ANMELDENEsa noche, Jairo asistió a una recepción.El anfitrión era precisamente Brayan Treviño, el padre de Rebeca. Como Jairo mantenía relaciones de negocios con la familia Treviño, naturalmente también había recibido una invitación.En cuanto entró al salón, atrajo de inmediato numerosas miradas.El elegante traje gris resaltaba su figura alta y erguida. Sus modales eran serenos y refinados, y sus facciones marcadas y atractivas parecían impecables. En especial, las mujeres solteras apenas podían apartar la mirada de él desde que apareció.Todas habían conocido a muchos hombres provenientes de familias privilegiadas. Sin embargo, eran muy pocos los que, como Jairo, reunían riqueza, atractivo y una capacidad sobresaliente.Además, esta vez se había enfrentado por sus propios medios a toda la familia Quintana y había terminado imponiéndose.Aquello no solo hizo que muchas personas comenzaran a verlo con otros ojos, sino que también despertó la admiración de aún más mujeres.En cuanto Braya
Jairo sacó el celular y llamó a Héctor.Cuando la llamada se conectó, Héctor preguntó con frialdad:—¿Qué pasa?Jairo miró por la ventana del carro.—Solo quería saber cómo estás.—¿Necesito que tú te preocupes por mí?—Yo diría que no. Pero sí necesitas que cierta persona se preocupe por ti.La voz de Héctor se volvió aún más impaciente.—¿Qué quieres decir exactamente?Por su tono, era evidente que tampoco estaba de buen humor.Jairo respondió con calma:—Enojarte tanto te va a hacer parecer más viejo. Ya no eres ningún jovencito.Héctor colgó.Jairo soltó una risa baja y luego le mandó un mensaje: “Adriana está recuperándose en Gran Bahía.”Desde pequeña, Adriana siempre había conseguido todo lo que quería. Después de sufrir un golpe tan fuerte, nadie podía asegurar que de verdad fuera a quedarse tranquila.La noticia del divorcio entre Héctor y Julieta todavía no se había hecho pública. Por ahora, únicamente los miembros de la familia García y la familia Gómez lo sabían.Pero tar
En ese momento, Jairo solo podía verla a través de la puerta de la habitación.—Jairo.Él se volvió y vio a Álvaro caminando hacia él. Su piel se veía mucho más bronceada que antes.Álvaro se detuvo frente a él.—¿Cuándo llegaste?—Acabo de llegar. ¿Qué haces aquí a esta hora?—Terminé de cenar con un cliente y aproveché para pasar a ver a Guadalupe. Ya está fuera de peligro. Mañana podrán trasladarla a una habitación normal para continuar con el tratamiento.Jairo asintió.Los dos se sentaron un rato en las sillas del pasillo.Álvaro comentó:—Cuando Guadalupe despierte mañana y te vea, seguro se va a poner muy contenta.Jairo no mostró demasiada emoción y cambió de tema para preguntarle cómo le estaba yendo últimamente en el trabajo.Una de las condiciones que Jairo había aceptado de Don Quintana era que Álvaro primero debía demostrar de lo que era capaz.Actualmente, Álvaro había empezado desde el puesto más básico como vendedor de la empresa y ninguno de sus compañeros conocía su
Mariana miró el periódico que Jairo tenía entre las manos y se inclinó hacia él.—¿Qué estás leyendo?Jairo giró la cabeza para verla.—Siéntate bien.Mariana lo miró fijamente y soltó un leve resoplido.—No sé de dónde sacas tantas reglas.Por cómo se había comportado hacía un momento, decidió no discutir con él por ahora.Volvió a recargarse en el sofá, sacó el celular del bolso y le mandó un mensaje a Julieta: “Me encontré a Jairo en la sala de espera.”Julieta respondió enseguida: “Bien. Avísame cuando aterrices.”Mariana: “Sí.”Apenas dejó el celular, notó que Jairo la estaba mirando.Cruzó los brazos y arqueó una ceja.—¿Qué ves? ¿Tanto miedo tienes de que hable mal de ti?Jairo apartó la mirada y no respondió.Mariana continuó:—Así que tampoco eres tan inflexible como aparentas. Hasta supiste tomar la iniciativa para quedarte una noche en casa de Julieta.Julieta no le había contado nada más, solo que Jairo había dormido ahí la noche anterior. Pero ella jamás habría tomado la
Hasta ese momento, Guadalupe nunca le había mostrado a Julieta el menor arrepentimiento ni preocupación.Julieta preguntó con calma:—Entonces, ¿vas a ir a Lago Azul?Mariana bajó la mano.—Sí. Mi mamá también me pidió ayer que regresara a comer a casa.Irene sonrió y levantó el pulgar hacia ella.—Siempre has sido así de decidida. Cuando de verdad quieres algo, seguro lo consigues. Si Jairo sigue sin saber valorarte, él se lo pierde.Mariana sonrió y sacó el celular para revisar los vuelos a Lago Azul.El más próximo salía a las seis de la tarde, así que compró de inmediato un boleto en primera clase.Ya eran las cuatro.Mariana se quedó con ellas hasta después del postre y luego tomó un carro rumbo al aeropuerto.A las cinco y media entró a la sala de primera clase y enseguida vio a Jairo sentado en un sofá, leyendo el periódico.A su izquierda había una mujer joven que no dejaba de buscarle conversación e incluso le estaba pidiendo sus datos de contacto.No era una belleza deslumbra
Julieta respondió:—Ya hablé con él hace rato. Debe estar por bajar.Poco después, Carlos bajó.Julieta fue a abrirle la puerta. Al verlo con su expresión habitual, sin nada fuera de lo normal, dijo:—Pasa.Al ver a Mariana, Carlos miró alrededor y preguntó:—¿No fuiste a buscar a Jairo?Mariana arqueó una ceja.—Tampoco estoy tan desesperada. Voy a esperarlo aquí.Carlos sonrió y le aconsejó:—Será mejor que te contengas un poco. No lo presiones demasiado.—¿Tan poca presión puede soportar?—De cualquier forma, no lo acorrales. Dale un poco de espacio.Mariana alzó una ceja y bromeó:—Ya que tienes tanta experiencia, ¿por qué no nos das el ejemplo de una vez?Julieta ayudó a llevar los platillos a la mesa.—Vengan a comer primero.Después del almuerzo, Carlos se quedó un rato antes de marcharse.Un amigo al que no veía desde hacía mucho acababa de regresar al país y también se encontraba en Sombrales, así que habían quedado de verse.Las tres mujeres, por su parte, llevaron a las dos







