FAZER LOGIN— No es el momento para hablar de eso, papá, es tu fiesta. Espero que os guste vuestro regalo.
— Sofía, no voy a permitir que eches a perder tu vida de esta forma.
— Lo acabas de decir tú mismo. Es mi vida papá, no quiero discutir contigo, pero si sigo o no esta relación, no será por lo que tú opines, sino por lo que decidamos Gonzalo y yo.
— No puedes entender que ese hombre tiene casi mi edad?
— Eso no es relevante, sino si me hace feliz y juraría que eso debería ser lo más importante para vosotros también. Comprendo que es algo que tenéis que digerir, pero, debéis comprender que la única dueña de mi vida soy yo y si me va bien o no con Gonzalo, es a mí a quien va a afectar, soy yo quien se arriesga.
— Así que vas a insistir en ese absurdo comportamiento.
— Debo hacer las cosas por mí misma o permaneceré para siempre bajo tus alas. Déjame volar, porque no puedes encerrarme en una jaula. Te guste o no, tu niñita creció y ya salió del nido...estoy segura de que si no estuvieras empeñado en que debo hacer tu voluntad, estarías feliz por mí, porque estoy encontrando el amor. No sé si me irá bien, pero lo voy a intentar.
— No puedes esperar que apoye semejante atrocidad. Ese hombre va a jugar contigo. ¿Qué crees que puede buscar alguien como él en una chiquilla como tú? ¡Por Dios, yo soy hombre, Sofía! ¡Sé lo que pensamos!
— Espero que te equivoques, pero, si así fuera, me tocará vivir el despecho y superarlo. No seré la primera ni la última que se enamore sola. Me tomaré unos tragos, lloraré en el hombro de An y luego saldré adelante y continuaré mi vida, pero va a ser cuando yo lo decida, papá. Quiero que estemos bien, pero no te voy a rogar. Te va a tocar aceptar que ya no tienes el mando en mí o hacerte a un lado.
— No voy a ser partícipe del error que estás cometiendo.
— Entonces, que así sea, Su Señoría — le dio un beso en la mejilla a su padre —igual siempre vas a ser mi padre, y te voy a amar y respetar. No puedo asegurar que mi felicidad esté con Gonzalo, pero si es así, voy a luchar por eso, por encima de quien sea. Y si no funciona, no me voy a disculpar, porque me hago cargo de mis errores.
Abrazó a su padre y se fue al lado de su madre. Le dio un fuerte abrazo y le dijo cuánto le amaba. Giró sobre sus talones y abandonó el salón. Anduvo un rato por el jardín hasta que tomó una decisión.
Subió a su coche y salió de la propiedad. Condujo decidida y llegó al edificio donde vivía Gonzalo.
Gonzalo salía de la ducha y se puso un pijama, cuando escuchó el ascensor abrirse. Salió de su habitación y fue a la sala y le sorprendió ver allí, a esa hora, a Sofía.
— Discúlpame, Gonzalo, debí llamarte, pero no quise arriesgarme a que te negaras a verme, así que convencí al portero de que me abriera. Le dije que me esperabas, por favor, no te enojes con él. Fui realmente insistente— se acercó a Gonzalo y tendió su mano hacia él— necesitaba verte, de verdad, lo necesitaba — Gonzalo tomó su mano tendida y la atrajo hacia él, la estrechó contra su pecho desnudo, y suspiró con el rostro hundido en su cabello.
— Sofía, no quiero dañarte, pero te amo tanto — le dijo con pasión y angustia en la voz— sólo de pensar en que un día me odies por haberte obligado a esto, no puedo...— hablaba entrecortado.
— Gonzalo, no me obligas a nada. Quiero hacer esto, quiero estar contigo. No importa si es mucho o poco tiempo, sólo déjame vivirlo.
Se estrechó más aún a su cuerpo, abrazada a él, colocó su cabeza en el pecho del hombre. Escuchaba el corazón de él acelerado, al igual que el suyo. Sintió un profundo deseo de sentir la piel de su pecho en sus labios, y comenzó a acariciarle con su boca y los ojos cerrados. Gonzalo se estremeció al sentirla.
— Por favor... —suplicó con voz vibrante—mujer, no me hagas esto...
— Te amo, Gonzalo, me hace falta sentirte cerca de mí.
Él se apoderó de sus labios, y la besó desesperadamente. Anhelaba sus besos, su piel, sus brazos.
Lentamente, las caricias se fueron haciendo más y más intensas, los besos más profundos y la pasión más indetenible. Las manos de Gonzalo se desplazaban por el cuerpo de Sofía y ella respondía arqueándose contra él.
— Sofía... — gemía más que hablaba Gonzalo— eres tan hermosa, te amo tanto.
— Y yo a ti, cariño mío, quiero estar entre tus brazos, para siempre.
Volvieron a besarse apasionadamente, sus manos volaban por sus cuerpos ansiosos de amor. Los dedos de Gonzalo se encontraron con el cierre del vestido de Sofía, y lentamente lo bajó mientras sus labios permanecían unidos. Luego, la boca de Gonzalo, bajó por el cuello de la joven, hasta llegar al nacimiento de sus senos. Sofía gimió de gusto y cerró sus ojos. Gonzalo se volvió a mirarla por un instante y sintió pánico de no poder detenerse. Tomó con su mano el rostro de la chica y lo volvió hacia sus ojos. Vio el deseo en ese rostro amado.
— ¿Sofía...? — la interrogó con voz temblorosa de deseo.
— Sí, amor... sí...— susurró ella contra los labios de él— y se abandonó en sus brazos.
Gonzalo la abrazó anhelando su piel, su contacto, y el vestido abierto de la joven rodó hasta el suelo. Al verla en su espléndida desnudez, el hombre la tomó en sus brazos y la llevó a la habitación. Al llegar allí, la colocó delicadamente sobre la cama y cuando se recostaba a su lado, volvió a dudar por un instante, pero la joven se abrazó a su cuello y lo atrajo hacia ella.
— No te atrevas a detenerte ahora —le dijo en voz muy baja—hazme el amor, Gonzalo.
Gonzalo perdió por completo el poco control que aún tenía y cubrió el cuerpo de la chica con el suyo, y con su boca la cubrió de besos hasta llegar a su vientre.
Sofía se entregó al placer de sus caricias gimiendo y ansiando más a cada segundo. Sus manos lo acariciaban desesperadamente, y él enloquecía a su tacto y sus respiraciones se agitaban más y más...
Ella lo atrajo hacia sí y lo abrazó y movió su cuerpo hacia el del hombre incitándolo a poseerla, sintiendo su dureza contra su piel.
Gonzalo tomó sus manos y las llevó sobre su cabeza y sin dejar de besarla jamás, la hizo suya lentamente con movimientos ansiosos en una exquisita tortura para Sofía. Se amaron insaciablemente hasta que estallaron en un espiral de placer infinito.
Sus cuerpos, liberados de la pasión que los envolvía, quedaron muy juntos, abrazados y sus respiraciones aún agitadas, eran lo único que se escuchaba en la habitación.
Gonzalo se movió a un lado y vio a Sofía a los ojos, y lo enloqueció de amor el ver los labios carnosos e inflamados de besos de la chica.
— Cómo se puede llegar a ser tan perfecta? Es que mientras más te veo, más hermosa eres...
— Ay, Gonzalo, me siento tan feliz, nunca había sido tan feliz —le susurró al oído— me haces sentir tan bien — acarició el vello de su pecho.
— Por favor, Sofía, ten piedad de mi...— le suplicó sonriendo.— vas a provocarme un infarto.
— Sólo quiero tocar tu piel. Me gusta sentirla.
Gonzalo se recostó sobre la cama y atrajo el cuerpo de la chica hasta tenerla sobre el suyo.
La besó una y otra vez y Sofía lo abrazaba y ajustaba sus curvas al cuerpo del hombre. Él volvió a sentir el hambre insaciable de tenerla y se volvieron a entregar al deseo.
Se amaron hasta bien entrada la madrugada. Luego, exhaustos y rebosantes de placer, se durmieron abrazados.
Sofía abrió los ojos y se encontró sola en la cama. Se desperezó lentamente y se levantó, fue al baño y un par de minutos después salió de allí con un mullido albornoz de Gonzalo, que le iba inmenso, pero la hacía sentir como si estuviera en sus brazos, porque conservaba el aroma de su perfume.
Salió de la habitación y fue a la sala y al no verlo allí, se imaginó que estaría en la cocina.
Efectivamente, allí estaba Gonzalo, en pijama, preparando café. Al escucharla entrar, se volvió a verla. La observó atentamente de arriba abajo.
Ella se acercó a él y lo abrazó fuertemente.
—Por un momento pensé que te habías ido.
— Nunca, mi amor, nada ni nadie podrá alejarme de ti ahora. Me siento como un hombre nuevo, como si pudiera llevarme el mundo por delante y es por ti, Sofía, sólo por ti.
— Gonzalo, mi vida, tenía tanto miedo de que no quisieras verme más.
— Fui débil, no debí ceder, pero ahora no podría vivir sin ti.
— Y ahora, qué sigue, Gonzalo? Yo no lo sé.
— Ahora luchamos por esto.
Se abrazaron fuertemente, sin desear separarse.
— ¡Café! — exclamó Gonzalo al escuchar la cafetera hacer el sonido típico de haber terminado de colar la bebida— necesito café — sirvió en dos tazas, tomó algunos sorbos de la suya y agregó — ya con cafeína en mi organismo, deberemos tomar algunas decisiones. ¿Por dónde vamos a comenzar?
— No tengo la menor idea. Sólo puedo pensar en que quiero estar contigo. El resto está como nublado— se recostó contra el mesón desayunador y Gonzalo se acercó a ella y la abrazó. La levantó en el aire, y la sentó sobre el mesón. Se acomodó él mismo entre las piernas y los brazos de la chica, y en esa posición, dejó pasar unos segundos mientras organizaba sus ideas y sus instintos, porque al tenerle tan cerca, sólo podía pensar en hacerle el amor de nuevo.
— Sofía, todo comienza y termina con lo que tú desees. Por mí, salgo en éste mismo momento a decirles a tus padres que amo a su preciosa hija y que lamento informarles que la van a perder porque quiero tenerla conmigo cada segundo de mi vida, que están cordialmente invitados a nuestra boda, pero que necesito que se retiren temprano porque quiero llevarte a mi cama y hacerte el amor hasta caer muerto...lo cual podría pasar en cualquier momento, porque ya soy un viejo —bromeó y Sofía le hizo un mohín — pero todo dependerá de ti. Lo que tú digas, será.
— ¿Boda?— sintió que la boca se le secaba. No había pensado en bodas. De hecho, nada tan definitivo había cruzado su mente. — crees que algo tan... serio, se debería considerar en éste momento — inquirió con voz dudosa — yo creo que esas cosas tan definitivas se deben pensar con cabezas mucho más frescas que las nuestras en éste momento. Hablar de boda como que es anticiparse demasiado a las cosas. Habría que dejar pasar un tiempo, esperar un poco, avenirnos uno al otro, ver cómo nos va juntos, si congeniamos — buscaba desesperadamente las palabras.
— Escúchame bien... de eso que estás hablando, ya yo he tenido mucho con demasiado, y eres sin temor a equivocarme, la única persona que ha pasado por mi vida con la que imagino pasar el resto de mi días. Nadie, créelo, me ha hecho sentir lo que siento por ti desde el momento mismo en que te conocí, porque en ese mismo instante supe que tú eras lo que le faltaba a mi vida — tomó sus manos y las besó— Yo no necesito tiempo más que para pasarlo contigo. Tú no eres una aventura para mí, eres quien trajo aventura a mi vida. Y a menos que tú desees algo diferente, no te voy a dejar ir... en éste momento, quizás piensas que lo que significa una boda es algo que no te hace falta y puede que sea cierto, pero un día querrás tener esos recuerdos y yo quiero dártelos. Si voy a chuparte la juventud, al menos permíteme poner un anillo en tu mano que cada día te recuerde que juré dar mi vida por hacerte feliz. Además, ya tu familia tiene razones suficientes para odiarme. Por favor, no les des más. Déjame que hable con tus padres, que les diga de qué manera su hija cambió mi vida, de las formas tan maravillosas en las que nos amamos, de todo lo que estoy dispuesto a hacer para darte toda la felicidad que mereces y si después de eso, ellos aún me odian y tú no quieres casarte conmigo, entonces decidimos qué hacer.
— Gonzalo, no sé lo que quiero hacer. Sólo sé que lo que sea, quiero que sea contigo. No puedo decirte en éste momento que voy a casarme contigo, pero sí que te amo, que me haces falta y que me gusta estar en tus brazos, como ahora. Déjame reagrupar las tropas para determinar cuál será el siguiente paso porque en este instante sólo logro pensar en ti haciéndome el amor— lo tomó por el cabello suavemente y atrajo su rostro al de ella, pegó su boca a la del hombre y se estrechó fuertemente a su cuerpo, y fue cuando Gonzalo perdió la pelea. Se rindió al fuego que emanaba del cuerpo de la chica, y allí sobre el mesón, la poseyó con frenesí y ansias de su amor.
Se amaron salvajemente, ya no con la dulzura y ansia contenida de la noche anterior, sino como dos personas que saben exactamente lo que van a recibir uno del otro y están decididos a tomarlo.
Sin aliento y medio desmayados, se dejaron caer sobre la mesa, tratando de que sus corazones desbocados volvieran a recuperar el ritmo.
— Sofía — gimió él con sus labios rozando un pezón de la chica — vas a matarme — tomó en su boca el pecho de Sofía y lo llenó de besos. La chica se estremeció de gusto y con los ojos cerrados aún, respirando a medias, acarició su cabello con su mano.
— Entonces, no me hagas el amor tan divinamente. Esto puede llegar a convertirse en un terrible vicio.
Se quedaron así unos minutos hasta que Gonzalo se decidió a moverse. Se separó de ella y la ayudó a ponerse el albornoz, contra su propio deseo, porque podría contemplar ese bellísimo cuerpo desnudo todo el día.
— Me temo que si cada cosa que debamos discutir, va a terminar así. Vaticino muchas discusiones entre nosotros, y ahora, dime, qué deseas hacer... — sonrió y le cerró un poco el cuello, por donde escapaba un pecho de Sofía.
— No tengo idea. Este fin de semana no tengo guardia en el hospital, así que estoy libre como el viento, pero hay un pequeño problema...
— ¿Problema? Cuál? — se extrañó Gonzalo.
— Ropa, no tengo ropa que ponerme...— le dijo con gesto de torpeza.
— Ummm... eso suena delicioso. Tú, sin ropa todo el fin de semana... ¡que promesas!
— ¡No seas cretino! — le golpeó suavemente el brazo— hablo en serio. Sólo tengo el vestido que traje anoche. ¿Qué voy a hacer? No puedo aparecer en casa de Ana en esas pintas.
— ¿Casa de Ana? — preguntó extrañado Gonzalo — ¿por qué allí?
— Porque — recordó que no le había contado a Gonzalo esa parte de la historia — luego de discutir con mis padres, papá me pidió que dejara la casa hasta que recapacitara y estoy quedándome en casa de Ana.
— Por Dios, Sofía... ¿por qué no me lo dijiste enseguida? — le reclamó—¿Cómo vas a estar en esa situación?
— Eso no es nada. Cuando se le pase la rabieta a mi padre seguramente se le olvidará lo que dijo, y todo volverá a ser como antes.
— ¿A quién tratas de convencer, amor, a mí o a ti misma?— la miró a los ojos.
— Mi padre puede llegar a ser muy terco, pero yo soy igual a él. Esto puede llevar tiempo. No voy a rogarle, no estoy cometiendo ningún delito.
— ¿Y mientras sucede que alguien dé su brazo a torcer, qué va a pasar contigo?
— No lo sé, ya lo decidiré. Puedo estar en casa de Ana. Sus padres están acostumbrados, no les importa — dijo sin tomarlo en serio.
— Pero, amor, no puedes vivir de esa manera, eso no tiene lógica. Debes tomar una determinación. Eso de estar de un lado a otro, no puede continuar. Verás, hay opciones. Evidentemente, lo principal es intentar arreglar las cosas con tus padres, y para eso, vamos a tener que dar el primer paso nosotros.
— ¡Ni lo sueñes! Mi padre deberá...
— Nada, él está genuinamente preocupado por su hija, y a mí me toca demostrarle que no hay razón para ello. Yo lo comprendo. Si se tratase de Lucía ya le estaría tapiando las puertas y ventanas de su habitación. Tu padre fue todo un caballero, y lo justo es que yo lo sea también.
— Gonzalo, deja que yo me ocupe de mis cosas...
— Ahora, Sofía, son "nuestras" cosas. Creo entender que en una pareja todo es competencia de ambos, pero si por ahora, hablar con tu familia no es una opción, está la opción de que vivas aquí, la cual no puedo decir que no me gustaría, porque no creo que exista otra que me hiciera más feliz. Sin embargo, como ya te dije, no deseo levantar más muros entre tu familia y yo, porque ya hay demasiados, y viéndolo de esa forma, quizás lo mejor sería buscarte un lugar para ti, un piso para que vivas mientras organizamos las ideas. Esa me parece la más correcta y una a la que tus padres no podrían oponerse.
— No voy a decidir hoy, eso lo puedes escribir. Por el momento, llamaré a Ana para que me traiga la maleta que tengo en su casa para adecentarme y luego, con calma, veré lo que haré. Necesito pensar un poco antes de decidir.
—Voy a darme una ducha y a llamarla.
— Mientras, yo prepararé algo para comer.
— ¡Genial! — le besó brevemente en los labios y salió de la cocina.
Un rato después regresó bañada, y con el cabello húmedo, pero aún envuelta en el albornoz.
Se acercó a la mesa que antes los había sostenido mientras se amaban y le sonrió a Gonzalo.
— Ya hablé con Ana y me traerá ropa.
— También podría haber ido yo a buscarla, para que no se molestase.
— ¿Y robarle la oportunidad de ser imprudente y meterse en lo que no le importa? ¡Qué va!
¿Sabes que va a venir a interrogarme, no es cierto?¿Para qué son las amigas, si no? — se rió— no te preocupes si la conozco, en unos minutos estará aquí — tomó un trozo de pan tostado — me muero de hambre.
— Entonces, déjame alimentarte — Gonzalo se encontraba sentado con una taza y cuando se iba a poner de pie, Sofía se sentó sobre sus rodillas y lo besó en los labios.
— Dime, Gonzalo, ¿ya te dije hoy que te amo?
— No estoy muy seguro...—bromeó— así que podrías decírmelo para estarlo.
— Te amo, Gonzalo... ¡Nunca antes se lo había dicho a nadie y se siente tan bien! — se abrazó a su cuello y se besaron de nuevo. Luego, la chica, aún sentada sobre Gonzalo, siguió tomando el desayuno, y metía trozos en su boca y en la de Gonzalo y ambos comieron de esa manera.
Retozaron un rato mientras comían, hasta que escucharon el intercomunicador que sonaba.
— ¡Llegó An! Te lo dije... minutos. — se levantó de las piernas de Gonzalo y juntos fueron a la sala. Gonzalo contestó el aparato y luego se volvió hacia Sofía.
— Me daré una ducha. Recibe a tu amiga que yo no estoy en condiciones...— y se fue a su habitación.
Momentos después se abría el ascensor y Ana salía de él con la maleta detrás de sí.
— ¡¿Pero amiga, qué pasó aquí?!— la interrogó con ojos desorbitados.
— No seas impertinente, An, ya sabes lo que pasó...
— Pero... cómo... yo...— no encontraba palabras — ¿qué pasó?
— ¿Debo explicárselo con imágenes, doctora? ¡Por Dios, An, no seas idiota! ¡Venga, vamos...! le quitó la maleta de las manos — Vamos a darte café para ver si reaccionas— fueron a la cocina, se sirvieron un par de tazas y regresaron a la sala.
Se sentaron en el mullido sofá y Ana miró a su alrededor. Conversaron un rato sobre la situación y An luchaba por confesar a su amiga, cuando Gonzalo apareció bañado, fresco y completamente vestido.
Sofía se sintió inhibida con Ana allí viéndolos en esa situación tan personal.
— Ah, hola Ana... ¡Bienvenida a mi casa! Ponte cómoda y toma lo que necesites — se acercó a ella y le ofreció su mano. Ana la tomó y le sonrió.
— ¡Qué guay está tu baticueva, Gonzalo!
— Gracias. Permítanme que las deje solas un rato. Necesito ocuparme de algunas cosas si no os importa — se volvió a ver a Sofía — te llamo en un rato para saber qué quieres hacer — se le acercó y rozó sus labios, miró luego a Ana y le sonrió—. Vamos a tener que hacer algo juntos para conocernos mejor. Hasta pronto. Se dirigió al ascensor y se marchó.
Ana sólo esperó lo necesario para lanzarse sobre Sofía.
— ¡Lo quiero saber todo! ¡Comienza a hablar!
— Acompáñame a vestirme — le sonrió con picardía, tomó la maleta y la rodó hacia la habitación. Ana observaba todo a su alrededor.
— ¡Vaya buen gusto el de este tío! Está genial... Masculino, elegante...— Se sentó sobre la cama mientras Sofía hurgaba en su maleta y sacaba ropa interior, un vaquero y una blusa color azul cielo. Comenzó a vestirse y miró a su amiga.
— An...— dijo solemne — me enamoré de ese hombre como una tonta.
Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.
Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas. La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos. — G
Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana
Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc
Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme
— Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le







