Home / Hombre lobo / Hermanos de la Luna / Capítulo 3 – Las cenizas del silencio

Share

Capítulo 3 – Las cenizas del silencio

Author: Invencible
last update publish date: 2025-09-05 19:17:12

Neriah

El regreso al interior me pareció irreal, como si fuera una extranjera que regresaba de un sueño demasiado intenso para ser verdad. La fiesta aún bulliciosa detrás de la puerta cerrada, las risas falsas y las conversaciones insípidas retomando su lugar. Pero yo estaba en otro sitio. Tan lejos.

Cada paso resonaba en el mármol como una disonancia. Sentía que flotaba, el cuerpo aún cargado de la electricidad de la noche. A veces, los rostros se volvían hacia mí, pero no los veía. Solo lo veía a él.

Mis pies descalzos habían dejado huellas húmedas sobre la fría piedra del jardín. Aún podía sentir el contacto de la tierra contra mi piel, el olor salvaje de la noche que flotaba a mi alrededor, la huella invisible de su presencia en mi brazo.

Su mirada me había atravesado. No era una mirada ordinaria. No había pedido nada. Había tomado. Como si mis secretos ya le pertenecieran.

En mi pecho, un fuego nuevo ardía, un fuego a la vez dulce y cruel. Un deseo brutal, una tensión sorda que me consumía lentamente, ferozmente. Nada tierno. Nada pacífico. Un desgarrón, sí. Una fisura abierta por una mano que aún no conocía.

Me encerré en la soledad de mi habitación, cerrando la puerta al mundo ruidoso y vano. Allí, en la oscuridad, dejé que mis pensamientos se desbordaran, incontrolables. Lejos del tumulto, pero no en paz.

¿Quién era él? ¿Por qué esta intensidad, este peso en mi corazón? ¿Por qué este fuego que me había atrapado en el mismo instante en que nuestras miradas se habían cruzado?

No era alguien sentimental. Me habían enseñado a cerrar mis emociones, a no dejar que nada se notara. Pero esta vez… era diferente. Como si algo enterrado desde hace años se hubiera roto, hubiera salido a la superficie.

Me sorprendí recordando su rostro, cada detalle grabado en mi memoria. Sus ojos, sobre todo. Esa luz ardiente que parecía contener tanto la promesa del peligro como la de un refugio imposible. Una luz antigua. Una luz que creía haber visto antes, en otro lugar, en un recuerdo que no podía captar.

Me pellizqué el labio, intentando ahuyentar esa imagen que no quería desvanecerse. No bastaba con cerrar los ojos. Él estaba allí, en mis venas. En mi aliento.

Y, sin embargo, en el fondo de mí, una parte de esperanza tenaz se había encendido. Una chispa que no había sabido apagar.

Liam

De regreso en la casa, el mundo parecía de repente demasiado estrecho, demasiado ruidoso, demasiado artificial. Cada sonido, cada risa, cada mirada me taladraba la cabeza. Ya no podía soportar esta mascarada.

Sabía que había visto algo prohibido, algo inexplicable, en ese jardín bañado por la luna roja. No era solo ella. Era lo que ella despertaba. En mí. En el mundo.

Me encerré en la habitación más aislada, dejando la puerta cerrarse tras de mí como un desafío lanzado al universo. Una fuga. O un intento de supervivencia.

Apoyé mi frente contra la fría pared, tratando de calmar la tormenta que rugía dentro de mí. Pero nada se aquietaba. Ella estaba allí, en todas partes.

Esta mujer, Neriah… Era más que un enigma. Era una quemadura viva en mi mente, una llama que no podía ignorar ni apagar.

No sabía nada de ella, y, sin embargo, tenía la dolorosa sensación de conocerla desde siempre. Como si mi cuerpo recordara, aunque mi memoria permaneciera muda.

Recordaba su mirada, sus labios entreabiertos, el escalofrío que había recorrido su cuerpo cuando la había tocado. Un escalofrío que yo también sentía, aún más intenso. Una resonancia.

Sabía que esa noche, nuestro encuentro robado, iba a alterar nuestras vidas. No era un capricho. No era una atracción pasajera. Era otra cosa.

Pero aún no sabía hasta qué punto. Y temía descubrirlo.

Neriah

Las horas pasaron, pesadas y lentas. El sueño me eludía, y cada vez que mis párpados se cerraban, era su rostro el que aparecía en mi mente. Esa silueta inmóvil, esa luz en sus ojos, esa voz ronca que había susurrado mis defensas. Creí estar protegiéndome, pero él había atravesado mis murallas en un parpadeo.

Finalmente, me levanté, con las piernas temblorosas, y encendí una vela. Su llama titilante parecía ser el único punto luminoso en esta oscuridad que me envolvía. Bailaba como yo, incierta.

Tomé un cuaderno y un bolígrafo, y comencé a escribir, tratando de domar este fuego interior. Cada palabra trazaba un rastro de cenizas.

No sé qué pasó. Es como si una parte de mí se hubiera despertado, una parte que ignoraba. No sé si él es un peligro… o una promesa.

Dejé que la pluma corriera sobre el papel, vaciando mis pensamientos, mis dudas, mis miedos. Mis deseos también. Una parte de mí quería huir. La otra quería correr hacia él.

Luego, en un rincón de la habitación, un viejo espejo captaba la luz de la vela. Me levanté para mirarme. Mi reflejo me dio la impresión de una bofetada.

Miré a esta mujer que me observaba, y que ya no reconocía del todo.

Su cabello negro, desordenado, enmarcaba un rostro pálido y fino. Sus ojos, grandes y profundos, brillaban con una intensidad nueva, como si una llama interior los animara. Su piel era suave pero marcada por los días demasiado largos, las noches demasiado cortas.

Tenía la sensación de ser una extranjera en mi propio reflejo, una mujer desgarrada entre dos mundos. Una frontera invisible se había abierto, y la había cruzado sin querer.

Sopló sobre la llama de la vela, sumiendo la habitación en una oscuridad envolvente. Un silencio pesado, casi sagrado, se instaló.

Y fue en esta noche silenciosa que comprendí que nada volvería a ser igual.

Liam

El día había amanecido cuando finalmente me desplomé en el sofá, exhausto pero incapaz de apagar este fuego que me consumía.

La promesa muda de esa noche, el peso de esa mirada, la quemadura que me había recorrido… Todo eso me atormentaba. Y cuanto más buscaba entender, más me hundía en lo desconocido.

No solo deseaba a ella. La necesitaba. Esa parte de mí que ella había despertado.

Pero todo en mí gritaba que era un error. Que acercarme a ella sería como desatar una tormenta que nada podría detener.

Sabía que el destino había cruzado nuestros caminos por una razón. Pero ya temía el precio a pagar.

Porque este fuego, por intenso que fuera, no podía ser más que un preludio del dolor. Y, sin embargo, a pesar de todo, no tenía ganas de apagarlo.

El silencio retomó sus derechos.

Pero en las sombras de esta casa, una guerra silenciosa acababa de comenzar.

Una guerra entre el deseo y el miedo, entre la luz y las tinieblas, entre lo que habíamos sido y lo que estábamos a punto de convertirnos.

Y solo era el comienzo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 83 — El destello del abismo

    NeriahSiento mis manos arder, no como un calor de fiebre, sino como si el aire mismo se hubiera transformado en metal fundido y quisiera hundirse en mi piel, colonizar mis venas, estallar mis huesos, y cuanto más aprieto a Liam contra mí, más siento ese fuego trepar, enrollarse, morder mi carne desde dentro. Su aliento quebrado golpea contra mi cuello, cada inspiración entrecortada me atraviesa como una cuchilla desafilada, sus dedos se crispan en mi cintura, sus garras a medio replegar se aferran a mi piel, y sé que no solo me retiene: se aferra para sobrevivir. Y sin embargo, en su debilidad, aún murmura una fuerza, como si su miedo me alimentara.Kael lo siente, Kael lo sabe. Sus ojos dorados se entrecierran, un brillo felino y salvaje late en sus pupilas, su respiración se vuelve jadeante, cada aliento arrancado de su garganta como un gruñido a punto de estallar. Sus colmillos brillan bajo la luz crepitante de la barrera, un destello animal, húmedo, insoportable. Su voz escapa ro

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 82 — El abismo bajo nuestros pies

    NeriahEl silencio no se sostiene, late, vibra, se resquebraja como una piel demasiado tensa bajo el calor, y detrás de él ya siento la rabia de Kael enrollarse, viva, lista para estallar. Sus músculos tensos contra la onda invisible de su madre parecen cuerdas a punto de romperse, sus venas hinchadas laten bajo su piel, su aliento es una cuchilla que desgarra el aire. No retrocede del todo, se dobla, espera, acecha.Liam gime contra mí, su mano tiembla en mi cintura, respira a sacudidas, su pecho sacudido por espasmos dolorosos, pero se aferra. Siento sus garras casi convertidas de nuevo en dedos hundirse en mi piel, como si temiera que yo desapareciera. Su calor contra mi pecho es lo único que aún me mantiene en pie.Kael alza los ojos hacia su madre, y en esa mirada veo un odio casi puro, ardiente, y una herida más antigua, más profunda, que hace temblar sus labios.—¿Crees que podrás retenerme eternamente? ¿Crees que podrás quebrarme como a él?Su voz es un gruñido sordo, casi un

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 81 — La ira y la cadena rota

    NeriahKael avanza; cada paso resuena como un martillazo en mis sienes. La piedra vibra bajo sus pies como si el suelo mismo cediera a su rabia. Sus hombros, hinchados por la furia; sus puños, tan apretados que los nudillos se le vuelven blancos; y sus ojos, de un oro demente, me clavan como dos cuchillos a punto de hendirme. Ya no respira: resopla, ruge, y cada aliento es una advertencia.Liam, contra mí, intenta incorporarse. Sus músculos aún tiemblan, sus dedos ganchudos, que se desmoronan en dedos de hombre, me aprietan la piel con una fuerza desesperada. Su pecho, agitado a sacudidas, choca con mi hombro; su aliento me quema la nuca, pero insiste, forcejea, y su voz ronca estalla como una brasa bajo la lluvia.—Como le pongas un dedo encima… Kael…Su hermano suelta una carcajada, una risa negra, agrietada, que ya no tiene nada de humana, un destello de desprecio que desgarra la noche.—¿Tú? ¿Otra vez amenazándome? Mírate. Te mantienes en pie porque ella te impide pudrirte, respir

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 80 — Los muros cerrados

    NahiaSalgo con un movimiento brusco, casi instintivo, sin pensar, sin siquiera darme la vuelta. El aire de la habitación me quema los pulmones, mis pies descalzos resbalan a medias sobre el parqué, y el latido de mi corazón cubre todo lo demás, incluso la lluvia, incluso las voces que quizá intentan llamarme. No quiero oírlas. Ahora no. A ellos no.—¿Adónde crees que vas así? —dice uno de los dos.—Acabarás por pertenecernos, querida.Los oigo reír a mi espalda.Corro por el pasillo como si la propia casa quisiera retenerme, cada puerta me roza, cada sombra se alarga a mi paso, y cuando encuentro una habitación al azar, la primera cuyo pomo cede bajo mis dedos temblorosos, me arrojo dentro y cierro la puerta de golpe.El ruido seco resuena en mis sienes.Giro la llave dos veces, con un gesto torpe, rápido, y me apoyo contra la madera fría, jadeante. El silencio vuelve a caer brutalmente a mi alrededor, espeso, casi pesado. Solo la lluvia continúa, fuera, golpeando el mundo como para

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 79 — La noche que respira

    NahiaMe quedo sentada en el borde de la cama, las sábanas tibias y arrugadas bajo mis manos, y siento la humedad de la habitación mezclarse con mi propio nerviosismo. Cada crujido del suelo resuena como un tambor en mi pecho, cada respiración de la casa me parece exagerada, como si contuviera el aliento para no revelar lo que aún ignoro. La lluvia tamborilea contra los cristales y se cuela en pequeñas gotas por las rendijas del marco, y adivino, tras ese telón de agua, la ciudad temblando bajo la misma tormenta.Me arrodillo un instante para deslizar las manos bajo mis rodillas, como para contener el torrente de preguntas que aflora: ¿adónde han ido? ¿Por qué este silencio? ¿Y cuándo volverán? Un miedo fino pero tenaz se aferra a mí, el de un contacto demasiado cercano, demasiado súbito, que podría engullirme si no me preparo.Un ruido casi imperceptible me sobresalta. La puerta de entrada se cierra levemente. El corazón se me encoge, el estómago se me anuda. Han vuelto. La reticenci

  • Hermanos de la Luna    Capítulo 78: Los gemelos

    LioraLo intentamos todo: regateamos el aire, ofrecemos respuestas huecas, argumentamos mentiras, Maya se venda la calma, habla bajo, raciona las palabras como si cada sílaba pudiera salvar una vida.—Se marcharán con lo que quieren —dice, y hay en su frase un espesor que tiene tanto de resignación como de desafío, pero Sombre y Ténèbre no escuchan las promesas fáciles, vienen a por otra cosa, vienen a marcar, a recordar que existen líneas que no se cruzan sin que el mundo pague el precio.Cuando Sombre se inclina hacia Liora, es la ternura lo que hiela la sangre, no hay brutalidad gratuita, solo una demostración controlada, sabe exactamente hasta dónde llegar para que el deseo de resistirse se atasque, y Liora muerde, pellizca, se agarra, y sin embargo la mano que la sujeta no tiembla, la mantiene como se encierra una llama para que no consuma todo alrededor, oigo chirriar sus dientes, oigo su aliento que se retuerce, y comprendo que la violencia de los gemelos no es más simple que u

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status