ANMELDENDentro de la casona, apenas le informaron que sus nietas acababan de cruzar la entrada, Don Guillermo experimentó una sacudida de impaciencia y alivio.Sin perder un solo segundo, dio instrucciones estrictas al personal de servicio:—Asegúrense de servirles el mejor café recién colado y galletas caseras, o lo que gusten desayunar, que no les falte nada —ordenó con una energía renovada que hacía semanas no se le veía, visiblemente ansioso por recibirlas—. Y escúchenme bien: saquen de la bandeja cualquier variedad que contenga maní. Morgana tiene una alergia severa; no quiero ningún susto.Cada tablón de madera crujiente y cada cuadro colgado en las paredes les devolvía fragmentos de su infancia, risas lejanas y carreras por los pasillos antes de que las ambiciones de Edmundo y su amor ciego por Pamela y Cecille lo consumiera todo.Al pasar frente a una salita auxiliar, se detuvieron frente a una pequeña mesa consola, sobre ella descansaba el retrato en blanco y negro de su abuela, flan
Mientras la luz matutina comenzaba a bañar el asfalto, Elías conducía su vehículo de regreso a la ciudad con los hombros cargados de cansancio, pero la mente trabajando a toda marcha. Ajustó la conexión del manos libres y marcó directamente el número de Morgana.Al segundo tono, la voz de Morgana resonó en el interior del auto.—¿Elías? Dime que todo salió bien en la hacienda —preguntó ella con una mezcla de ansiedad y expectación en la voz.—Don Guillermo se encuentra a salvo y Morales ya fue trasladado bajo custodia policial, aunque por desgracia ya tu padre movió sus influencias para ponerle un abogado de peso —respondió Elías, concentrado en la vía—Dejé personas cuidando el perímetro, y ahora mismo voy de regreso al loft para reunirme contigo y estructurar el siguiente movimiento.Al escuchar aquello, Morgana soltó un ligero suspiro al teléfono.—Elías, no estoy en el loft. Voy camino a la hacienda con Vanessa. Mi hermana se ofreció a llevarme para ver al abuelo en persona.Elías
Lleno de frustración, Elías conducía de regreso a la ciudad mientras repasaba mentalmente los pasos a seguir. La jueza provisional había diferido la causa por setenta y dos horas, y el plazo límite estaba a punto de vencerse.En este punto, lo más sensato era lograr que el expediente regresara a las manos de la jueza Salazar, aunque para eso aún faltaban dos largas semanas debido a su reposo luego de tener un accidente.El abogado sabía perfectamente que la jueza provisional se retiraría del caso por voluntad propia; al fin y al cabo, estaba aterrada tras haber sido coaccionada mediante una amenaza directa contra la vida de su pequeña nieta.Mientras mantenía la vista fija en la carretera, Elías conectó la llamada con el manos libres para hablar con Rivas y analizar a fondo el panorama judicial.—Rivas, la situación se nos va de las manos en los tribunales —comenzó Elías con tono tenso— Luego de que la jueza provisional difiriera el caso por setenta y dos horas porque estaba aterroriz
Don Guillermo permaneció en silencio por un momento, profundamente conmovido al comprender que aquellas personas se habían movilizado de esa manera no solo para proteger su vida, sino para rescatarlo de su propio círculo íntimo. No terminaba de explicarse la magnitud se semejante despliegue; después de todo, hasta hace poco consideraba a Elías poco más que el sobrino de su nuera, un joven abogado cuya carrera profesional comenzaba a despegar.—Supongo que Morgana y Vanessa te pidieron ayuda... ¿Verdad, abogado? —preguntó el patriarca con voz ronca.Elías asintió con serenidad, consciente de que no tenía ningún sentido negarlo, el proceso legal y la demanda habrían quedado sepultados bajo un manto de impunidad.—Fue un trabajo en equipo, señor Solano —respondió Elías con una ligera sonrisa de respetuosa complicidad—Vanessa interceptó la comunicación a tiempo y Morgana coordinó la respuesta táctica desde el loft.Don Guillermo asintió despacio, dejando que la verdad se asentara definiti
Sin perder un solo instante, Elías y Rivas se pusieron en marcha hacia la hacienda en sus respectivos vehículos, apenas el motor de su auto rugió al encenderse, Elías marcó el número de Morgana la cual esperaba en el loft.—Morgana, voy camino a la hacienda junto a Rivas —anunció con firmeza—Dile a Vanessa que se mantenga al margen y que, si tiene acceso remoto, monitoree las cámaras de seguridad. Morales va a caer esta misma noche.Elías condujo con concentración absoluta y, en menos de tres horas, alcanzó la entrada del camino de tierra que serpenteaba hacia la hacienda. Poco después llegó Rivas, y ambos se reunieron de inmediato con los hombres de confianza que habían adelantado posición para proteger al anciano.La noche en la propiedad de Don Guillermo era densa y helada, envuelta en el rumor distante de los grillos y el follaje sacudido por el viento.A través de los portones traseros de la finca, la camioneta de Rivas se deslizó en silencio, con las luces apagadas, hasta detene
Tras la marcha de Carmen, Elías y el Licenciado Bermúdez se quedaron a solas en el reservado, conversando con urgencia sobre los pasos a seguir para frustrar la conspiración de Edmundo en contra de la vida de Don Guillermo.La luz tenue de la librería apenas iluminaba la mesa de madera donde ambos repasaban los cuadros de la auditoría preliminar, y las cifras confirmaban lo que ya temían: el entramado de corrupción era infinitamente más profundo y peligroso de lo que habían calculado, y debían tomar medidas de inmediato pues la situación era cada vez más apremiante.En ese preciso instante, el teléfono de Elías vibró en su bolsillo con una ráfaga de tres alertas consecutivas, y al encender la pantalla, descubrió un archivo de audio cifrado enviado directamente desde el terminal de Morgana en el loft, acompañado por una nota lapidaria: «Es la llamada entre Edmundo y el capataz Morales. Quieren matar al abuelo esta noche.»Elías conectó unos auriculares discretos al dispositivo y presio







