotros?

— No es que me encante la idea, porque tu hija ya dejó claro que no me quiere en tu vida, pero si es lo que tú quieres, pues lo haré.

— ¡Fenomenal! Voy a organizarlo lo más pronto posible.

— Amor, sólo voy a quedarme aquí un par de días. Voy a regresar con Ana. Quiero tener tiempo para decidir.

— Como tú quieras. Voy a apoyarte en lo que decidas. ¿Te importa si te dejo sola un rato? Debo ir a recibir el chaparrón de mi familia y prefiero hacerlo de una vez.

— Ve tranquilo, amor. ¡Suerte!

Gonzalo besó los labios de Sofía y caminó hacia el ascensor.

— Demás está decir que estás en tu casa. Te amo. No tardo.— entró al ascensor y se marchó. Sofía se quedó mirando a su alrededor y se preguntó en qué momento su vida había dado ese vuelco tan impresionante.

Gonzalo llegó a casa de su familia y los encontró reunidos en la sala de estar, y por sus rostros serios supo que ya había explotado la bomba.

— ¿Y esas caras? — fue al bar y se sirvió una copa de jerez— ¿pasa algo? — se sentó en la butaca que siempre ocupó mientras estuvo casado con Estela.

— ¿Tú crees que pasa algo, papá? No sé si el hecho de que nuestro padre ande asaltando cunas pueda considerarse como "algo"— le dijo amargamente Lucía.

Gonzalo cruzó sus piernas tranquilo y tomó un sorbo de su copa. Luego miró a sus hijos y preguntó.

— ¿Qué piensan ustedes que debo hacer? ¿Tomar en cuenta los sentimientos de todos menos los míos? sólo importa lo que ustedes piensan, no lo que yo pienso, entonces. ¿Es eso?

— Papá— intervino Armando, su hijo mayor, tan parecido a su padre, manteniendo la calma—Creo que al menos, merecemos una explicación. Es una situación que nos afecta a todos.

— No le debo explicaciones a nadie. Se trata de mi vida, de mi felicidad, y podrían como mínimo, darle una oportunidad. No pueden pretender que en su egoísmo, yo deba renunciar a ser feliz para que nadie diga algo que les moleste. Estaba seguro de haberlos criado mejor que eso.

— Papá, comprende... ¿Qué van a decir de ti? Es una mujer muy joven.

— Supongo que, conociendo a nuestro círculo de amistades, los hombres dirán que tuve mucha suerte y las mujeres me arrancarán tiras, pero no me importa. Amo a Sofía y tan pronto me acepte, voy a casarme con ella. Por eso, quiero pedirles que la conozcan, la traten y nos deis la oportunidad de demostraros que esto no tiene que ser una batalla, que podemos intentar ser una familia. No voy a dejarla. Os pido que nos reunamos una vez, y si no lográis encontrar nada en ella que os agrade, no volveré a pediros nada. Aparte de respeto — se volvió a mirar a Estela— eso te incluye, como parte de mi familia que eres. Quizás podamos comer juntos alguna vez, no hay necesidad de que la condenen antes de conocerla. ¿Creéis poder hacer eso por mí?

—¿Papá, qué garantiza que no sea una trepadora que quiera aprovecharse de ti?

— Tu preocupación es válida, pero podéis estar tranquilos. Sofía es médico residente, pertenece a una muy conocida familia de la ciudad, su padre es un reconocido juez, su madre es una profesional acreditada. Creedlo, no viene a por mi dinero. No hay nada que yo pudiera ofrecerle que no tenga ya. Además de que podríais darle un poco de crédito a vuestro padre, no soy un tonto... —les sonrió— ¿puedo contar con una oportunidad de vuestra parte?

— Papá, a mí lo que me interesa es tu felicidad— dijo categórico Armando —si tú confías en ella, yo puedo intentarlo. Todo dependerá de lo que diga mamá.

— Hijos...—intervino Estela quien hasta el momento permanecía callada— Recordad siempre que vuestro padre y yo estamos divorciados. Gracias a Dios nos llevamos muy bien. Sé que vosotros abrigáis la esperanza de que volvamos, pero eso no va a ocurrir. Estamos perfectamente bien así, y como es lógico, ambos tenemos derecho a buscar la felicidad. Así que cuenta conmigo, Gonzalo. ¿Qué respondes, Lucía?

— No creo que esta relación me cuadre en ningún momento, pero sí me interesa verte feliz, papá, de modo que, acepto esa invitación, pero no prometo nada. Una cena, nos tratamos un poco y si no la soporto, no me obligas a tratarla.

— Es un trato. Sabía que podía contar con vosotros. Os llamaré cuando arregle el encuentro.

Gonzalo sonrió satisfecho de la madurez de sus hijos. Terminó su copa y se levantó.

— Sabed que siempre seréis lo que más amo en el mundo. Cada día me hacéis sentir más orgulloso. Debo irme, tengo cosas que hacer — se levantó de su sillón, se acercó a sus hijos, y los abrazó uno a uno, igualmente a Estela — Eres una mujer excepcional. Nunca me cansaré de decirlo —besó la mejilla de su exmujer y se volvió—Os aviso cuando hable con Sofía y organicemos algo. ¡Hasta pronto!

Salió de la casa y subió a su coche, y cuando salía, su móvil sonó. Sin reconocer el número, atendió la llamada.

— ¿Gonzalo Márquez? — preguntó una voz de hombre al otro lado de la línea.

— Sí, ¿con quién tengo el gusto?

— Adolfo Montemayor. Usted y yo tenemos una conversación pendiente.

— Sí, estoy de acuerdo... Cuando usted disponga.

— Hoy, ahora, en mi casa.— ordenó el juez

— Voy de camino. Tardo unos minutos. ¿Quiere usted que Sofía esté presente?

— No, quiero conversar con usted de hombre a hombre.

— Pues que así sea. ¡Hasta ahora!— y colgó sin otro comentario. No sería Adolfo Montemayor quien lo intimidaría a él.

Minutos después aparcaba frente a la casa de los Montemayor y el portero le abría la reja para que entrara al estacionamiento.

Bajó del coche y llamó a la puerta. Una señora del servicio doméstico le abrió y lo acompañó al despacho de Adolfo. Éste se encontraba sentado solemnemente tras su enorme escritorio antiguo.

— Pase adelante, Don Márquez. Tome asiento— le señaló una cómoda silla con brazos frente a él—  ¿Qué puedo ofrecerle? Café, té... una copa?— preguntó correcto antes de que la mujer se retirara.

— Café, por favor.— Gonzalo tomó asiento y cruzó sus piernas con elegancia, como era su costumbre. Colocó sus manos juntas sobre sus piernas y esperó a que Adolfo comenzara a hablar, para lo cual, el juez se tomó su tiempo, como hacía siempre en su trabajo como medida de presión para las personas que llegaban ante su corte.

— Don Márquez...

— Gonzalo, si lo prefiere...

— Gonzalo, entonces. Dígame... ¿Qué piensa lograr en esta relación con mi hija? ¿Se da cuenta de que es algo absurdo? — lo miró fijamente con expresión adusta.

— Sí, lo es, ambos nos damos cuenta de que está completamente fuera de sentido, sin embargo, también sabemos que hay un sentimiento que nos une que no podemos ignorar, y por lo cual pensamos que merece la pena luchar.

La empleada regresó con el café, les sirvió discretamente, y se marchó nuevamente.

— Eso no puede llevarlos a ninguna parte, es algo sin ningún futuro. Debe darse cuenta de lo inconveniente que resulta.

— ¿Inconveniente... para quién, Don Montemayor?

— Adolfo, llámeme Adolfo, si casi que tenemos la misma edad— le dijo molesto.

— Sí, es probable— respondió sin inmutarse por el comentario —sin embargo, por su hija siento algo que en toda mi vida nunca había sentido. Y es que es la mujer más perfecta que haya conocido jamás. Y por ella estoy dispuesto a esperar lo que sea necesario, hasta que decida si desea casarse conmigo, como le pedí, aunque aún no desea un compromiso de esa magnitud. Yo, por mi parte, sólo deseo que acepte para dedicar mi existencia a proporcionarle toda la felicidad que merece y me honraría ser el elegido para ello. Amo a Sofía como no he amado a nadie nunca antes y no voy a renunciar a ella por nadie.

— ¿Y la diferencia de edad? ¿Qué piensa hacer con eso?

— Tratar de avenirnos, de conjugar mundos distintos y esperar que funcione. No hay garantías de nada, pero estoy dispuesto a todo por su hija, y también ella desea intentarlo. Sólo que yo quiero casarme y ella no. Es nuestro único desacuerdo hasta ahora.

— ¿Y su familia qué opina de esto? Porque supe que está divorciado y tiene hijos de la edad de mi hija.

— Efectivamente. Vengo de hablar con ellos. Como es natural, se resisten a nuestra relación, sin embargo, aceptaron conocerla y darse la oportunidad de asumir esto con dignidad porque ni siquiera mis hijos van a separarme de Sofía.— hizo una pausa — Adolfo, comprendo su reticencia a esto, sin duda, el más sorprendido de este sentimiento soy yo mismo, pero por Sofía estoy dispuesto a enfrentar lo que sea necesario. Sofía es la mujer que amo y nada ni nadie más que ella puede decidir si me permite formar parte de su vida para hacerla la mujer más feliz de la tierra y si la diferencia de edad tiene una ventaja es que con mi experiencia de la vida, no debo cometer errores que puedan separarnos. Por su hija, Adolfo, estoy dispuesto a darlo todo y de mí, jamás tendrá un motivo para pensar que esto es un error, porque sin duda habrá un millón de hombres más adecuados para ella, pero ninguno, la va a amar, respetar, cuidar y adorar como yo. Si no le complace nuestra relación, lo voy a comprender, porque yo también tengo una hija, pero no voy a dejar a Sofía a menos que ella me lo pida.

— Gonzalo, déjeme decirle que no apruebo su relación con mi hija, pero conociéndola, sé que oponerme sólo va a lograr que mi hija se distancie de mí y se encapriche más con esto y no quiero que eso ocurra. Ni sueñe con que lo voy a recibir con agrado, pero trataré de tener paciencia y esperar a que este error se solucione como la lógica lo indica, cuando Sofía se dé cuenta de la equivocación que comete. Mientras tanto, quiero a mi hija de vuelta en casa.

— Eso va a tener que lograrlo por sí mismo, porque Sofía no va a volver a menos que usted hable con ella. Ya quisiera tener sobre ella tanta influencia. Sofía lo ama, pero necesita saber que respeta sus deseos. Sólo usted puede decidir si lo hace o no.

— Voy a decirle algo, Gonzalo, lamento mucho que las circunstancias nos hayan puesto en este trance, pero reconozco que es un hombre íntegro y correcto. En otras condiciones, sería una persona cuya amistad me agradaría.

— Podría decir lo mismo y es que creo que tenemos más en común que a Sofía, de forma que, en cualquier caso, puede contar conmigo.

— ¿Va a ver a Sofía ahora?

— Sí, ¿desea que le hable sobre esta conversación o prefiere hacerlo usted? No quisiera ocultarle nada, pero quizás desee decirle algunas cosas personalmente.

— Puede hablar con Sofía de lo que hemos tratado aquí, igual voy a citarla para decirle lo que pienso.

— ¿Citarla? ¿A su despacho? Si yo le hablara a mis hijos de esa manera, hace tiempo que no tendría su confianza. Verá, Adolfo, me alegra haber tenido esta conversación, sin embargo, voy a hacerle un favor manteniéndolo en secreto para Sofía. Si ella se enterara de esto, no creo que el infierno conozca una furia mayor que la que se deberá aguantar de ella. Sofía es independiente y no seré yo quien provoque esa furia.

— Realmente, tiene razón. No sé de dónde obtuvo ese genio. Hablaré con ella...

— Parece estar muy orgullosa de parecerse tanto a usted.

— Así es, ninguno de mis hijos varones tiene el carácter de Sofía.

— Sí, es una joven de armas tomar. Creo, Adolfo, que si ya hemos discutido todo, debo marcharme ahora. Sofía me espera — se puso de pie y Adolfo lo imitó.— Tiene usted mi palabra de que Sofía va a ser tratada con el respeto, la consideración y el amor que exigiría para mi propia hija.

— Cuento con eso, Gonzalo —le ofreció su mano y Gonzalo la estrechó—Sofía es mi mayor orgullo y cualquiera que la haga sufrir...

— Eso no va a pasar... — respondió categórico.

Caminó hacia la puerta y Adolfo le acompañó. Se despidieron y Gonzalo se puso en camino a su casa, donde le esperaba Sofía.

Al llegar, allí estaba ella, sentada en el mismo lugar donde la dejara. Al verlo, la chica se puso de pie y le sonrió.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Epílogo

    Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 15

    Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas. La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos. — G

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 14

    Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 13

    Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 12

    Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 11

    — Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status