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Capítulo 4

Author: Fuego Flamengo
Gildo me ayudó a cargar la montaña de bolsas de compras hasta la sala.

En cuanto entré, escuché a Pardo con tono seco.

—¿De verdad te fuiste de compras así? ¿En serio crees que ya eres la Principessa de la familia Vicino?

Ignoré el tono burlón y lo saludé con dulzura.

—Pardo, cuánto tiempo sin verte. Te traje un regalo. Espérame aquí, ya te lo traigo.

Dicho eso, tomé la caja de las manos de Sabele y la puse en la mesa de centro frente a Pardo.

—Aquí tienes tu regalo. Ábrelo y dime si te gusta.

Abrió la caja con una mueca de desprecio.

—Vienes de los barrios bajos. ¿Qué clase de regalo vas a elegir? No me digas que trajiste alguna porquería.

Pero en cuanto vio lo que había adentro, el tono le cambió.

—¡Es la laptop gamer que acaban de anunciar!

No pude evitar sonreír al ver la expresión de sorpresa de Pardo. Parecía que acerté con el regalo.

Aunque una laptop así no era gran cosa para la familia Vicino, a Pardo le habían retirado la mesada por falta de ambición y no podía comprarse la última versión por su cuenta.

Cuando notó mi sonrisa, la expresión se le volvió seria e intentó hacerse el indiferente mientras agarraba la caja.

—Sabes cómo ganarte a la gente. Supongo que no estás tan mal.

Y con eso, salió a toda prisa aferrado a la caja.

Sabele me miró con aprobación.

—Sabele, ¿puedes reunir a todos? Traje regalos para todos.

Tras un breve instante de sorpresa, Sabele se dio la vuelta para llamar a los demás.

Repartí los regalos uno por uno. Todos parecían genuinamente conmovidos y expresaron su gratitud con palabras sinceras.

Cuando el grupo estaba por retirarse, Alano e Imelda regresaron.

Al ver a todos sonrientes y con regalos de distintos tamaños en las manos, voltearon hacia Sabele.

—¿Por qué están todos reunidos aquí? —preguntó Alano.

—Don Vicino, la señorita Vicino les trajo regalos a todos. Están muy conmovidos.

Tomé dos cajas y me acerqué a ellos.

—Papá, mamá, estos regalos son para ustedes. Espero que les gusten.

Alano abrió el regalo y encontró un par de gemelos exquisitos. Sonrió con los ojos brillantes.

—Grazie. Me encantan.

Imelda tomó el broche en forma de rosa que le entregué y me miró con una sonrisa cálida.

—Livia, qué maravilla. Grazie.

Dicho eso, tomó mis manos entre las suyas y me dio unas palmaditas.

—Sabes cómo demostrar gratitud. Es una buena cualidad.

Todo parecía encajar. Estaba creciendo rápido bajo la guía de los distintos tutores.

Después de la entrega de calificaciones, los profesores rodearon a Imelda y no pararon de elogiarme: decían que lo captaba todo con una velocidad, precisión y facilidad increíbles.

A la hora de la cena, entré al comedor y encontré a Imelda y a Pardo ya sentados.

Cuando Imelda me vio, me hizo señas para que me acercara.

—Livia, ven y siéntate a mi lado. Todos tus profesores te elogiaron. Dicen que ya terminaste todas las clases de preparatoria. ¿Quieres unirte a los asuntos de la Familia ahora y empezar a aprender sobre eso junto con Pardo? Yo pensaba dejarte terminar la preparatoria primero, pero eres impresionante.

—Me parece bien. ¿De qué sirve terminar la preparatoria de todos modos? —intervino Pardo.

Al notar su entusiasmo, sonreí y me volví hacia Imelda.

—Mamá, si es posible, me gustaría terminar la preparatoria con Pardo antes de unirme a los asuntos de la Familia. ¿Estaría bien?
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