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ผู้เขียน: Ellara Salwa
last update วันที่เผยแพร่: 2026-10-16 20:21:52

—¡Señora Daniela, por favor, concédanos cinco minutos para hablar!

Luis se apresuró a interceptar a Daniela en el pasillo ejecutivo de Fénix Dorado. Todavía respiraba con dificultad por haber caminado tan rápido, mientras los tres inversionistas veteranos de De la Vega Enterprises que lo acompañaban intentaban mantener la compostura, aunque la inquietud en sus ojos los delataba.

Daniela se detuvo. No parecía sorprendida por su llegada, ni siquiera intentó disimular su desagrado.

Antonio, que ca
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    —¡No se te ocurra ir al puerto esta noche, Mateo!La voz resonó de nuevo en la mente de Mateo, tan nítida como cuando la había escuchado por primera vez décadas atrás. Permaneció inmóvil en medio de la sala, con la cabeza inclinada y los ojos fijos en el suelo, mientras cerraba lentamente los puños. La advertencia de Elena aquella noche le había salvado la vida, pero todavía ignoraba todos los motivos detrás del pánico de la mujer en quien siempre había confiado.—Las últimas palabras de la señora Elena por teléfono siguen resonando en mi cabeza hasta el día de hoy —dijo Mateo con voz ronca. Se pasó una mano por el rostro antes de continuar, intentando contener las emociones que volvían a agitar sus recuerdos—. Su tono era distinto al de siempre. Parecía aterrada, como si supiera que algo terrible estaba a punto de suceder.Daniela se acercó a él. Le apoyó los dedos en el brazo y fijó la mirada en aquel hombre que había sido uno de los confidentes de su madre.—Cuéntamelo todo, tío Ma

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    —¡Nuestra empresa jamás ha financiado deliberadamente a ese grupo de saboteadores!Don Fernando gritó en la sala de reuniones de emergencia de la sede de Ginebra. Tenía el rostro enrojecido, aunque aún no había recuperado por completo el color después de ver en la pantalla principal los registros de transacciones de la familia De la Vega.Intentaba sostener su defensa a pesar de que las cifras desplegadas ante él mostraban transferencias desde las empresas familiares hacia varios intermediarios extranjeros vinculados con la investigación del golpe de Estado.Antonio permanecía de pie junto a la mesa, con un brazo alrededor de la cintura de Daniela. Dejó que Don Fernando descargara su ira sin apartar la atención del informe de auditoría que estaban examinando. Los gritos del anciano no cambiarían ni uno solo de los registros de las transacciones.Daniela dio un paso al frente. Clavó la mirada en su abuelo, sin la menor vacilación, a diferencia de lo que solía ocurrir cuando se enfrenta

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    —¡Debemos revocarle todos los accesos de seguridad y arrestarlo esta misma noche, señor!El jefe del equipo de seguridad insistió ante Antonio en la sala de control principal. En el monitor seguía apareciendo el perfil del alto funcionario cuyo nombre figuraba en el documento relacionado con el golpe de Estado, junto con su historial de accesos y su cargo dentro de Fénix Dorado.Antonio no respondió de inmediato. Permaneció frente a la pantalla, examinando los datos recién descubiertos sin dejar traslucir su inquietud. Con una mano rodeó la cintura de Daniela y la atrajo hacia su costado.—No voy a firmar esa orden de destitución ahora —respondió con calma.El jefe de seguridad pareció dispuesto a objetar, pero la mirada de Antonio lo hizo contenerse.—Que el nombre de alguien aparezca en un documento sospechoso no significa que hayamos demostrado su participación —continuó Antonio—. No voy a castigar a nadie solo porque exista presión para encontrar al culpable cuanto antes.Daniela

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    —¡El compartimento de almacenamiento del sector cuatro está abierto y la copia física del último archivo ya no está en su lugar!El jefe de seguridad informó a Antonio y Daniela con la respiración agitada. En la pantalla del monitor de la sala de control central, las grabaciones de las cámaras mostraban una caja fuerte de metal completamente vacía. El documento confidencial que debería haber estado allí había desaparecido sin dejar rastro.Antonio se acercó a la pantalla y revisó el registro electrónico del sistema, que indicaba que la puerta de la bóveda había sido abierta utilizando las credenciales oficiales de uno de los administradores veteranos del consejo.Apretó la mandíbula y cerró los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos, conteniendo la ira que comenzaba a apoderarse de él.—Revisen todos los registros de acceso digital que aún estén disponibles. Quiero saber quién entró al sistema antes y después de la desaparición del archivo —ordenó con firmeza—. Aseguren t

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