FAZER LOGINCapítulo Ocho
Creía que conocía el dolor. Creía que entendía el sufrimiento. Pero nada podría haberme preparado para el horror de lo que estaba por venir.
Estaba fregando los pisos fuera del comedor cuando oí los gritos. Agudos y llenos de pánico, resonando por los corredores. Mi cuerpo se tensó, mi corazón latió desbocado mientras alzaba la vista, la sangre helándose en mis venas.
Era la Luna...
Guardias pasaron corriendo a mi lado, con rostros pálidos de miedo. Los sirvientes susurraban en voz baja, con los ojos abiertos de terror. Me quedé congelada, el corazón latiéndome con fuerza mientras el miedo se enroscaba en mi estómago.
"¿Qué pasó?", le pregunté a una de las sirvientas, con la voz temblando.
Me miró con desprecio, sus labios curvándose en asco. "La Luna... la han envenenado."
Mi sangre se convirtió en hielo, mi cuerpo se entumeció. ¿Envenenada? Pero ¿quién se atrevería...?
"¡Bella!", la voz de Mira cortó el aire como un látigo, fría y furiosa. Me giré, con el corazón hundiéndose al verla avanzar hacia mí, con los ojos ardiendo de rabia. "¡Rata sucia! ¿Qué hiciste?"
Di un paso atrás, el miedo arañándome por dentro. "Yo... no hice nada..."
Me abofeteó con fuerza, mi cabeza girando hacia un lado, el dolor explotando en mi mejilla. "¡Mentirosa! ¡Tú le serviste el desayuno esta mañana! ¡Debes haberla envenenado!"
Mi corazón se detuvo, la sangre helándose. Sí, le había servido el desayuno a la Luna... pero no había tocado la comida. Solo había llevado la bandeja.
"Yo... no lo hice...", balbuceé, temblando. "No la envenené... lo juro..."
Los ojos de Mira se entrecerraron, su rostro torcido de odio. "¿Crees que alguien te creerá? No eres más que una ladrona mentirosa. Siempre has estado celosa de Lila... siempre causando problemas..."
Abrí la boca para protestar, pero antes de que pudiera hablar, unas manos fuertes me agarraron por detrás. Guardias. Sus agarres eran como hierro, sus rostros fríos e implacables mientras me arrastraban por los pasillos, mi cuerpo retorciéndose mientras luchaba por liberarme.
"¡No! ¡Por favor! ¡No lo hice!", grité, el pánico inundando mis venas. "¡No la envenené! ¡Lo juro!"
Me arrojaron al suelo en el salón principal, mi cuerpo chocando contra la piedra fría. El dolor me atravesó, mis costillas palpitando mientras alzaba la vista, con la visión nublada.
Kaden estaba frente a mí, con el rostro pálido de furia, los ojos ardiendo de ira. Lila estaba a su lado, con lágrimas corriendo por su rostro mientras se aferraba a su brazo, temblando.
"¡Intentó matarme!", sollozó Lila, con la voz quebrada. "Siempre estuvo celosa... siempre odiosa... debí saber que haría algo así..."
La miré fijamente, con el corazón haciéndose trizas. ¿Cómo podía mentir tan fácilmente? ¿Cómo podía ser tan cruel?
"No... no lo hice...", ahogué, con la voz quebrándose. "Nunca lo haría... lo juro..."
Los ojos de Kaden eran fríos, su mandíbula apretada mientras me miraba con asco. "Supe que eras un problema desde el momento en que te conocí. Débil, patética, una carga para esta manada."
Dio un paso más cerca, su voz baja y furiosa. "Debería haberte echado cuando llegaste aquí. Pero te di una oportunidad. Te mostré misericordia."
Mi corazón se hundió, mi cuerpo temblando mientras sus palabras me cortaban como cuchillos. ¿Misericordia? Me había rechazado, humillado, golpeado...
¡Me había convertido en esclava!
"¿Y así pagas mi misericordia? ¿Intentando matar a mi Luna?" Su voz era fría, sus ojos llenos de desprecio. "No eres más que una traidora."
"¡No! Por favor... no lo hice... nunca lo haría...", supliqué, con la voz quebrándose. "Yo... te amaba..."
Su rostro se endureció, sus ojos destellando de ira. "No te atrevas a hablarme de amor. No eres más que una serpiente mentirosa y manipuladora. Debería haberte matado cuando tuve la oportunidad."
El dolor me atravesó, mi corazón haciéndose pedazos. Sus palabras eran como veneno, cada una clavando más profundo el cuchillo.
"Te sentencio al exilio", declaró Kaden, su voz resonando por el salón. "Estás desterrada de esta manada. Ya no formas parte de nosotros. Si alguna vez pones un pie en nuestras tierras de nuevo, serás asesinada en el acto."
Mi sangre se heló, mi cuerpo se entumeció. Exilio.
No... No, no podía...
"Llévenla lejos", ordenó Kaden, con el rostro frío e implacable. "Asegúrense de que nunca regrese."
Los guardias me agarraron, sus manos como hierro mientras me ponían de pie. Luché, mi cuerpo retorciéndose mientras intentaba liberarme.
"¡No! ¡Por favor! ¡No hagan esto!", grité, con la voz quebrada por la desesperación. "¡No lo hice! ¡Lo juro!"
Pero nadie escuchó. Nadie ni siquiera me miró...
No era nada. Menos que nada...
Me arrastraron por el patio, mis pies raspando contra el suelo mientras pateaba y gritaba, mi voz ronca de terror. Podía oír los susurros, las burlas, las risas de los miembros de la manada mientras me veían caer.
"Se lo merece."
"Asesina."
"Traidora."
Me arrojaron fuera del territorio de la manada, mi cuerpo chocando contra la tierra fría. Alcé la vista, con la visión nublada por las lágrimas mientras veía las puertas de hierro cerrarse de golpe, los guardias vigilando, con rostros inexpresivos e indiferentes.
Estaba afuera. Sola... y era terrible...
Me esforcé por ponerme de pie, temblando mientras el dolor me atravesaba. Mi loba estaba en silencio, su presencia solo un susurro tenue en el fondo de mi mente. Se estaba muriendo... igual que yo.
Me giré hacia las puertas, con el corazón rompiéndose. "Por favor... no me dejen aquí... por favor..."
Pero nadie respondió. A nadie le importaba.
La manada me había dado la espalda. Kaden me había dado la espalda.
No era nada. Solo una chica débil y rota, exiliada y abandonada.
Caí de rodillas, temblando mientras las lágrimas corrían por mi rostro, mi corazón haciéndose pedazos.
Lo había perdido todo. Parecía que la Diosa Luna me había maldecido de verdad para vivir una vida miserable...
Capítulo SESENTALas cámaras del sanador estaban en silencio, solo se escuchaba el suave susurro de las hojas afuera y el ocasional parpadeo de la luz de las velas. Ella yacía bajo varias capas de mantas, con la piel pálida y la respiración superficial, pero estable. Su recuperación era lenta, pero era progreso.Damian no se había apartado de su lado desde el momento en que ella abrió los ojos. Incluso ahora, estaba sentado junto a ella, sosteniendo su frágil mano entre las suyas, mientras su pulgar acariciaba suavemente sus nudillos y su mirada nunca se alejaba de su rostro.Pero a medida que el silencio se extendía en la noche, los ojos de Ella se abrieron de nuevo, esta vez no por dolor o inquietud, sino por algo… distinto.Una onda.Al principio fue leve, como un susurro en el fondo de su mente. Pero luego creció, más espesa y pesada. Era como una nube de tormenta presionando contra su alma.Ella jadeó suavemente y sus dedos se crisparon en la mano de Damian.Él se enderezó al ins
Capítulo CINCUENTA Y NUEVEZara se deslizó más allá de las fronteras del pack, avanzando hacia los límites donde merodeaban las cosas salvajes: campamentos de lobos renegados llenos de los descartados, los amargados y los rotos. Lobos sin lealtad, solo hambre.Y rabia.Perfecto.Zara observaba desde los árboles, con los ojos brillando como obsidiana mientras los estudiaba: guerreros feroces, marcados de cicatrices y gruñendo, con el odio hirviendo bajo la superficie. Bastaría un susurro, una chispa de llama, para encenderlos.Ella sería esa chispa.Con veneno en la voz, les hablaría de Ella. De una Luna falsa que los había condenado al exilio. De una compañera que debilitaba a Damian. De una bruja disfrazada de reina.Torcería su rabia hasta convertirla en guerra.Cuando se levantaran, sería el caos. Arrasarían el pack como un incendio descontrolado, y Zara se aseguraría de que Ella estuviera en el centro de la tormenta. Sola. Indefensa. Destrozada.Y cuando todo terminara… cuando la
Capítulo CINCUENTA Y OCHOEn lo más profundo de su fortaleza de sombras, Lila se encontraba rodeada de llamas oscuras y vientos malditos que giraban a su alrededor. Su cámara era un santuario dedicado a la antigua oscuridad, donde susurros de espíritus muertos hacía mucho tiempo resonaban entre las paredes de piedra. Acababa de recibir las noticias.Ella había sobrevivido.El veneno había fallado.Sisi estaba muerta. Julianne, descubierta. Las líneas secretas dentro del pack de Damian se estaban derrumbando.La mano de Lila temblaba, no de miedo, sino por la tormenta que se gestaba en su interior. Su vestido negro ondeaba con el viento antinatural y sus ojos brillaban con una furia rojo sangre.¡BOOM!Una mesa explotó cuando ella golpeó con la mano. Las llamas rugieron desde el suelo de piedra mientras las sombras aullaban.La puerta se abrió de golpe.Zara entró tambaleándose, claramente convocada por la ira de la bruja.—L-Lila…Antes de que pudiera terminar, una violenta oleada de
Capítulo CINCUENTA Y SIETELa luna colgaba alta en el cielo, bañando con su luz plateada los caminos manchados de sangre que llevaban de regreso a la mansión del Alfa. Damian y Lucian caminaban en un silencio pesado; sus ropas aún estaban manchadas con la violencia de la justicia. El peso de la muerte de Lilian, la traición y las ejecuciones de Julianne y Sisi aún se aferraban a sus almas como humo.Damian se había enterado de que la esposa del Gamma había caído gravemente enferma tras la ejecución de su hija. No es que le importara.De repente…—¡Alfa!Una voz sin aliento rompió el silencio.Damian y Lucian se giraron al mismo tiempo cuando uno de los jóvenes sirvientes de los sanadores corrió hacia ellos, casi tropezando por la urgencia.—¡Alfa Damian! ¡Es la Luna Ella… está… está despertando! ¡Sus fuerzas están regresando!El tiempo se detuvo.El corazón de Damian dio un vuelco en su pecho. Por un momento no pudo respirar… y luego la alegría lo invadió como un incendio forestal.Si
Pack Dungeon – Esa NocheSisi estaba encadenada a la fría silla manchada de sangre en el centro de la sala de interrogatorios. Su rostro estaba pálido y su cuerpo, golpeado. Sus ojos, antes orgullosos, ahora estaban hundidos y ensombrecidos por el miedo y el agotamiento. Frente a ella se encontraban Damian, Lucian y tres ancianos de alto rango del pack.Lucian caminaba lentamente detrás de ella; el sonido de sus botas resonaba como una cuenta regresiva.—Tú envenenaste a la Luna —dijo uno de los ancianos con frialdad—. Ayudaste a Zara, una traidora conocida. Asesinaste a una sirvienta de este pack. ¿Todavía niegas algo de esto?Sisi no dijo nada. Sus labios temblaban, pero ninguna palabra salió.La voz de Damian sonó baja y peligrosa:—Se te dio la oportunidad de confesar. De hablar. Ahora, la verdad será arrancada de tu silencio.Lucian se acercó y colocó sobre la mesa el puñal manchado de sangre que habían recuperado junto al cuerpo de Lilian.—Tenemos evidencia. Testigos. Un cadáve
CAPÍTULO CINCUENTA Y CINCOArriba – La habitación de SisiSisi metió el último frasco en su bolsa, con el corazón latiéndole desbocado.Entonces lo oyó.Botas. Voces. Decenas de ellas. Acercándose.El pánico la atravesó como un rayo.—Están aquí —susurró, con los ojos muy abiertos—. No… no, no, no…Agarró su bolsa y corrió de nuevo hacia la ventana… pero afuera los vio. Guerreras. Arqueros. Guardias. Todos esperando.Estaba atrapada… Tropezó hacia la puerta, pero se congeló.Botas. Varias. Rápidas. Pesadas.Venían por ella.Sus ojos se desviaron hacia la pared trasera: la rejilla de ventilación.Se dejó caer de rodillas, la abrió con una hoja afilada y se metió a gatas, arrastrando la bolsa detrás de sí. El metal le raspaba la piel y su hombro ardía con cada movimiento, pero apretó los dientes y siguió adelante. Había mapeado ese pasaje años atrás: uno de los viejos conductos de mantenimiento que llevaba más allá de la cerca trasera, cerca de los jardines lejanos.Libertad. Si lograba







