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MI CEO Y EL CONTRATO FALSO
MI CEO Y EL CONTRATO FALSO
Author: MayR04

Capítulo 1: La propuesta indecente.

Author: MayR04
last update publish date: 2026-06-24 07:44:03

Valeria López suspiró mientras limpiaba el mostrador del café Blackwood Coffee. Eran las 8:45 de la noche y el lugar ya estaba cerrado. Solo quedaba ella, terminando de organizar las últimas cosas antes de irse a casa. Tenía 26 años, un cuerpo curvy generoso —caderas anchas, muslos gruesos, vientre suave y pechos abundantes— y un uniforme negro que intentaba disimular todo eso sin mucho éxito.

Llevaba dos años trabajando allí, en la planta baja de una de las empresas más importantes de la ciudad. Dos años enamorada en secreto del hombre que apenas sabía que existía: Alexander Blackwood, el CEO.

El hombre que le aceleraba el corazón cada vez que bajaba por su cappuccino doble con canela extra.

Valeria terminó de apagar las luces principales cuando escuchó pasos firmes en el lobby casi vacío. Su corazón dio un vuelco. Reconocería esa forma de caminar en cualquier lugar.

Alexander Blackwood apareció frente a la puerta de cristal del café. Traje negro impecable, cabello oscuro perfectamente peinado, mandíbula marcada y esa mirada fría y arrogante que hacía que todo el mundo se pusiera nervioso. Hoy parecía más tenso de lo normal.

Valeria dudó un segundo, pero abrió la puerta.

— Señor Blackwood… ya cerré. ¿Necesita algo urgente?

Él entró sin pedir permiso, con esa seguridad que lo caracterizaba. Olía a colonia cara y whisky. Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo ligeramente, y la miró directamente por primera vez en mucho tiempo.

— Necesito hablar contigo.

Valeria parpadeó, sorprendida. ¿Con ella? ¿El CEO quería hablar con la chica del café?

— ¿Pasó algo con mi trabajo? — preguntó nerviosa, retorciendo el trapo entre las manos.

Alexander la observó de arriba abajo. Notó sus mejillas sonrosadas, su cuerpo relleno y esa mirada inocente que contrastaba con todo lo que él conocía. Se acercó un paso más.

— Mi padre me está presionando — dijo sin rodeos—. Hay una cláusula en la herencia de la empresa: si no presento una novia formal en menos de un mes, perderé el control total de Blackwood Enterprises. No quiero una novia de verdad. Quiero alguien discreta, que no cause problemas y que sepa cuál es su lugar.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

Alexander la miró fijamente, con esa arrogancia natural.

— Te estoy ofreciendo un contrato. Finge ser mi novia durante seis meses. Te pagaré quinientos mil dólares. Solo tienes que sonreír en eventos, vivir en mi penthouse cuando sea necesario y no meterte en mis asuntos privados. Nada más.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Valeria sintió que le faltaba el aire. ¿Contrato? ¿Novia falsa? ¿Quinientos mil dólares? Su mente daba vueltas. Por un lado, la humillación era brutal: él solo la veía como una opción conveniente. Por otro… era Alexander. El hombre con el que había fantaseado durante dos años.

— ¿Por qué yo? — preguntó con voz temblorosa—. Hay miles de mujeres más… adecuadas.

Alexander soltó una risa baja y arrogante.

— Precisamente por eso. Eres normal. Nadie sospechará. No buscas fama ni dinero. Además… — la miró de arriba abajo otra vez — eres inofensiva.

Valeria sintió una punzada fuerte en el pecho. "Inofensiva". "Normal". Las palabras le dolieron más de lo que quería admitir.

Se mordió el labio inferior, luchando contra las lágrimas que amenazaban con salir.

— ¿Y si me niego?

— Puedes hacerlo — respondió él encogiéndose de hombros—. Pero sería una pena. Con ese dinero podrías ayudar a tu familia, estudiar repostería como quieres… o lo que sea que hagas en tu tiempo libre.

Valeria se quedó en silencio. Pensó en su mamá enferma, en las deudas, en su hermana que quería entrar a la universidad. Pensó en los dos años viéndolo bajar con modelos y mujeres perfectas mientras ella solo era "la chica del café".

— Necesito pensarlo — murmuró finalmente.

Alexander sacó una tarjeta negra de su billetera y se la extendió.

— Tienes 24 horas. Mañana a las 8:00 p.m. te espero en mi oficina. Si aceptas, firmamos el contrato esa misma noche.

Se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Antes de cruzar la puerta, se detuvo y la miró por encima del hombro.

— Ah, y Valeria… — dijo con una media sonrisa arrogante —. Intenta no derramarme el café la próxima vez que baje. No quiero que termines como la anterior empleada.

Dicho eso, se fue.

Valeria se quedó sola en el café a oscuras, con el corazón latiéndole a mil por hora y las mejillas ardiendo de vergüenza y algo más peligroso… ilusión.

Se llevó una mano al pecho, donde aún latía fuerte ese amor secreto que ahora tenía la oportunidad de acercarse demasiado.

“El relleno más rico que el café…” pensó con ironía amarga, recordando su propio cuerpo.

Esa noche, Valeria no durmió.

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