تسجيل الدخولEl pastel era de frutos rojos, con todo tipo de moras; se veía delicioso.Pero Olivia no probó ni un bocado. Tenía miedo de que, si lo hacía, el celoso que tenía al lado la obligara a comer pastel hecho por él durante todo el mes.Así que, en cuanto todos terminaron de cantarle las mañanitas al doctor Salas, ella tomó a Julián de la mano y se fueron.Lo que no esperaba era que Adrián y Anna siguieran por ahí. Estaban comprando en una pizzería famosa en redes que siempre tenía fila, justo al lado del Centro Herbal. Ya tenían la suya y, en cuanto Olivia salió, alcanzó a ver cómo Adrián le daba un trozo a Anna directamente en la boca.Ella le dio un mordisco y sonrió encantada.El sol se ponía y el raro resplandor dorado de aquella ciudad les bañaba la piel, iluminaba la sonrisa de Anna; quien no supiera lo que Adrián había vivido habría creído que eran felices de verdad.Ese día Julián había estacionado el auto bastante lejos; para llegar, tenían que pasar forzosamente frente a la pizzer
Era Adrián.El dueño de La Casita de Galletas, el novio de la chica rubia, el hombre maduro que las enfermeras no paraban de halagar por guapo... era Adrián.Él también la vio. Le hizo un gesto con la cabeza, con expresión distante y mirada tranquila, como quien mira a alguien que apenas conoce.Olivia sintió un apretón repentino en la cintura: era Julián, que se acercó, la rodeó con el brazo y le dirigió a Adrián una mirada hostil. Estaba marcando territorio.Lo entendió perfectamente, pero mantuvo la misma expresión apacible y una tenue sonrisa.—Normalmente es Anna quien trae los postres, pero este pastel de tres pisos era demasiado para ella sola.Como si estuviera explicando por qué estaba ahí.La enfermera que le insistía a Olivia con lo guapo que era Adrián se sorprendió. Miró a Olivia, luego a Adrián.—¿Se conocen?Olivia miró la expresión tranquila de Adrián y, justo cuando iba a responder, él se adelantó con una sonrisa amable.—Los dos somos de Altabrisa. Coincidimos alguna
—Tu novio es increíble —elogió Olivia—. ¿Todo lo que venden aquí lo hacen ustedes?Era un gran detalle que hubiera decorado toda la tienda como un cuento de hadas solo por darle el gusto a su novia.—Sí, él prepara casi todo. Yo no sé mucho de repostería, solo me encargo de vender. —La chica sonrió con dulzura.—¡Qué talento! —Olivia estaba asombrada—. ¡Pero si varios de estos postres son del extranjero! ¿Tu novio sabe de repostería internacional?La chica asintió con una sonrisa.—Sí, él es de fuera.—¡En serio! Qué bien —respondió Olivia. Fue un comentario al vuelo, pero con esa calidez inmediata que surge al descubrir que no eres la única persona lejos de casa.Compró una bolsa enorme de su repostería. Julián la cargó, se despidieron de la chica de La Casita de Galletas y se fueron.En cuanto se marcharon, alguien salió del área de preparación de la trastienda. Se quedó mirando la puerta que aún se mecía y las campanillas que tintineaban, y por un largo rato no dijo nada.***Ya en
Pero por más que miró a su alrededor varias veces, no encontró a nadie más.Quizá estaba imaginando cosas.***Era un fin de semana. Fue al Centro Herbal San Rafael a su sesión de rehabilitación, como de costumbre. Entre idas y venidas, sin que se diera cuenta, la rehabilitación ya llevaba casi un año, y los resultados eran buenos. Como no había pérdida ósea, el tratamiento estaba funcionando. Aunque aún no recuperaba el nivel de su época dorada como bailarina, su cojera era casi imperceptible al caminar y podía bailar, siempre que evitara los movimientos más complejos.Julián la acompañó, como siempre. En la clínica ya todos eran viejos conocidos: el primer equipo médico que Santiago contrató con un sueldo generoso. Les había prometido que si no se adaptaban podían rescindir el contrato en cualquier momento, bastaba con avisar. Pero resultó que todos se sentían a gusto y pensaban renovar.Al entrar, vio que sobre la mesa de la sala de espera había postres. Últimamente, la clínica siem
El tiempo pasó volando.Poco después de Año Nuevo, Julián recibió la carta de aceptación de la universidad: iba a seguir los pasos de Olivia y cursar la maestría. Lo dramático era que duraba un año y Olivia se graduaba ese semestre.Julián estaba inquieto.Por la noche preparó una cena especial, y en varias ocasiones estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo. Olivia lo notó enseguida. Se suponía que recibir la carta de aceptación era motivo de alegría; habían ido a celebrar con él, pero estaba tan nervioso que montó toda una escena formal e incluso mandó a su hermana fuera de casa, dándole dinero para que fuera a cenar con sus amigos.Olivia se sentó, apoyó la cara en ambas manos y le sonrió.—Julián, es un día para celebrar y estás con esa cara de funeral. ¿Estás enojado porque no te di un obsequio?Él se avergonzó con el comentario.—No, para nada.Olivia echó un vistazo a la mesa. Lo único que ella había preparado eran las galletas de mantequilla; bueno, más bien lo único en lo
—¿Cómo que desapareció? ¿Se fue por su cuenta o le pasó algo?—Se fue por su cuenta —dijo Nico con la voz quebrada—. Hoy le mandé un mensaje y me tiene bloqueado. Lo llamé y cambió de número. No hay forma de contactarlo.Celeste también lo encontró extraño.—¿Se fue del país?Nico negó.—No sé, pero no importa adónde vaya, no tiene nada. ¿Cómo va a sobrevivir?—¿No dijiste que fue a ver a su padre biológico? Su padre falleció, tal vez le dejó algo. Si no, ¿por qué rechazaría el dinero de la empresa?Nico se entristeció aún más.—Donó todo lo que le dejó su padre, hasta el último centavo. De la liquidación de la empresa no aceptó nada. Lo que había ganado antes se lo dio todo a Olivia en el divorcio. Se quedó sin nada, y me da miedo que haga alguna tontería. La última vez que habló conmigo, se escuchaba como si se estuviera despidiendo para siempre.—¿Qué te dijo?Nico se limpió los ojos.—Me dijo: “Nico, de ahora en adelante vive bien. Si necesitas decidir algo, consúltalo primero con







