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CAPÍTULO 2: SOLA ENTRE PAREDES FRÍAS

last update publish date: 2026-09-17 16:56:19

Me puse el pijama y me senté en la orilla de la cama. La habitación se sentía tan silenciosa que solo se escuchaba mi respiración. Miré a mi alrededor y vi que la habitación era muy hermosa, llena de lujos; sin embargo, las paredes frías parecían vigilarme. Me sentía tan sola que me dolía el pecho. Había pasado por muchas emociones el día de hoy, y de solo pensar que este era el comienzo de mi nueva vida, me dolía el alma.

Pero lo que más me partía el corazón era saber que mis padres me habían entregado a este hombre por dinero. Tenía las palabras de Damián grabadas en la mente, como si mi cerebro las hubiera registrado para siempre:

—No esperes amor… y que traerá mujeres, y que no debía importarme.

Claro que no me va a importar, pero siento que daña mi dignidad. En verdad no esperaba amor; si mis propios padres no lo tuvieron hacia mí siendo su hija, está claro que no lo esperaría de un hombre como él. Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas de forma tan descontrolada que me dejé caer de espalda sobre la cama, llorando sin parar. Mi corazón me dolía tanto que se volvía insoportable; no podía creer lo que me estaba pasando.

De repente, tocaron a la puerta. Me levanté rápido, secándome las lágrimas, y con la boca seca hablé:

—Adelante.

Luego entró una sirvienta con una bandeja de comida.

—Señora, le traigo la cena por órdenes del señor Montenegro. También me dijo que no podrá cenar con usted y que por eso le trajera la cena a su cuarto, a menos que quiera cenar sola en el comedor.

—Claro que no, deja mi comida aquí. Muchas gracias.

—De nada, señora. En cuanto termine, vendré a recoger los platos.

La sirvienta se dio la vuelta y se marchó. Volví a quedarme sola con la comida sobre una mesita. Con todo lo que estaba pasando, no recordaba que llevaba horas sin probar bocado. Me senté, tomé los cubiertos y me llevé la sopa a la boca. La sentía sin sabor, ya que mi boca estaba reseca de tanto llorar.

Mientras comía, la puerta se abrió de golpe. Era Damián.

—Veo que ya te acomodaste.

—Sí, señor.

—Por cierto, Valeria, te quería comentar que mañana iremos con mis padres. Quieren conocer a la futura señora Montenegro.

Mientras me decía que tendría que conocer a sus padres, daba vueltas por la habitación, observando cada movimiento que yo hacía. Luego se acercó a mí; lo sentí tan cerca que pude oler el alcohol que había bebido y también pude observar su camisa desabotonada, que dejaba a la vista los tatuajes de su pecho. Me miró de arriba abajo y siguió diciendo:

—Así que mañana pasarán por ti a las ocho. Mi chofer te llevará y yo te esperaré allá. Llega puntual, no me gusta esperar.

Dio unos pasos lentos hacia la puerta de la habitación y luego soltó otras palabras:

—Y por favor, deja de llorar. En esta casa no me gustan las personas lloronas. Tú sabías muy bien a lo que venías, así que no sé por qué lloras ahora.

Con esas últimas palabras, cerró la puerta. Mis ojos se llenaron de lágrimas e intenté contenerlas, aunque era imposible. Me repetía a mí misma: yo no deseé esta vida, nunca la hubiera escogido. Mis padres la escogieron por mí sin importarles mis sentimientos. Lo único que les importaba era el dinero; no les interesó si yo era infeliz. Y ahora, con ese hombre, era igual o aún peor. Mi vida era un desastre que se había vuelto así en un segundo.

La noche apenas comenzaba, pero mi alma sentía que ya era una eternidad. Dejé la comida sobre la misma mesita donde la habían dejado y me recosté en la gran cama fría, pensando en qué haría por la mañana, qué me dirían o cómo me tratarían sus padres. No quería que amaneciera; además, me aterraba estar en esta habitación. Ya ni siquiera podía llorar, ya que me lo habían prohibido y no podía sacar lo que sentía por dentro.

Me acurruqué con la almohada e intenté cerrar los ojos, pero, aun cerrados, sentía que me ardían de tanto llorar, aunque ahora tuviera que contener las lágrimas. Luego, de lo cansada que estaba, quedé totalmente dormida.

Mientras dormía, tuve un hermoso sueño donde no estaba en esa mansión. Estaba en un lugar con muchas rosas rojas y, entre ellas, había una cabaña. Me sentía tan libre... Parecía que lo que estaba pasando solo había sido una terrible pesadilla. Pero, de repente, unos golpes fuertes me sacaron de mi maravilloso sueño, y vi que todo había sido un lindo espejismo. Seguía adentro de esa mansión, encerrada en una habitación, sola entre paredes frías.

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