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작가: Alexyta
last update 게시일: 2026-09-02 13:12:21

POV DE: Mercan

Ali Lanús se acerca de nuevo a mí y me dice:

—No hay ni habrá periodistas. Esta no es una reunión para toda la familia; solo estaremos los Lanús y los Basol. Es el cumpleaños número setenta y cinco de mi abuelo y lo celebraremos en la intimidad familiar —explica serenamente mientras me extiende la mano.

Observo su mano extendida, tan limpia y perfecta. Me apresuro a tomarla para que no piense que me incomoda. Ante la suavidad de su contacto, una corriente eléctrica me recorre de pies a cabeza.

—Aún no me ha dicho por qué le teme a las cámaras —comenta mientras esperamos a que nos abran la puerta.

—Temo que me secuestren, señor —respondo, sintiéndome ridícula por una respuesta tan absurda.

—Tiene lógica —asiente él, restándole importancia.

La empleada abre la puerta y nos da la bienvenida con una sonrisa cálida.

—Sus abuelos están en el jardín trasero, joven.

Él le agradece mientras yo contemplo la arquitectura de la mansión. Las riquezas del lugar no me deslumbran, ya que provengo de una cuna igual de acomodada; sin embargo, lo que me deja atónita al ingresar es el enorme cuadro que preside la pared: un retrato pintado a mano de toda la dinastía Lanús Cásper.

—¿Te gusta? —pregunta a mi lado mientras ambos lo contemplamos.

—Es hermoso... pero no entiendo, ¿por qué pintaron al mismo hombre tres veces?

Mi pregunta le saca una leve sonrisa. Lo miro embelesada mientras él sonríe fijando la vista en el lienzo.

—No es el mismo hombre —dice, clavando en mí esos ojos verdes que cautivan a cualquiera—. El de más arriba es mi bisabuelo; los otros dos son mi abuelo, el de la derecha, y mi tío abuelo, el de la izquierda.

Examino el retrato. Sé perfectamente quién es Fabien Lanús porque lo he visto en fotografías, pero desconocía que existiera alguien idéntico a él.

—Son... clavados.

—Pues sí... eran gemelos.

—¿Y usted llegó a conocer al señor Lanús?

—No lo recuerdo, pero sé que él sí llegó a conocerme. Es más, fui la última persona de su descendencia a la que sus ojos vieron.

Observo cómo sus ojos brillan de orgullo al hablar de un hombre al que prácticamente no conoció. Cuando su mirada se cruza con la mía, un escalofrío me estremece.

—Continuemos —sentencia fríamente.

Sigo sus pasos, que esta vez no son apresurados como cuando camina por la empresa. Eso me ayuda a serenarme un poco, aunque sigo temblando al pensar en lo que dirá su familia cuando me vea. Dios mío, solo soy su asistente personal; no debería estar aquí.

—¡Ya llegó Ali! —grita una joven a la que reconozco como su hermana, quien cumplió dieciocho años hace apenas dos meses (lo sé porque la acompañé a comprarle un regalo enorme y enviárselo)—. Y viene acompañado... —musita mirándome con el ceño fruncido. Debe de haberme reconocido, pues en la empresa todos me ubican como la asistente de Ali Lanús.

—¿Qué hace tu asistente aquí? —le cuestiona su hermana, provocando que yo baje la cabeza llena de vergüenza.

—Ivanna —la regaña su madre—, se llama Mercan.

—Como sea. ¿Por qué está ella aquí si se suponía que esto era una reunión puramente familiar?

Su madre le da un pellizco por lo bajo sin perder la sonrisa.

—Bienvenida, Mercan —dice la señora con los ojos brillándole de emoción, y yo temo que se esté haciendo ilusiones falsas—. Ali nunca ha traído a una chica a casa. Eres la primera que nos presenta.

Intento aclarar que no es lo que se imagina, pero él se me adelanta para saludar a su padre.

—¿Y el abuelo?

—Al fondo, con el resto de la familia.

Mi jefe me dedica una breve mirada antes de decirme:

—Vamos, te presentaré a mis abuelos.

Me toma de la mano, haciendo que todo mi cuerpo vuelva a estremecerse. Me debato en un caótico conflicto mental al ver que no hace el menor esfuerzo por aclarar que entre nosotros no hay nada.

—Abuelo, abuela —saluda él.

La pareja, con sus cabelleras cubiertas de canas, se levanta lentamente para recibir a su nieto. Tras un largo y afectuoso abrazo con cada uno, mi jefe me mira y pronuncia:

—Les presento a Mercan.

—Mercan... Qué nombre tan bonito —expresa su abuela Amaya—. Estás hermosa, querida nieta.

Me estrecha en un abrazo y siento que el corazón se me va a salir del pecho. Mientras me refugio en sus brazos, busco desesperadamente la mirada de mi jefe, pero no parece en absoluto molesto por lo que acaba de escuchar.

—Mercan, bienvenida a la familia —me saluda su abuelo, sumándose al abrazo, para luego dar paso al resto de los parientes.

Cuando los nietos e hijos comienzan a entregar sus obsequios, me coloco al lado de mi jefe con la intención de preguntarle por qué permite que piensen que somos pareja, pero me ignora por completo.

—Abuelo, mi regalo llegará mañana.

—No hay mejor regalo que el que acabas de darme, hijo —responde el anciano, mirándome con ternura.

Desvío la mirada, incomodada, y me topo de frente con la hermana de Ali, quien me tuerce los ojos despectivamente.

«Vaya. Parece que a ella no le agrada en absoluto nuestra supuesta relación».

Aparto la vista y observo al resto de los presentes, notando rostros extrañamente parecidos. ¡Joder, esta familia parece reproducirse solo mediante gemelos! El papá de mi jefe tiene a una copia exacta a su lado, y además hay dos mujeres idénticas a las que me presenta como sus tías. Todas y cada una me reciben con una calidez abrumadora, como si de verdad fuera parte de ellos. Jamás me había sentido tan acogida en mi vida, ni siquiera por mi propia familia.

Mientras converso con sus tías, primas y su madre, él se reúne con sus tres primos. Dos de ellos apenas superan los diecinueve años, y el tercero tiene su misma edad —apenas unos meses menor— y ya está casado.

—¿Cuánto tiempo llevan juntos? —me pregunta una de sus tías, a la que aún no logro identificar.

La pregunta me toma por sorpresa, pues ni yo misma sé si mantengo algo con él. Como si notara mi evidente incomodidad, Ali se acerca de pronto y me rodea con el brazo por los hombros.

—¿De qué me me están hablando?

—Le preguntábamos a Mercan qué tiempo llevan juntos.

Mi jefe me mira fijamente antes de responder:

—Cinco meses...

—¿Cinco meses? ¿Y por qué no lo sabíamos? —reclama su madre, sorprendida.

—Porque estaba esperando el momento adecuado —explica, dirigiéndose a ella—. Tenía que estar completamente seguro, mamá. No puedo andar trayendo a una chica distinta a casa a cada rato.

Todas sonríen con ternura y lanzan murmullos de admiración.

—Dana... Definitivamente educaste muy bien a este muchacho.

—El mío ya me ha presentado como a diez novias y con ninguna dura más de dos meses —añade otra de las presentes.

La señora Sammy se echa a reír con ganas.

—Pues mi Iker, querida Flore, no se compromete con nadie ni les pone etiquetas; a todas me las presenta simplemente como "su amiga".

La señora Dana, con su serenidad habitual, sentencia:

—Si un chico así se le acerca a mi niña, le corto los huevos sin pensarlo.

Me cubro los labios con la mano para disimular la risa.

—¡Mamá! —la reprende mi jefe, escandalizado.

Ella simplemente se encoge de hombros.

En ese momento, todos dirigimos la atención al tintineo metálico de unas copas. Dos hermanos idénticos hacen sonar sus cristales para anunciar que ha llegado la hora de cantarle el cumpleaños a su padre. Nos acercamos formando una media luna en torno al señor Fabien y su esposa.

Tras las mañanitas, nos trasladamos al interior de la mansión, pues el frío en el jardín se ha vuelto insoportable. Allí, en el gran salón y frente al imponente cuadro familiar, todos se acomodan para las fotos del recuerdo. Primero los padres con los cuatro hijos; luego se suman las nueras y yernos; después los nietos y, por último, las parejas de estos. Sin embargo, ninguno de los nietos Lanús ha traído acompañante. La única extraña allí soy yo... pero es que yo no soy pareja de Ali Lanús.

—Vamos, cariño, únete a la foto —me anima la señora Dana.

Miro a mi jefe buscando auxilio, pero él se limita a asentir. Y así, termino posando para mi primera fotografía oficial con esta gran familia.

Poco después, Fabien Lanús recibe una videollamada que proyecta en una pantalla gigante para que todos la presenciemos. Al otro lado aparecen dos pantallas divididas: una mujer y otro hombre idéntico a Fabien, ambos celebrando el cumpleaños en sus respectivos hogares.

—Fabien, tu familia sí que ha crecido —comenta su gemelo entre risas.

Conversan y recuerdan anécdotas de su infancia y juventud que nos sacan carcajadas a todos, incluyéndome a mí.

—Les presento a la nueva integrante de la familia —anuncia de pronto el señor Fabien, haciendo que casi me muera de la vergüenza.

La cámara nos enfoca directamente a Ali Lanús y a mí mientras nos presentan ante los demás como pareja.

—Es hermosa, Ali. Vaya... Ya pensaba que llegarías a los veinticinco soltero.

La llamada se extiende por una eternidad, prolongándose hasta pasada la medianoche. Cuando la velada concluye, los parientes comienzan a retirarse a sus respectivas habitaciones, y yo aguardo con ansias el momento de marcharnos.

—Si tienes sueño, la habitación para ti y para Ali ya está lista —comenta su madre.

—¿Nuestra... habitación? —busco la mirada de mi jefe, en pleno shock, mientras él se aproxima a nosotras.

—Sí... ¿O prefieres una habitación para ti sola?

Me quedo completamente paralizada.

—¿Tú y mi hijo... aún no comparten habitación? Si es así, puedo mandar a preparar otra de inmediato...

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