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El club de la esperanza

last update Veröffentlichungsdatum: 27.09.2026 22:41:30

Capítulo 43

Nicolás seguía disfrutando con la noticia inesperada. Se inclinó hacia delante, apoyó los codos en el escritorio y una sonrisa divertida se dibujó en sus labios mientras se preguntaba qué haría ahora Amara con todos los vestidos de alta costura que él mismo había mandado a traer para ella desde las mejores casas de moda internacionales.

¿Los aceptaría o se aferraría a su orgullo e insistiría en ponerse el que estaba confeccionando en el modesto taller de las abuelas?

Ella había es
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  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Recuerdos

    Capitulo 94Amara se quedó unos segundos con el teléfono en la mano, mirando la pantalla oscura mientras el eco de las palabras de Nicolás, aún resonaba en su cabeza, dejándoles un cosquilleo de impaciencia y advertencia a sus nervios. —Ya hablaremos cuando regrese.¿Qué podía decirle? No podía comentarle que la entrometida de Lisa le mandó a hacer una prueba de embarazo. ¿Cómo hacer eso? Sí, solo estaba rezando para que su vida no se complicara tanto.Apenas guardó el teléfono en su bolso con un suspiro resignado, y escuchó la voz de Lisa, que la sacó de sus reflexiones:Mi hermanito es un controlador nato. Se pelea mucho con papá, pero heredó eso de él: no le gusta que le lleven la contraria.—¿Lo crees en serio? —preguntó Amara, soltando una risita nerviosa mientras dejaba el móvil sobre la mesa de noche.—¿Te conté la vez que conocí a mi hermano? Eso… no fue amor a primera vista.—Nunca me lo has contado.—Bueno, no lo cuento porque al principio me daba vergüenza tener una famili

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Esa mujer...su esposa

    Capitulo 93—Yo lo siento —murmuró Gianna sintiendo que su corazón se detuvo—. Buscaba a papá.Lisa y Amara se miraron la una a la otra, hasta que por fin Lisa respondió: —Acaba de salir, Gianna. Si te apuras un poco, lo alcanzas.—Yo… está bien —respondió la mujer con dudas, pero al final abrió la puerta y salió. Al dar solo unos pasos, se recostó contra la pared.Sus ojos se humedecieron y comenzaron a brotar lágrimas.—Maldita sea —solo murmuraba—. Tanto esperar... Si es mujer, si está embarazada, el abuelo jamás me elegirá... un hijo en común sellaría el matrimonio entre Amara y Nicolás para siempre, destruyendo mis últimas esperanzas.Antes pensó en ir a buscar al abuelo Kristakos; necesitaba hablar con él, decirle que ella era una mejor esposa, pero no pasó de la primera puerta: le negaron verlo, no era familiar del viejo, le dijeron; en esa familia no era "nadie". Esa mujer, salida de un lugar de no se sabe dónde, era la esposa y sí tenía derechos.—¡Oye, Gianna, ¿dónde estabas

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Pruebas de Laboratorio

    Capítulo 92 Amara puso los ojos en blanco; si algo no caracterizaba a Lisa, era su modestia.El timbre del teléfono de su amiga sonó escandalosamente. Siempre era así; sus tonos eran música estruendosa.—Mateo, estamos en una habitación de la clínica descansando —le explicó Lisa con cariño, indicándole dónde encontrarlas antes de colgar.—Mateo nos trae comida, y menos mal que lo hizo, porque las tripas me suenan.—Lisa, no deberíamos comprar comida en la cafetería; Mateo no puede estar de aquí para allá, a su edad...—Tienes razón, pero él no lo aceptará, y no lo humillaremos diciéndole que no puede hacerlo, Amara. Es su manera de sentirse útil y ayudar. Recuerda que él antes trabajó con el abuelo; a ellos los une una gran amistad. Debe estar muy preocupado; si no fuera porque el abuelo lo mandó a cuidar a Nicolás, él aún estaría allí en la casona.Amara se culpó por no pensar en eso.—Tienes razón. No lo pensé.Un toque suave en la puerta anunció la llegada de Mateo. La puerta se a

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   La decepción del abuelo

    Capítulo 91Amara despertó en la habitación de la clínica. Observó que le habían puesto una vía en su mano y suero.—¿Qué pasó, Lisa?Las dos mujeres se miraron.—Perdiste el sentido, prácticamente te desvaneciste en mis brazos. ¿Te has sentido así antes?—No debe ser nada. Algún virus. Ya me siento mejor.—¿Estás segura de que es un virus y no otra cosa?—Bueno, no creo que me esté muriendo de una enfermedad horrible. En serio, Lisa, deberías dejar de leer esos sitios de Internet sobre temas de salud.—Quiero decir... ¿Seguro que no estás embarazada?—¡Oye! ¿Qué locura dices? ¡Embarazada! ¿Estás loca? —exclamó Amara, sorprendida por completo—. No, Lisa, no estoy embarazada., definitivamente no.—Podría ser. Aunque Nicolás es mi hermano, reconozco que es irresistible, guapísimo, super sensual, todo un hombre en lo que importa... Dime, ¿has tenido contacto con él, ya sabes... íntimo? Y como sé por tu expresión que ha ocurrido, ¿te has cuidado como debe ser?—¿No crees que no deberíamos

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Dejaste de ser mi padre

    Capítulo 90Mientras tanto, en la oficina, Nicolás seguía tratando de resolver el problema suscitado con la fuga de información.Gianna seguía a su lado; no lo había dejado ni un solo momento.—Gianna, no tienes que seguir aquí. Ve a tu casa.—¿Cómo puedo dejarte en esta dificultad, Nicolás? Es mi deber estar a tu lado.—No es necesario, ya tengo a Ronaldo.—Pero él... yo estoy más cerca de ti.—No, Gianna. Debes irte a casa.Gianna se acercó más a él.—Nicolás, no puedo dejarte, no en estos momentos de dificultad. Por favor, confía en mí y en mis habilidades; puedo ayudarte.—Es tarde, Gianna. Descansa, no estaré mucho tiempo aquí; tengo que ir a ver a mi abuelo.—Pues entre los dos será más rápido.La insistencia de la mujer era exasperante. Nicolás necesitaba estar a solas para pensar mejor el curso de acción; nunca la había visto tan impertinente.—Déjame a solas con Ronaldo, por favor.—Pero ¿qué hay que hablar que yo no pueda escuchar?—Vete a casa, Gianna. No puedo pensar con tu

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   El mayor temor de Amara

    Capítulo 89Amara la miró con agradecimiento. Esta era su amiga: si estaba equivocada, se lo diría; si consideraba que había acertado, también lo haría, pero nunca cortaría sus alas ni le diría las cosas solo por hacerle daño.Amara se interrumpió de repente:—¿Sabes algo del señor Kristakos?—Fui y pregunté; está estable. El abuelo es fuerte, Amara... Sé que saldrá adelante; aún quiere ver al bisnieto... eso lo mantiene vivo. Solo espero que estés trabajando en eso.Amara se puso roja de la vergüenza, sintiendo el calor subirle violentamente por el cuello hasta las mejillas.—Es complicado.—No tiene nada de complicado. Desde lejos se ve que ustedes tienen mucha química. Relájate, Amara.Amara desvió la mirada hacia el gran ventanal del hospital, contemplando cómo el cielo gris presagiaba una tormenta inminente. Sintió, con un peso casi sofocante sobre el pecho, la densidad de los apellidos que los rodeaban: Kristakos, Zaid. Dos familias marcadas por la frialdad, el poder y las cicat

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