Share

CAPÍTULO | 05

Author: Kasia_SV
last update publish date: 2026-08-25 02:18:05

SÁBADO 14 DE MARZO DE 2020.

MOSCÚ, RUSIA.

Lo primero que sentí fue el peso. Tenía los párpados tan pesados que parecía que alguien les había puesto piedras encima mientras dormía, y un zumbido sordo me retumbaba dentro de los oídos, como si tuviera la cabeza metida en una caja. Parpadeé varias veces, luchando contra la neblina que me nublaba la vista, hasta que logré enfocar un techo altísimo, blanco, con molduras que no reconocí de ninguna parte.

No era mi cuarto. Mi techo tenía una grieta en una esquina que papá siempre decía que iba a arreglar.

Intenté mover la mano izquierda y descubrí que alguien me la tenía sujeta. Un contacto cálido y firme me rodeaba los dedos, y el corazón me dio un salto tan violento que me dolió el pecho. Bajé la vista despacio, con miedo de lo que iba a encontrar, y vi a Kai sentado en la orilla de la cama, con un suéter oscuro de cuello alto, mirándome con una calma que me revolvió el estómago. Con el pulgar me acariciaba el dorso de la mano como si fuéramos novios.

—Despertaste, Mila —murmuró.

Retiré la mano de un tirón, pero me temblaba el cuerpo entero y las fuerzas no me alcanzaron; él apenas apretó un poco más, sin hacerme daño, y la dejó descansar sobre las mantas. Giré la cabeza y vi, a unos metros, junto a un ventanal cubierto por cortinas gruesas, a Kael sentado en un sofá de terciopelo, con la espalda recta y una camisa negra perfectamente planchada. No parpadeaba; solo me miraba, con la misma quietud con la que había mirado sus esculturas en la galería.

Eran ellos. Los gemelos Sokolov. Los mismos ojos azul gris que había visto entre cuadros y copas de champán, ahora en una habitación que no era mía.

—¿Dónde estoy? —logré decir, con una voz rasposa que me ardió en la garganta—. ¿Qué me hicieron?

—Estás en nuestra casa —respondió Kael, cruzando una pierna sobre la otra—. En Moscú.

—¿Moscú? —repetí, sintiendo que el suelo desaparecía bajo mi cuerpo—. No… no es posible. Yo estaba en mi casa, en París. Estaba cenando con mi madre y…

Y entonces el recuerdo me golpeó como una ola helada.

El comedor. La salsa de mamá humeando en los platos. Chloé con una pistola en una mano y mi propio llavero en la otra. Mamá golpeando a uno de esos hombres con la sartén, gritándome que corriera; el disparo apagado. Y mamá, sorprendida, apoyándose contra la pared mientras una mancha oscura se extendía sobre su vestido.

—¡No! —el grito me salió del pecho convertido en un alarido que no reconocí como mío—. ¡Mamá! ¡Mi mamá! ¡Dios mío, mi mamá!

Intenté levantarme, pero Kai me sujetó los hombros con suavidad, y las lágrimas me nublaron la vista antes de que pudiera hacer nada más. Lloré de una forma que nunca había llorado, doblada sobre mí misma, con los sollozos desgarrándome la garganta, y durante un rato larguísimo ninguno de los dos dijo una palabra.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí? —pregunté al fin, con la voz hecha trizas—. ¿Qué día es?

—Eso no importa ahora —contestó Kael—. Lo que importa es que estás a salvo.

—¿A salvo? —solté una risa rota—. Mi madre está muerta. Chloé le disparó delante de mí. Tu prima, Kael. La dejé entrar a mi casa, y ella…

—Lo sé —me interrumpió él, sin alzar la voz—. Y quiero que escuches esto con atención, porque no lo voy a repetir. Lo que le pasó a tu madre no era parte de lo que mi hermano y yo queríamos. Nosotros jamás dimos esa orden.

—Chloé se pasó de la raya —añadió Kai, con un tono más suave, sin soltarme el hombro—. Nunca debió tocar a tu madre. Nosotros jamás quisimos que sufrieras algo así, Mila.

—¿Y eso cambia algo? —le espeté, apartando su mano de un manotazo—. ¿Que no fuera parte de su plan hace menos real que esté muerta? Me trajeron aquí. Si no me hubieran elegido, mi madre estaría viva ahora mismo.

Ninguno de los dos respondió. Kael se puso de pie con calma y se acomodó los puños de la camisa.

—Tienes razón en que todo empezó por ti —dijo, y en su voz no había ni una pizca de crueldad, solo una seguridad que me heló—. No voy a mentirte diciendo que no. Pero lo que le pasó a tu madre no se puede deshacer, y llorar así no va a cambiarlo.

Pensé en papá. Pensé en su cara cuando volviera a casa después del turno, abriendo la puerta con la llave, preguntando en voz alta quién se había comido su pastel de manzana. Un sollozo me subió por la garganta y no pude contenerlo; me tapé la boca con la mano libre y lloré en silencio, con los hombros temblando.

—Mi papá es policía —dije al fin, aferrándome a esa frase como a una cuerda—. Va a mover cielo y tierra. Va a revisar cada cámara, cada calle, cada aeropuerto. No va a descansar hasta encontrarme.

—Es un hombre hábil, pero ahora está destrozado —respondió Kael—. Y para las autoridades de París, lo que ocurrió en tu departamento fue un robo con violencia ejecutado por delincuentes comunes.

Sentí que me faltaba el aire. Miré a Kai, buscando en su cara algún gesto que desmintiera aquello, pero solo encontré una ternura que me dio ganas de vomitar.

—Quiero irme a mi casa —dije, apenas audible—. Por favor. Lo que sea que piensen de mí, se equivocan. Soy una estudiante, hija de una florista y de un policía. No tengo nada que puedan querer.

—Te queremos a ti, Mila —dijo Kai, inclinándose un poco hacia mí—. Solo a ti.

—No me quieran —murmuré, con asco—. Ni siquiera me conocen.

—Te conocemos más de lo que crees —respondió él—. Sabemos que cierras los ojos cuando mezclas el azul con el verde. Sabemos que tarareas bajito cuando crees que nadie te escucha.

Sentí que me ardía la cara de rabia y de vergüenza. Giré el rostro hacia el otro lado para no verlo y clavé los ojos en la mesita de noche, donde había un jarrón con rosas blancas.

—Están enfermos —dije, con la voz ahogada—. Los dos. Yo no soy un objeto, no soy de su propiedad. No le pertenezco a nadie.

—Por ahora necesitas descansar —intervino Kael, caminando hacia la puerta—. Daria te traerá algo de comer y ropa limpia. Hay un baño privado detrás de esa puerta. Las ventanas no se abren y las puertas estarán cerradas; no te lo digo para asustarte, sino para que no gastes fuerzas intentándolo.

—Prefiero estar muerta antes que quedarme aquí —le dije, mirándolo por fin a los ojos.

—No digas esa palabra —murmuró Kai, y alzó la mano para apartarme un mechón de cabello de la frente; me aparté con tanta rabia que casi me caigo de la cama, y él no se inmutó—. Te daremos tiempo, mi pequeña Mila. Todo el que necesites para llorar, para odiarnos y para entender.

—Tenemos todo el tiempo del mundo —repitió Kael desde la puerta, con la mano en la manija.

Kai se puso de pie despacio, me soltó la mano con un último roce suave y siguió a su hermano hacia el pasillo. Se volvió una vez más en el umbral, con una expresión tan tierna que me dieron ganas de gritar, y cerró la puerta con un clic suave. Después escuché una llave girando en la cerradura.

Me quedé inmóvil, mirando la puerta cerrada, con la respiración entrecortada y el cuerpo helado bajo las mantas. El silencio de la habitación era tan profundo que alcanzaba a oír mi propio pulso en los oídos.

Me incorporé con dificultad, apoyándome en el cabecero de madera, y miré a mi alrededor: una habitación enorme, de paredes claras, con una chimenea apagada, una cómoda de madera oscura y las cortinas del ventanal cerradas, por donde se colaba apenas una franja de luz gris.

Mis ojos volvieron al jarrón de rosas blancas; alguien las había elegido para mí. Las miré durante un largo rato, y entonces, sin saber de dónde me salían las fuerzas, estiré el brazo, tomé el jarrón y lo estrellé contra la pared con toda mi fuerza.

El cristal estalló en mil pedazos, el agua salpicó el empapelado y las rosas cayeron sobre la alfombra, con los pétalos desparramados. Me abracé las rodillas, escondí la cara entre los brazos y volví a llorar, llamando a mamá, hasta quedarme sin voz.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 56

    Y sobre un pintor que Cordelia había conocido en su juventud y que ahora exponía en alguna galería europea. Chloé se levantó poco después, despidiéndose con un gesto ligero hacia la mesa entera. —Que disfrutes tu día de pintura —me dijo, deteniéndose un instante a mi lado antes de salir—. Espero ver algo bueno cuando termines. —Gracias, Chloé —respondí, dejando que la cordialidad saliera sin ningún esfuerzo adicional, mientras ella se alejaba con ese paso tranquilo tan suyo hacia el resto de la casa. Terminamos de desayunar poco después, y Kai se puso de pie, tendiéndome la mano con una sonrisa impaciente. —¿Lista para irnos? —preguntó, sin soltarme los dedos. —Lista —respondí, poniéndome de pie también. Salimos juntos hacia la entrada principal, donde Kai tomó las llaves de mi auto nuevo del cuenco sobre la credenza antes de que pudiera adelantármele. —¿Manejas tú o manejo yo? —preguntó, con una ceja alzada y una sonrisa traviesa. —Manejo yo —respondí, arrebatándole las llave

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 55

    Desperté envuelta en un brazo pesado y un aroma que reconocí de inmediato, limpio y ligeramente dulce, inconfundiblemente de Kai. Sentí su respiración pausada contra mi nuca antes incluso de abrir los ojos del todo, su brazo todavía cruzado sobre mi cintura con esa pesadez tibia de quien duerme profundo y sin ninguna prisa por soltar lo que tiene cerca. Me quedé quieta un momento, disfrutando de ese calor que me envolvía entera, escuchando el murmullo lejano del agua corriendo en el baño contiguo. Me giré despacio entre las sábanas, cuidando de no despertarlo todavía, y me encontré de frente con su rostro relajado, los labios apenas entreabiertos y un mechón de cabello oscuro cayéndole sobre la frente. Alcé la mano con cuidado y se lo aparté, dejando que mis dedos se demoraran un instante sobre su piel tibia. —Mmm —murmuró él, sin abrir los ojos del todo, atrapando mi mano contra su mejilla con una sonrisa perezosa dibujándosele en los labios—. Si sigues haciendo eso, no voy a quer

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 54

    Sentía la tensión acumulándose de forma insoportable en cada rincón de mi cuerpo, una marea febril que amenazaba con desbordarse en cualquier momento mientras las curvas cerradas del camino hacían que nuestros cuerpos se acoplaran todavía más en una entrega total que desafiaba la lógica y las normas del mundo exterior. ​Cuando el auto finalmente cruzó las pesadas puertas de hierro forjado de la residencia y se detuvo con suavidad frente a la escalinata de mármol blanco, el silencio majestuoso y severo de la mansión nos envolvió como una promesa oscura. El contraste entre el frío exterior de la madrugada moscovita y el calor denso y febril acumulado en el vehículo se desvaneció por completo en cuanto las puertas se abrieron y el aire silencioso de la propiedad nos recibió, recordándonos que habíamos vuelto a nuestra jaula de oro. ​Kai descendió primero del vehículo con una agilidad felina, abriendo la puerta trasera con una calma absoluta y una sonrisa socarrona para ayudarnos a baja

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 53

    ​El eco apagado de la música y los destellos de neón del club clandestino quedaron definitivamente atrás en cuanto cruzamos las puertas hacia la fría y solitaria madrugada de Moscú. El contraste con el calor denso del interior fue inmediato, un golpe de aire helado que me hizo estremecer apenas una fracción de segundo antes de que la presencia imponente de los gemelos volviera a atraparme por completo, aislándome del resto del mundo. ​Caminamos los tres en absoluta sincronía hacia el auto que aguardaba estacionado junto a la acera desierta. En cuanto nos acercamos lo suficiente, Kai se tomó su tiempo con una calma deliberada y exasperante, regalándome una mirada cargada de promesas mudas antes de abrir la puerta del conductor y acomodarse al volante. Relajó los hombros con la confianza absoluta de quien sabe perfectamente el descontrol que va a provocar, mientras Kael, con un movimiento seco y autoritario, me abría la puerta trasera para que subiera y él subió detrás de mí. ​Antes d

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 52

    —Esto es precioso —dije, girándome hacia Kael con una sonrisa sincera—. ¿Cómo encontraron un lugar así? —Mi padre lo conoce desde hace años —respondió él, sirviendo el champán en tres copas altas—. Solo entran quienes tienen una invitación directa. Pensamos que sería el lugar perfecto para empezar la noche. Un mesero apareció apenas unos segundos después, dejando sobre la mesa una bandeja pequeña con bocadillos delicados: blinis con caviar, tartaletas diminutas de salmón ahumado y copas pequeñas rellenas de algo cremoso y dulce que no supe identificar del todo, aunque el primer bocado me dejó un sabor a miel y a algo parecido al pistacho flotando en el paladar. Probé un poco de cada cosa entre risas ligeras, disfrutando de la música que se colaba amortiguada desde el otro lado de la cortina, entre alguna anécdota de Kai sobre un cuadro que había arruinado sin querer de niño y alguna corrección seca pero cariñosa de Kael sobre los detalles exactos de aquella historia. —Gracias por e

  • El secuestro de Mila   CAPÍTULO | 51

    El aire frío me golpeó el rostro apenas Kai apartó las manos de mis ojos, y por un segundo entero no supe qué hacer con lo que tenía enfrente. Un auto descapotable, de un rojo profundo que brillaba bajo las luces del jardín, esperaba estacionado justo al pie de la escalinata, con un lazo dorado enorme atado alrededor del capó como si fuera un regalo envuelto a última hora. —¿Esto es...? —empecé, sin terminar la frase, girándome hacia los dos con los ojos bien abiertos. —Es tuyo, Mila —dijo Kai, con una sonrisa que le desbordaba el rostro entero, dando un paso adelante para apoyar la mano sobre el techo del auto con un orgullo que no intentaba disimular—. Completamente tuyo. Nadie más lo ha tocado. Kael se acercó por mi otro costado, sacando de su bolsillo un juego de llaves atado con una cinta pequeña, y me las colocó despacio sobre la palma, cerrándome los dedos alrededor de ellas con una calidez que contrastaba con la seriedad habitual de su rostro. —Feliz cumpleaños, otra vez

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status