เข้าสู่ระบบDiez años despuésObservo las prendas que salen empaquetadas una tras otra. Me acomodo los lentes y le indico a ñ l estilista que necesitamos renovar el estilo para esta temporada. Abro mi boceto y le muestro lo que tengo en mente para el verano; pronto habrá mucho movimiento en playas e islas, y nuestras colecciones estarán en distintos puntos de venta, justo donde fueron solicitadas.Mientras termino de revisar el trabajo, entra una llamada de mi esposo. Elevo las cejas y respondo.—Hola, mi amor. ¿Qué sucede? ¿Ya estás ansioso?—Claro que lo estoy —responde sin rodeos—. Llevo una semana sin verte. Por estar en singapur, ahora estoy contando los minutos para tenerte conmigo. No sabes cuánto te extraño, muero por hacerte el amor, por todas partes.Sonrío, aunque intento disimular. Una de las chicas me observa curiosa, así que le hago una seña para que continúe con su labor. Entro a mi oficina y retomo la llamada.—Eres un pícaro —le digo en voz baja—. ¿Cómo puedes decirme eso en plen
Leonardo Finalmente, todo había terminado. El único asunto que aún me incomodaba era Angélica y su padre, Armando, pero eso se resolvió cuando mi madre me trajo pruebas contundentes contra esa lacra de hombre.Resultó que mi padre no le debía dinero alguno. ¡Qué estupidez! Jamás lo habría imaginado. La verdad era otra, mi padre había comprado unas tierras y Armando nunca recibió algunos pagarés. En esa época, mi padre enfermó, y Armando se aprovechó de la situación para inflar la deuda, alegando que mi padre le debía una suma inmensa. Todo había sido una vil trampa.Con paciencia, encontramos los pagarés restantes y, para mi sorpresa, también la firma de Armando, en la que prácticamente suplicaba que su hija se convirtiera en mi esposa. Su objetivo era claro: quería asegurarse un legado utilizando el apellido Valverde y ser dueños de la galeria si yo no aceptaba. No se equivocó en su ambición, pero sí llegó tarde. Para entonces, yo ya había descubierto que Angélica no me agradaba en
ZairaSentía que el aire se me quedaba atrapado en el pecho. El lugar era oscuro, amplio, una antigua bodega de zapatos abandonada. Las paredes oxidadas crujían con cada paso. El hombre me empujó con brusquedad y lo miré con desprecio.—Cálmese, ¿ok? — espete con furia y el me sonrió con maldad.Esa sonrisa me heló la sangre. Lo ignore y observe el lugar. A simple vista podía notar lo peligroso que era este lugar. Incluso había un cartel oxidado que advertía que el edificio podía derrumbarse en cualquier momento. De pronto, a lo lejos, escuché un llanto.Mi corazón se aceleró.Corrí desesperada, pero cuando intenté entrar, el hombre me bloqueó el paso.—Con calma, señorita. Aquí usted no va a hacer lo que le plazca.Mi bebé estaba llorando. Sentí que en cualquier momento iba a gritar de impotencia. Entonces, desde el fondo, escuché una carcajada.La reconocí al instante.Era mi hermana.—Me dijeron que tenías la memoria perdida… pero te acuerdas de mí. Vaya, no lo puedo creer.Su rost
LeonardoCuando llegamos a la frontera, el silencio fue lo primero que me golpeó.El auto estaba ahí, abandonado. Sin rastros de movimiento, sin señales de que Zaleth estuviera aquí, no hay respuestas. Solo el viento levantando polvo alrededor de un vehículo que parecía burlarse de nosotros.—No… —murmuré, bajándome de golpe.Revisé el interior, el maletero, los alrededores. Nada. Absolutamente nada.La rabia me subió de golpe. Sentí cómo la sangre me ardía en las venas.—¡Maldita sea! —grité, golpeando el costado del auto con el puño—. ¡Nos usó!Marcos bajó detrás de mí, igual de tenso.—Esto no tiene sentido, señor…—¡Claro que lo tiene! —exploté—. ¡Todo fue una trampa!Me pasé la mano por el cabello, respirando con dificultad. No podía creer que nos hubiera llevado tan lejos, alejándonos de lo único que importaba.Saqué el móvil y marqué el número de Zaira.Una vez, nuevamente la llamé y nada, que demonios está pasando.—Contesta por favor, contesta —murmuré, con el corazón desboc
ZairaEl pitido constante del monitor era lo único que llenaba esta habitación vacía. El reloj que esta en la pared blanca, marcaba el tiempo y me recordaba que mi madre seguía aquí aferrándose a la vida. Su piel lucía demasiado pálida, casi ajena, y cada vez que el aparato marcaba un latido, sentía un golpe directo en el pecho. Tenía, miedo de perderla, ella lo era todo para mi.Me senté a su lado, observando su respiración asistida, intentando convencerme de que todo iba a estar bien. Pero la verdad era otra: el miedo me estaba carcomiendo por dentro.Mi hermana tenía que pagar. No sabía cuándo ni cómo, pero su momento llegaría. Yo ya no podía soportar más pérdidas, más dolor, más tragedias.Leonardo había salido a buscar a nuestra hija y a mi sobrino. Dos inocentes atrapados en la locura de una mujer incapaz de amar, incluso a su propio hijo. Cerré los ojos un instante y apoyé la cabeza junto a la camilla. El cansancio me vencía; llevaba todo el día de ayer y yo sin dormir, con un
ZairaNo podía creer lo que Leonardo me estaba diciendo.Las palabras salían de su boca, una tras otra, pero mi mente se negaba a aceptarlas. Era como si el mundo se hubiera detenido de golpe y, aun así, el auto siguiera avanzando a toda velocidad por la carretera. Mi respiración se volvió irregular, corta, desesperada. Sentí un vacío brutal en el pecho, como si alguien me hubiera arrancado algo vital.—No—susurré, negando con la cabeza—. No, eso no puede estar pasando. Mi hermana Zaleth es una loca, no fue suficiente en secuestrarme y hacerme daño. Ahora escapo de la carcel. Leonardo golpeó con fuerzas el volante.Mi hermana, se había llevado a mi hija, a mi bebé, mi pequeña Leira, que apenas tenía un mes y semanas de nacida. Y no solo eso… también a mi sobrino. A ese niño inocente que no tenía absolutamente nada que ver con la locura de su madre. Y como si el horror no fuera suficiente, había lastimado a mi madre, la mujer que nos protegió siempre, que soportó golpes, humillaciones







