로그인Punto de vista de Mara
A las 2:58 de la tarde, el Libro del Destino cambió de color.
EVENTO MORTAL: Ascensor privado del ejecutivo. 3:10 p. m. Fallo de cables. Sin supervivientes.
Estábamos en el vestíbulo del piso cuarenta y uno, entre abogados que recogían carpetas. Adrian hablaba con su asistente, Kellan, un hombre de rostro amable y ojos que no paraban de moverse. Cuando Adrian se giró hacia el ascensor privado, de puertas doradas y espejos pulidos, supe que me quedaban doce minutos.
—Adrian.
Se detuvo. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre.
—¿Sí?
—Tomemos las escaleras.
—Son cuarenta y un pisos.
—Entonces tenemos mucho de qué hablar.
Arqueó una ceja. Kellan, ya a su lado, sonrió con demasiada rapidez.
—El ascensor es más seguro, señorita Ellison. Lo revisaron esta mañana.
El Detector de Mentiras tiñó esa frase de rojo.
No lo pensé. Me colgué del brazo de Adrian con ambas manos y tiré con todas mis fuerzas hacia el lado contrario, justo cuando se abrían las puertas doradas. Él, que pesaba el doble que yo, cedió por pura sorpresa.
—Mara, ¿qué...?
—Confía en mí. Una vez. Solo una.
Sus ojos grises bajaron a mis manos, que temblaban, y luego a mi rostro. Algo cambió en él. Sin decir palabra, giró hacia la puerta de emergencia y la empujó.
—Kellan, usted viene con nosotros.
—Señor, tengo una llamada...
—Con nosotros.
Bajamos tres tramos de escalera, y los tres hombres de seguridad de Adrian nos siguieron, desconcertados. A las 3:10, un estruendo recorrió el edificio como un trueno bajo tierra. Las paredes vibraron. Una nube de polvo bajó por el hueco de la escalera, y en algún lugar, muy abajo, un metal enorme gritó al romperse.
Adrian se quedó inmóvil en el rellano. Después me miró.
Tenía el brazo rodeándome la cintura. No recordaba cuándo se había movido.
—Eso —dijo despacio— era mi ascensor.
—Sí.
—Lo revisaron esta mañana.
—Lo sé.
—Mara. —Su voz bajó—. ¿Cómo lo sabías?
MISIÓN DOS COMPLETADA. +300 CRÉDITOS.
NUEVA HABILIDAD DESBLOQUEADA: Intuición de Peligro (nivel 1).
Sentí una especie de tirón en la nuca, un hormigueo, como si el mundo hubiera añadido una capa de sonido que antes no oía. Y entonces lo oí: el roce de unas suelas, un paso arriba, alguien que huía.
—Kellan —dijo Adrian, sin apartar los ojos de mí.
Los hombres de seguridad ya habían girado. Kellan ya corría escaleras arriba.
—¡Atrápenlo! —ordenó Adrian, y los tres salieron tras él.
Quedamos solos en el rellano, entre polvo y luz de emergencia. Adrian no me había soltado. Yo tampoco a él, y me di cuenta de que mis dedos seguían clavados en su camisa.
—Lo siento —dije, aflojándolos.
—No. —Puso su mano sobre la mía—. Quédate así un momento.
Su corazón latía fuerte contra mi puño. Más fuerte de lo que esperaba de un hombre que, según todos, no tenía.
—No te lo puedo explicar todavía —dije.
—Entonces no lo hagas todavía. —Una pausa—. Pero me lo vas a explicar.
—Sí.
—Bien. —Y casi sonrió—. Me debes una respuesta, y yo te debo la vida. Estamos empatados en lo más raro.
Mis rodillas flaquearon. Él me sostuvo sin esfuerzo, y por primera vez en dos vidas alguien me sostuvo sin pedirme nada a cambio.
Arriba, una puerta se cerró de golpe. Kellan había escapado.
Pero había dejado algo caer en la escalera. Adrian lo recogió: un teléfono, aún encendido, con una llamada en curso.
La pantalla decía: Diane H.
Punto de vista de MaraEl mundo dejó de tener sonido.Cross estaba allí.De pie en el salón de la casa Hartwell, como si no hubiera irrumpido en una escena del crimen. Como si no hubiera hombres armados afuera. Como si no estuviera mirando directamente a una mujer que había muerto por su culpa.Mi garganta se cerró.Yo conocía esa sonrisa.La había visto antes.No en esta vida.En la otra.Durante un segundo, volví a sentir el frío.El suelo duro contra mi espalda.La sangre.La oscuridad.Y aquella voz acercándose mientras yo luchaba por respirar.«Deberías haber dejado el destino en paz, Mara».Mis piernas cedieron.Adrian me sostuvo antes de que pudiera caer.—Mara.Su voz llegó desde muy lejos.Pero Cross seguía allí.Sonriendo.—Veo que me recuerdas.Mi cuerpo se puso rígido.Adrian giró lentamente la cabeza hacia él.—¿Qué acabas de decir?Cross levantó las manos, fingiendo inocencia.—Nada importante.—Mientes —dije.Mi voz salió baja.Temblorosa.Pero lo suficientemente fuerte
Punto de vista de MaraDaniel Voss.Leí el nombre otra vez.Y otra.Como si las letras fueran a cambiar.Pero no cambiaron.El jardín parecía demasiado silencioso después de los disparos. Adrian seguía frente a mí, con una mano en mi cintura, mientras Elias se acercaba lentamente apoyado en su bastón.—¿Qué pasa? —preguntó Adrian.No podía hablar.Le tendí la carta.Adrian la tomó.Vi cómo sus ojos recorrían las primeras líneas. Su expresión cambió poco a poco.Confusión.Incredulidad.Y después algo más profundo.Algo que parecía miedo.—No —murmuró.—¿Qué dice? —preguntó Elias.Adrian no respondió.Le arrancó la carta de las manos y comenzó a leer.Sus dedos temblaban.Nunca había visto a Elias Voss temblar.—Daniel no sabía nada de ese libro —dijo finalmente.El Libro apareció delante de mis ojos.NUEVA MISIÓN PRINCIPAL.DESCUBRE EL ORIGEN DEL LIBRO.TIEMPO DISPONIBLE: 30 DÍAS.RECOMPENSA: VERDAD.CASTIGO POR FRACASO: DESTINO DESCONOCIDO.Mi estómago se hundió.—¿Qué ocurre? —pregu
Punto de vista de Mara—Mi hijo y tu madre eran socios —dijo Elias Voss.Estábamos en el estudio del ático, con las cortinas cerradas y una lámpara que dibujaba un círculo amarillo sobre el escritorio. Elias no se había sentado. Apoyado en el bastón, miraba el retrato de su hijo como quien habla con un fantasma.—Lena Ellison y Daniel Voss. Fundaron esta empresa en un garaje. Ella ponía la cabeza y él el dinero. Cuando Daniel enfermó, redactó un testamento que dejaba a Lena el cuarenta por ciento de Voss Group. —Su voz se quebró—. Y a su muerte, ella desapareció con el original. Yo creí que nos había traicionado.—Mi madre jamás habría traicionado a nadie —dije.—Lo sé ahora. —Elias me miró por primera vez con auténtico respeto—. Lena sabía que Diane Hartwell se acercaría a ti. Ocultó el testamento para protegerte, y lo escondió donde solo tú pudieras encontrarlo. Murió sin decirme dónde.Mi corazón dio un salto.—El piano —dije.Adrian me miró.—¿Qué piano?—El de la casa de los Hart
Punto de vista de AdrianHe presidido ciento catorce juntas de accionistas, y en todas supe quién mentía antes de que abriera la boca. En la ciento quince, supe que me jugaba la vida entera, y que la mujer que caminaba a mi lado por el pasillo de cristal ya había ganado antes de empezar.Llevaba un vestido negro prestado de Hollis y el pelo recogido. Parecía la persona más tranquila del edificio. Yo, que he negociado con gobiernos, tenía las manos húmedas.—Respira —murmuró ella sin mirarme.—Estoy respirando.—Respiras como si hubieras olvidado cómo.—Me distraes.—Es mi trabajo. —Sonrió de lado, y el mundo se inclinó un poco.La sala de juntas del piso sesenta olía a café caro y a traición. Doce directores en torno a la mesa de cristal, siete de ellos con la mirada baja. Julian Cross estaba al fondo, de pie junto al ventanal, como un invitado ajeno a todo. Kellan, a mi espalda, temblaba como una hoja.—Buenas tardes —dije—. Entiendo que hoy se vota mi destitución.El director Harlan
Punto de vista de MaraJulian Cross caminó hacia nosotros por la pista como quien pasea por su propio jardín, con las manos a la vista y esa sonrisa cómoda que no le llegaba nunca a los ojos.—No se levanten por mí —dijo—. Sé que ha sido una mañana larga.Adrian ya se había puesto de pie, con los nudillos aún envueltos en mi pañuelo. Se colocó medio paso delante de mí, un gesto pequeño y obstinado que el Libro registró al instante: Adrian Voss: protección. Sin cálculo.—Aléjate de ella —dijo.—Qué educado. —Cross ladeó la cabeza—. En mi lectura eras bastante menos educado en este punto.ALERTA: Julian Cross. Sinceridad parcial. Rojo y azul entrelazados.—¿Tu lectura? —pregunté. Mi voz salió firme, y me sorprendió—. Dijiste que ya has leído el final.—Y lo he leído. —Metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta, despacio, para que viéramos que no sacaba un arma. Sacó una hoja doblada, amarillenta, con los bordes quemados—. Una página del Libro. No de este, claro. El tuyo es de
Punto de vista de AdrianHay llamadas que cambian el día y llamadas que lo cambian todo. Hollis llamó a las 11:42 con una sola frase: «Kellan tiene un vuelo privado a la una y cuarto».No esperé a que terminara. Tomé las llaves y el abrigo, pero Mara ya esperaba en el ascensor. Diez minutos después conducía hacia el aeropuerto de Midway a una velocidad que mi seguro habría descrito como creativa.—Frena un poco —dijo ella, aferrada al asa de la puerta.—Si freno, se va.—Si no frenas, nos vamos nosotros. Y no he muerto dos veces para esto.Casi sonreí. Casi. Pasé de ciento diez a cien y ella soltó un suspiro de gratitud tan teatral que me costó mantener la cara seria.Hubo un silencio corto. Afuera, Chicago pasaba en franjas de gris y acero.—Mara. Anoche dijiste que yo corrí hacia ti. En el incendio.—Sí.—¿Qué hice exactamente?Ella tardó en responder. Miraba por la ventanilla, pero vi cómo se le tensaba la mano sobre la rodilla.—Derribaste la puerta con el hombro. Me sacaste en br







