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Capítulo 7

مؤلف: Salsa Picante
Valeria levantó una mano para protegerse de los flashes.

Lo primero que pensó fue en Sebastián.

Si había sido él, todo encajaba.

Con los recursos que tenía Sebastián, averiguar dónde estaba no debía de ser difícil.

—Ya lo dije. Mi padre no mató a esas personas.

Ante las preguntas cada vez más agresivas de los periodistas, Valeria repitió lo mismo que llevaba años explicando.

—Ese día, mi padre intentó ayudar a otras personas. Todo ocurrió cuando iba a comprarme un pastel de cumpleaños. En el momento de la tragedia estaba hablando conmigo por teléfono. Yo lo escuché todo. Mi padre también fue una víctima.

Como tantas otras veces, nadie le creyó.

A esas alturas, casi se había acostumbrado.

—¿De qué sirve decirlo si no tiene una grabación que lo demuestre? Puede inventar cualquier versión. Ni siquiera la policía consideró válido su testimonio. Solo está intentando limpiar el nombre de su padre.

—Lo voy a repetir una vez más. Ese día llamé a mi padre desde el teléfono fijo de nuestra casa. Ese teléfono no podía grabar llamadas.

Valeria hizo una breve pausa y miró de frente a las cámaras.

—Pero no se preocupen. Algún día voy a encontrar las pruebas necesarias para demostrar que mi padre era inocente. Y cuando llegue ese día, quienes lo incriminaron van a pagar por lo que hicieron. También voy a exigir justicia para todas las víctimas.

Valeria habló con calma frente a las cámaras.

Al segundo siguiente, una voz amplificada por un megáfono se alzó entre la multitud.

—Señorita Reyes, si insiste en que su padre era inocente, ¿cómo explica entonces que su exprometido, Sebastián Fuentes, la dejara y terminara eligiendo a Camila Soto, con quien ahora está comprometido?

—Si incluso la persona que mejor la conocía y que más confiaba en usted terminó poniéndose en su contra, ¿no es esa la prueba más contundente de que esa supuesta verdad que dice haber escuchado no es más que una mentira para exculpar a su padre?

Valeria miró a la periodista y, de pronto, hizo una pregunta que nadie esperaba.

—¿Alguna vez la ha mordido un perro?

—¿Qué?

La periodista se quedó desconcertada.

—Si un perro al que usted alimentó y cuidó durante años un día contrae rabia y lo muerde, ¿eso significa que usted hizo algo malo? ¿Demuestra que lo maltrataba? —respondió Valeria con toda calma.

La periodista por fin entendió.

Valeria no solo se estaba burlando de ella.

También acababa de comparar a Sebastián con un perro rabioso.

La mujer se quedó en silencio durante unos segundos.

En ese momento, Valeria pareció percibir una mirada sobre ella y volvió los ojos hacia un punto más allá de la multitud.

Junto a la acera había un Maybach negro estacionado.

La ventanilla trasera estaba a medio bajar.

Sebastián permanecía sentado dentro, observándola con frialdad.

Ese día llevaba una camisa gris claro y una corbata con detalles dorados. El conjunto resaltaba la palidez de su piel y hacía que sus facciones parecieran aún más severas.

Camila estaba recostada dócilmente sobre su hombro, con los ojos ligeramente entornados y ese aire de quien está acostumbrada a que la consientan.

Uno de los periodistas reconoció a Sebastián.

Las cámaras se volvieron de inmediato hacia el auto y los periodistas se abalanzaron en esa dirección.

—Señor Fuentes, ¿qué responde a lo que acaba de decir la señorita Reyes?

—Señor Fuentes, cuando decidió dejar a la señorita Reyes, con quien creció desde niño, y elegir a la señorita Soto, ¿fue porque estaba convencido de que el padre de Valeria era el asesino?

—¿Vino hoy para defender a la señorita Soto?

La ventanilla terminó de bajar.

Sebastián miró por encima de las cámaras hasta encontrarse con los ojos de Valeria a la distancia.

Por un instante, todo pareció ralentizarse.

Pasó un largo rato antes de que finalmente hablara, con una voz carente de emoción.

—La ley ya dio en su momento el veredicto más justo.

Hizo una breve pausa.

—En cuanto a Valeria… Puedo entender lo que siente por su padre. Pero seguir aferrándose a una mentira que ella misma inventó solo termina lastimando otra vez a las víctimas.

En otras palabras, Sebastián estaba diciendo que Valeria mentía.

Los periodistas reaccionaron de inmediato y acercaron sus micrófonos.

—¿Quiere decir que la señorita Reyes ha mentido todos estos años?

—Usted estuvo directamente involucrado y, además, fue su prometido. Si incluso usted dice eso…

Valeria se quedó al margen de la multitud. Por un instante, sintió que el corazón se le detenía.

Con tal de defender a Camila, Sebastián era capaz de mentir descaradamente frente a todo el mundo.

Valeria ya ni siquiera tenía fuerzas para discutir con él.

En ese momento, Marcos apareció detrás de ella con el celular en la mano, todavía en llamada.

—Señora, es el señor Salazar —dijo, bajando un poco la voz—. Parece que ya se enteró de lo que está pasando y está muy enojado. Adelantó su regreso y ya reservó un vuelo. Quiere hablar con usted.

El corazón de Valeria dio un vuelco. Se apartó de las cámaras y tomó el celular.

—¿Adrián?

Como siempre, Adrián fue directo al punto.

—Regreso esta noche.

—¿Esta noche? —preguntó Valeria, sorprendida—. ¿No dijiste que todavía tenías varios proyectos importantes en el extranjero?

Al otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio.

Después se oyó una respiración apenas perceptible.

—Valeria, no hay ningún proyecto tan importante como para dejar que humillen a mi esposa y quedarme de brazos cruzados.

A Valeria se le saltó un latido. No supo qué responder.

En ese momento, alguien llamó a Adrián para que asistiera a una reunión.

Él le dijo un par de cosas más y terminó la llamada rápidamente.

Valeria se quedó mirando la pantalla apagada durante unos segundos, sin reaccionar.

A unos metros de allí, los periodistas seguían acosando a Sebastián con preguntas.

Camila intervino con tono suplicante:

—Por favor, no sigan presionando a Sebas. Siempre ha sido una persona muy sentimental. Hay cosas que, incluso ahora, no se decide a decir directamente.

Miró en dirección a Valeria antes de añadir:

—Si tienen preguntas, deberían hacérselas directamente a ella. Después de todo, es la persona involucrada.

Los periodistas volvieron la mirada hacia Valeria.

Cuando Camila vio que se disponía a marcharse, fingió sorpresa.

—Ay, ¿Valeria ya se va? Entonces será mejor que se den prisa si quieren entrevistarla.

Los periodistas reaccionaron y corrieron otra vez hacia Valeria.

Al ver que se abalanzaban sobre ella, Marcos se colocó de inmediato delante para protegerla.

Esta vez, las preguntas se volvieron todavía más agresivas.

Casi terminaron arrinconándola.

—Señorita Reyes, ¿las palabras del señor Fuentes no demuestran que usted ha estado mintiendo todo este tiempo?

—¿Intentó irse a escondidas para evitar responder nuestras preguntas? ¿No siente ninguna culpa hacia las familias de las víctimas de aquella tragedia?

—Como hija de un asesino, ¿también heredó de su padre esa frialdad? ¿Piensa indemnizar a las familias de las víctimas?

La multitud seguía empujando, intentando abrirse paso pese a que Marcos la protegía.

En medio del caos, los empujones hicieron caer uno de los trípodes. La estructura metálica, con la pesada cámara montada encima, se desplomó directamente hacia la cabeza de Valeria.

—¡Cuidado!

Marcos reaccionó al instante.

La abrazó y giró sobre sí mismo, recibiendo el golpe de espaldas.

La cámara chocó contra él con un ruido seco antes de caer al suelo.

Marcos dejó escapar un gemido de dolor. El golpe había sido fuerte.

—¡Marcos!

La expresión de Valeria cambió de inmediato. Lo miró preocupada.

—¿Estás bien?

Desde el otro lado de la multitud, Sebastián vio claramente la preocupación en el rostro de Valeria.

Frunció apenas el ceño. Abrió la puerta del auto y bajó.

Camila lo siguió enseguida.

En ese mismo momento, entre el caos de los periodistas, un hombre de mediana edad con los ojos enrojecidos se lanzó hacia Valeria.

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